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Trastornos alimentarios en tiempos de confinamiento

Por Dra. Iris Luna
Mujer come en confinamiento

“No hay que temer nada en la vida, solo hay que entenderlo. Ahora es el momento de entender más, para que podamos temer menos” Marie Curie.

La cuarentena es la separación y restricción del movimiento de personas que potencialmente han estado expuestas a una enfermedad contagiosa para determinar si se sienten mal y reducir el riesgo de que infecten a otros. Diferente al aislamiento, que consiste en la separación de las personas que han sido diagnosticadas con una enfermedad contagiosa de las personas que no están enfermas. Sin embargo, los dos términos a menudo se usan indistintamente.

Los eventos traumáticos impactan  nuestra salud mental en mayor o menor medida. En este caso particular, de pandemia por COVID-19,  podemos experimentar temor ante situaciones como:

  • Ser contagiados o contagiar a nuestros seres queridos
  • Desarrollar un caso serio de enfermedad, ser hospitalizado y aislado de la familia.
  • Morir solos y ahogados
  • Terminar el aislamiento con problemas económicos importantes (quiebra de empresas, pérdida de trabajo o precariedad).
  • Que empeoren los problemas preexistentes dentro de las familias (riñas, violencia intrafamiliar, incremento del consumo de alcohol y sustancias psicoactivas, recrudecimiento o emergencia de trastornos mentales y del comportamiento de diverso tipo).
  • Vernos sometidos a un estrés crónico (carga y sobrecarga alostática) con sus notables consecuencias para la salud física y mental. Los factores estresantes pueden incluir una ampliación de la cuarentena, frustración, aburrimiento, temor a suministros inadecuados, información basura (bulos, fakenews, infodemia) y estigma.

Todo lo anterior nos crea una gran incertidumbre, que sumado al estrés,  se  convierten en disparadores de todo tipo de reacciones fisiológicas y emocionales. 

El aislamiento trae consigo ansiedad, tristeza, ira y soledad. El distanciamiento social, y la llamada “cuarentena” (que en muchas localidades dura más de cuarenta dias), están en contra de nuestra naturaleza humana.

Al pensar en los trastornos alimentarios es muy importante estar atentos a un probable incremento de los llamados efectos emocionales negativos del confinamiento en quienes han presentado o  presentan anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracones u otro trastorno alimentario o de la ingestión de alimentos especificado o no especificado (DSM-5);  ya que se encuentran aislados tanto emocional como fisicamente.

Los trastornos alimentarios  son mucho más difíciles de controlar si no se tiene un adecuado manejo del estrés dentro del hogar, existe un mal ambiente familiar o hay desinformación, y no se cuenta con un apoyo adecuado y seguimiento de un profesional.

En la esfera de la salud mental existen problemas psicológicos y psiquiátricos que acompañan, con frecuencia, a los trastornos alimentarios. Estos problemas pueden afectar de manera decisiva el desarrollo psicosocial de los adolescentes y es de gran importancia su detección y tratamiento temprano.

Lee aquí ¿Cómo proteger a nuestros adolescentes de los trastornos de la conducta alimentaria?

Entre los problemas psicológicos hay que mencionar el aislamiento social y conflictos familiares, las dificultades para fortalecer el autoconcepto, autoestima, autonomía y la capacidad de intimidad.

Los rasgos de la personalidad tienen una gran relevancia en el inicio y en el mantenimiento de los trastornos alimentarios. En tiempos de confinamiento se podrían hacer más evidentes rasgos como obsesividad, rigidez mental, perfeccionismo, dependencia, meticulosidad o inhibición social.  

En otros casos más graves, se puede presentar una mayor impulsividad y perdida de control (intentos suicidas, conductas de autoagresión, abuso de sustancias, cleptomanía y ludopatía) e inestabilidad emocional, así como manifestaciones de baja autoestima y autoimagen. Es común encontrar pacientes con trastornos alimentarios y trastornos de personalidad limite, histriónica u obsesivo compulsiva.

Las comorbilidades psiquiátricas más relevantes son los trastornos afectivos (trastorno depresivo mayor, distimia, trastorno bipolar), trastonos de ansiedad (fobia social, trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada) y, con frecuencia, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno dismófico corporal y trastorno de déficit de atención e hiperactividad.

Las personas con trastornos alimentarios tienen una relación compleja con la comida. Antes de la situación de emergencia, esta pudo haber sido bien “camuflada”por la persona, pero con el confinamiento y las complicaciones derivadas del estrés e incertidumbre, dicha relación inapropiada con la comida se hace visible y puede generar complicaciones en su funcionamiento personal y familiar.

Hay similitudes entre brotes pasados ​​y la pandemia de COVID-19. Hay investigaciones que han mostrado una relación entre síntomas neuropsiquiátricos y la aparición de  brotes infecciosos. Tales brotes generaron una sensación cada vez mayor de suspicacia y miedo, así como sentimientos elevados de ansiedad y pánico, síntomas asociados al trastorno de estrés postraumático.

