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La vida después de perder los órganos sexuales

Por Phrònesis
Vida sexual luego de la perdida de genitales

Este es, sin lugar a dudas, un tema poco común. Muchas preguntas surgen tan solo con sugerirlo. Incluso, resulta inevitable pensar en la palabra tabú cuando se trata la sexualidad en quienes han sufrido algún tipo de pérdida o lesión física en su cuerpo.

Sin embargo, hablar de las implicaciones directas en la vida de quienes han atravesado una situación de esta índole podría resultar de gran ayuda para su adecuado tratamiento. Ya sea de manera directa o indirecta, la ausencia de órganos genitales por causas involuntarias plantea una serie de incógnitas difíciles de sugerir sin esbozar rubores.

En los renglones que siguen, intentaremos tratar una compleja problemática desde su lado más humano. Utilizando alusiones que se enfoquen en comprender y ayudar a los involucrados.

Existen innumerables motivos por los cuales una persona puede sufrir la pérdida de alguno de sus miembros, como accidentes o efectos derivados de ciertas enfermedades. Sin embargo, el enfoque principal de este artículo apunta su mirada hacia los soldados.

No se trata de restarle importancia a aquellos casos que involucran las enfermedades anteriormente citadas, ni mucho menos. De hecho, ya hemos hablado de sus causas y consecuencias en varias ocasiones. La razón por la que decidimos enfocarnos en los soldados encierra toda una serie de recios componentes psicológicos y físicos que atañen al afectado y a todo su círculo social-familiar.

Entremos en contexto

Para muchos, este tema representa algo tan nuevo como impactante. Aunque hay un sector de la humanidad que conoce de primera mano las experiencias derivadas de este asunto, el carácter sorprendente no deja de emerger. Dentro de los temas inherentes, están los efectos en la autoestima, el manejo de la depresión y el tratamiento de los traumas físicos y psicológicos.

Generalmente quienes sufren accidentes en combate, principalmente en la parte inferior del cuerpo, reciben traumas graves en sus órganos sexuales. Debido a la naturaleza poco convencional de las armas que causan estas heridas, los urólogos reconstructivos enfrentan verdaderos retos a la hora de tratarlas.

Una mina antipersonas, como se le conoce en gran parte de América latina, puede estar mezclada con diversos componentes. Desde metralla, materia fecal, veneno, detergente y puntillas hasta toda una suerte de elementos imaginables por la “creatividad maléfica” de quienes las fabrican.

Aunque las estadísticas carecen de mayor precisión, las cifras proporcionadas por entidades hospitalarias de Colombia (uno de los países más golpeados por este flagelo) alcanzan los 15.000 nombres. Entre ellos, oficiales de la Armada, policías y soldados.

¿Qué dicen quienes tratan diariamente con el tema?

El urólogo reconstructivo del Hospital Militar César Cruz, describió uno de los casos que forman parte de su trabajo en una entrevista para la BBC Mundo:

“Cerca del 20% de los traumatizados tienen algún grado de afectación del aparato urinario o del aparato genital. Gracias a los avances médicos, hemos logrado curar las heridas físicas en más de un 90% de los casos. Sin embargo, no todas las heridas psicológicas alcanzan una completa sanación”. Las palabras de Cruz, solo expresan una pequeña muestra de su experiencia en el sector, superior a 15 años.

¿Y qué tal se ve en primera persona?

La historia del soldado Mena refleja el recorrido de muchos soldados heridos en el cumplimiento de su trabajo. Luego de su encuentro de frente con una mina antipersonas, recibió la oportuna ayuda de sus compañeros de equipo. Gracias a ellos, pudo llegar rápidamente a recibir atención médica en el Batallón de San Vicente del Caguán: el más cercano a su ubicación. Por fortuna, la rápida acción de sus compañeros permitió estabilizar su condición e intervenir sus heridas para salvarle la vida.

El tratamiento en estos casos debe ser inmediato. Por lo cual, su traslado se realizó en tan solo 24 horas a Bogotá, donde los procesos psicológico y físico no se hicieron esperar. Así comenzó su rehabilitación, del mismo modo que lo hacen la gran mayoría de las víctimas de este tipo de lesiones. Hasta hoy, han transcurrido dos años en los que Mena ha evolucionado significativamente. Este es un proceso que involucra largos períodos de tiempo y, por supuesto, mucha voluntad.