Las personas con anorexia nerviosa suelen tener comportamientos rígidos e inflexibles en torno a la comida con una gama reducida de alimentos que se permiten comer. Esto puede convertirse en un problema a la hora de conseguir los alimentos pues algunos productos específicos podrían no estar disponibles en los supermercados.

En algunos casos las familias no tienen claridad y buen críterio en relación a qué alimentos deben incluir en la compra porque solían comer fuera de casa, la cocina era manejada por empleadas domésticas, no había menús bien establecidos o no se sentaban a comer en familia. Esto puede dar como resultado menos opciones para alimentarse y un mayor riesgo de pérdida de peso.

Por otra parte, el acaparamiento y compra excesiva de productos ultraprocesados, comidas preparadas,  alcohol y bebidas azucaradas pueden facilitar la aparición de una alimentación emocional habitual (comer para aliviar el estrés o una emoción incómoda) y el abuso de bebidas alcoholicas. Hay que tener en cuenta que las personas con bulimia nerviosa y trastorno por atracón están ahora en casa todo el tiempo. Como no hay posibilidades de distanciarse de la comida, los episodios de atracones diurnos y nocturnos se harán más frecuentes. 

El consumo excesivo de alimentos de la familia en condiciones de confinamiento lleva a malnutrición e incremento de las tasas de sobrepeso y obesidad. También puede conducir a un mayor conflicto familiar, mayor excitación emocional, depresión y ansiedad. En casos graves puede aumentar la probabilidad de autolesión o incluso suicidio. 

La salud física tiene un gran impacto en cómo nos sentimos emocional y mentalmente. En momentos como estos puede ser fácil caer en patrones de comportamiento poco saludables que a su vez pueden disparar trastornos alimentarios y  hacer que nos sintamos peor.

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Iinsisto en la importancia de  hacer una adecuada compra de alimentos. Buscar en lo posible opciones saludables como verduras y frutas frescas, legumbres, frutos secos, semillas, cereales integrales, huevos, lacteos, carne magra (no embutidos) y pescado en menor proporción.

Es importante escoger lo que comemos con buen críterio, planificación y un menú diario bien balanceado. Si no sabemos hacerlo, podríamos consultar en linea a un dietista nutricionista que nos permita tomar las mejores decisiones. El nutricionista  Julio Basulto nos dice: “No lo compres que te lo comes” haciendo referencia a la comida ultraprocesada. También es importante que nos mantengamos bien hidratados, evitemos el consumo de alcohol  y de cigarrillo. Demos un buen ejemplo a nuestros hijos con nuestras conductas alimentarias.  

Es frecuente que las personas pregunten por medicamentos para dormir, calmar la ansiedad  o dejar de comer. La automedicación no es una buena opción en estos casos. Los psicofármacos y otros medicamentos tienen indicaciones específicas, contraindicaciones y efectos secundarios y, algunos de ellos podrían empeorar un trastorno alimentario. Si algún miembro de la familia, especialmente adolescente, pide a la farmacia  diureticos, laxantes, enemas o metformina sin que haya una clara indicación médica podría estar haciendo purgas (conductas que forman parte de muchos casos de anorexia y bulimia).

Si bien es cierto que es muy importante combatir el sedentarismo, debemos estar pendientes de la manera como se ejercita nuestra familia. Recordemos que hacer deporte de manera exagerada y varias veces al día  también puede formar parte de un cuadro de anorexia o de bulimia nerviosa.

La cuarentena no es el tiempo para iniciar “dietas” restrictivas, ni para hacer ayunos de ningún tipo. Esto se asocia a la aparición de trastornos alimentarios.

Por otra parte, “prohibir” alimentos incrementa el deseo de consumirlos y puede disparar un trastorno de atracones. Las personas con anorexia nerviosa (bajo peso) y las personas con trastorno de atracones (sobre peso u obesidad) presentan malnutrición. Si las mismas contraen el COVID-19 es probable que el efecto sea más profundo de lo que podría esperarse de otras personas de un grupo de edad similar.

Recalco que la sobreingesta compulsiva se asocia con frecuencia a la obesidad. Esta es una enfermedad crónica cuya principal característica es un exceso de tejido adiposo disfuncional. Es una patología meta inflamatoria pues las personas con marcado sobrepeso presentan un estado inflamatorio crónico. Se ha visto que quienes cumplen con los criterios clínicos de obesidad corren el riesgo de sufrir complicaciones graves por COVID-19 debido a que tienen muy alterado su sistema inmune.

Como consecuencia de los cambios de elimentación muchas personas pueden presentar sobrepeso. Tengamos cuidado de no estigmatizar a aquellas personas que lo presentan porque deben sentir estrés casusado por la situación mundial y un complejo de imagen.

Lee aquí mi artículo El estigma de peso y sus consecuencias: un problema normalizado

En cuanto al tratamiento de los trastornos alimentarios, se ha visto que a corto plazo la prevalencia y alta contagiosidad de COVID-19  ha llevado a que los enfoques de manejo estándar deban ser reconsiderados por los diferentes sistemas de salud.