Un mes después de su ingreso al Hospital Militar, lo remitieron a una entidad de sanidad en una zona aledaña llamada El Basán. Este lugar, con una capacidad de acoger hasta 600 soldados, lleva más de 30 años siendo sede de recuperación y rehabilitación morfológica y funcional. Una de sus especialidades: las lesiones genitales.

El doctor Cruz, quien trató el caso de Mena, ve muy cercana la completa recuperación del soldado. Hoy, está a solo un tratamiento quirúrgico de recuperar su funcionalidad genital. Incluso, puede pensar en construir una familia junto a su novia.

Tabú vs. trauma

Los genitales son la representación por excelencia de la virilidad masculina, su pérdida total o parcial puede llegar a ser la peor pesadilla de un hombre. No se trata de machismo o poder de género, sino de un cambio total en la perspectiva de sexualidad. En la lista de numerosos traumas emergentes, los daños en la confianza y el amor propio ocupan el primer lugar.

Sin duda, esta es una de las más duras pruebas a las que se pudiera enfrentar un ser humano. Con las heridas y pérdidas físicas, se van también muchas convicciones sobre cómo establecer relaciones afectivas interpersonales. Las nociones de familia y paternidad se replantean drásticamente.

Este tipo de marcas en la psiquis están fuera del alcance de cualquier bisturí. Se necesita de una gran voluntad y fortaleza emocional para superar semejante situación. Este es, sin duda, uno de los mayores retos para la voluntad. Cualquier autoestima sucumbe ante un trauma de semejantes magnitudes. Pese a esto, las soluciones también se dan a conocer.

No solo la fuerza interior del directo implicado debe ser protagonista. Las personas más cercanas a él necesitan mostrar su lado más fuerte. La familia debe servir de apoyo en el arduo camino por debilitar todo tipo de inseguridad, temor y debilidad derivada de la ausencia genital.

Dime con quién andas y te diré cuán rápido sanarás

Es en estos difíciles momentos cuando la familia, amigos y seres queridos interpretan roles fundamentales en la recuperación de la autoestima. De ser posible, todas las partes involucradas deberían recibir apoyo profesional y calificado. Esto resulta de gran ayuda al momento de aprender a manejar los impactos psicológicos de la situación.

El apoyo afectivo y emocional es fundamental para lograr resultados reales. Por tal motivo, se requiere solidificar las bases en las que se soportan estos dos aspectos. No es nada fácil ver cómo un ser querido atraviesa tal situación (extrema por donde se observe).

Las miradas suelen fijarse directamente sobre la víctima, lo que parecería apenas obvio. Sin embargo, tanto familiares y amigos necesitan el mismo nivel de atención. Esta es la clave para enfrentar con éxito la complejidad de las circunstancias.

Padrinos

La ayuda, de cualquier índole, nunca estará de más. Es posible que la paciencia y dedicación de las personas cercanas no alcancen los altos niveles de empatía que se requieren. Entonces se hace necesaria la participación de dos actores que, difícilmente, estarían mejor preparados para brindar apoyo emocional y físico.

Existen, en primera instancia, los padrinos, quienes ya han alcanzado su rehabilitación física, emocional y psicológica. Ellos personifican mejor que nadie el concepto de superación. Ellos conocen de primera mano las implicaciones mentales y corporales involucradas desde los inicios del accidente. Los padrinos son ideales para indicar cuál es el proceso más efectivo de rehabilitación. En pocas palabras, tienen la suficiente autoridad para decir: “Sí es posible”.

Por esta razón, la compañía de un padrino se convierte en una manera de “romper el hielo” frente a las restricciones o barreras que pudiera presentar alguien que recién se enfrenta a una lesión en sus extremidades y órganos sexuales. Ellos representan la viabilidad de la rehabilitación. Es increíble cómo ubican la situación en la realidad y encaminan el proceso etapa por etapa.