Un estudio retrospectivo reciente incluyó a los primeros 200 pacientes ingresados ​​en un centro médico terciario con COVID-19. Los registros médicos electrónicos se revisaron al menos tres semanas después de la admisión. El objetivo primario fue la mortalidad hospitalaria. En esta cohorte de pacientes hospitalizados con COVID-19 en una población predominantemente minoritaria, la obesidad severa, el aumento de la edad y el sexo masculino se asociaron independientemente con una mayor mortalidad hospitalaria y, en general, peores resultados hospitalarios.

La admisión hospitalaria de pacientes con desnutrición importante y trastornos cardiovasculares o falla renal o de individuos con obesidad severa y síndrome metabólico, se convierte en un importante desafío médico en estos momentos. Recordemos que los trastornos alimentarios tienen una alta morbimortalidad y requieren de una atención especializada.

 Otro tema complejo es la continuación de los programas para pacientes con trastornos alimentarios durante la pandemía. Debido al distanciamiento físico, el confinamiento y los esquemas de atención de emergencia, puede cuestionarse la viabilidad de este recurso por el momento. Es importante la coordinación adecuada de los equipos interdisciplinarios para adaptarse a trabajar con los pacientes a través de videointeracción (telesalud).

Existe evidencia  de que programas grupales de terapia cognitivo conductual (TCC) se pueden realizar  con una buena eficacia clínica. Urge adaptar video conferencias e interacciones virtuales  a los programas de hospital para atender las demandas de los pacientes y de sus familas que necesitan acompañamiento.

Se requiere, con urgencia, la extensión de metodología terapeútica virtual y la búsqueda de alternativas de contacto oportuno, empático y eficiente para cubrir las necesidades de atención. Desde una terapia cognitivo-conductual  breve  guiada de autoayuda hasta una atención integral en el tiempo, con la posibilidad de ofrecer servicios de hospitalización a las pacientes que lo requieran.

Lee aquí sobre Anorexia nerviosa : ¿cómo se manifiesta y a quiénes afecta?

Hay familias que pasan por momentos de gran estrés y tienen a un miembro de su familia iniciando un cuadro de anorexia o bulimia, y otras que no encuentran manera de continuar con los protocolos de tratamiento. De hecho, pueden notar un empeoramiento de los síntomas de los pacientes como mayor autoagresión, brotes de violencia, aislamiento extremo o intentos suicidas. Es importante que dichas familias acepten la condición por la que están atravezando y no caigan en la desesperanza.

Buscar ayuda oportuna es muy importante  durante este periodo. El recibir una adecuada información, pautas claras de manejo y sentirse acompañado es fundamental para atravesar este periodo de confinamiento. 



Lecturas recomendadas

Wright W Cómo la soledad del aislamiento del coronavirus tiene su propio costo. The New Yorker, 23 de marzo de 2020. https://www.newyorker.com/news/our-columnists/how-loneliness-from-coronavirus-isolation-takes-its-own-toll

McEwen BS. La alostasis y la epigenética de la salud del cerebro y del cuerpo sobre el curso de la vida : El cerebro sobre el estrés . JAMA Psiquiatría. 2017; 74 (6): 551–552. DOI: 10.1001 / jamapsychiatry.2017.0270

Hebebrand Johannes and Herpertz-Dahlmann. Chapter 7: Teen Eating Disorders: Definition, Symptoms, and Comorbidity in: Eating Disorders and Obesity in children and Adolescents. pp 39-46 Elsevier 2019.

Nazar BP, Bernardes C, Peachey G, Sargento J, Mattos P, Treasure. The risk of eating disorders comorbid with attention deficit hyperactivity disorder: a systematic review and meta-analysis. J.Int J Eat Disord. 2016 dic; 49 (12): 1045-1057. 

Shah K, Kamrai D, Mekala H, Mann B, Desai K, Patel RS. Concéntrese en la salud mental durante la pandemia de coronavirus (COVID-19): aplicar los aprendizajes de brotes pasados. Cureus 2020; 12 (3): e 7405. DOI: 10.7759 / cureus.7405

Khatri N, Marziali E, Tcernikov I, Sheperd N. Comparando la terapia cognitiva conductual grupal basada en telesalud y clínica para adultos con depresión y ansiedad: un estudio piloto. Clin Interv Aging. 2014; 9 : 765–770. DOI: 10.2147 / CIA.S57832.

Barakat S, Maguire S, Surgenor L, Donnelly B, Miceska B, Fromholtz K, Russell J, Hay P, Touyz S. El papel de la alimentación regular y el autocontrol en el tratamiento de la bulimia nerviosa: un estudio piloto de un programa CBT de autoayuda guiado en línea. Behav Sci. 2017; 7 (3): 39

Touyz, Stephen y col. “Trastornos de la alimentación en la época de COVID-19”. Revista de trastornos alimentarios vol. 8 19. 20 de abril de 2020, DOI: 10.1186 / s40337-020-00295-3

Markos Kalligeros , Fadi Shehadeh , Evangelia K Mylona , Gregorio Benítez , Curt G Beckwith , Philip A Chan , Eleftherios Mylonakis. Association of obesity with disease severity among patients with COVID-19 inObesidad (Silver Spring). 2020 abr 30.

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