Pocas palabras captan mayor atención que las de un padrino. Pese al amor de la familia y los amigos, el afectado escucha más las palabras de su par. En la mayoría de los casos, la empatía le gana a la cercanía (en la fase inicial, claro está). “Si él quedó así y pudo superarlo, yo también voy a poder”: es una frase frecuentemente escuchada en los soldados al referirse a sus padrinos.

Las terapeutas que nadie se imaginó

Los segundos actores, o mejor, actrices fundamentales son las trabajadoras sexuales. Como decíamos anteriormente, el concepto de sexualidad se redefine luego de una grave lesión genital. Esto va más allá de los intentos por recuperar la típica imagen del “soldado macho apetecido por las mujeres”. Lo que entra en juego es la capacidad de sentirse autónomo para enfrentar la vida en pareja (y en sociedad). En esto es claro que se involucran por igual las dimensiones física y emocional.

El contacto físico con una mujer, aparentemente perdido para estos soldados, vuelve a contemplarse. Lejos de todo prejuicio, el beneficio emocional que proporciona la compañía femenina en ellos es altamente terapéutico. Puede que sea poco científico, pero muestra enormes mejorías en los soldados que los doctores no pueden ignorar.

Conseguir una vida saludable en pareja tiene que ver, entre cientos de factores, con la sexualidad: eso no es ningún secreto. De esta manera, dos tabúes consiguen interactuar para dignificarse y soportarse entre ellos: la amputación genital y el trabajo sexual.

En esos lugares estas mujeres saben cómo estimularlos, qué sitios deben acariciar, deben tocar o deben estimular para que él se satisfaga desde la parte sexual”. Así lo explica puntualmente Diana Fajardo, Neuropsicóloga del recién formado equipo del Centro de Rehabilitación Inclusiva, con el ánimo de mostrar una postura que impacta positivamente a quienes atraviesan por estas situaciones.

Ante la unión de dos temas con altos niveles de censura, es apenas normal esperar reacciones y puntos de vista enfrentados. Por supuesto, la intensión no es emitir juicios a favor o en contra de nadie. ¿Será posible que la solución sea más escandalosa que el problema? Cada quien es libre de juzgarlo. En este escenario, valdría la pena reflexionar si aplica aquella frase: “En la guerra y en el amor, todo se vale”.

Algunas deducciones

Lo importante aquí es entender, desde una perspectiva diferente, un tema que pocos se atreven a tratar. Incluso, es posible que algunos lo contemplen hasta hoy. Ciertamente, los niveles de dificultad, intensidad o importancia de los problemas que implican salud, autoestima o superación, son particularmente subjetivos y atañen a cada afectado. Sin embargo, es necesario admitir que en ocasiones nos ahogamos en vasos de agua.

No se trata de hacer una escala de gravedad o importancia para los problemas humanos (no acabaríamos nunca). Tampoco queremos aliviar los problemas de unos mostrando los de otros. Aunque es común en el ser humano utilizar la exageración para dramatizar una situación particular que representa daños directos sobre la autoestima o la salud psicológica y física. Reflexionar acerca de la situación extrema de ciertas personas podría animarnos a encontrar soluciones rápidas a nuestros problemas emocionales. En otras palabras, y repetimos, dejar de ahogarnos en vasos de agua.

No es extraño pensar que los conflictos a los que nos enfrentamos diariamente son “los más difíciles” o “insolucionables”. Tal vez, nos enredamos demasiado atándonos las agujetas. Es importante pensar en la dimensión real de nuestras adversidades antes de emitir juicios excesivos que alejen las soluciones en vez de acercarlas.

Es importante sentarnos en la realidad, entender cómo nos afecta una situación en el desarrollo de nuestras vidas, qué tan fuerte es y comenzar de inmediato a crear una solución proporcional y acorde a nuestros problemas. Ignorar la realidad es igual que vivir un cuento de hadas: duele saber que el amor eterno no existe, que los sapos no se convierten en príncipes con un beso y que vivir en un castillo implica demasiado espacio innecesario.

Sinceramente, ¿cómo reaccionas cuando te encuentras con alguna persona a la que le falta alguna parte de su cuerpo?

Referencia:

BBC Mundo

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