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Toma de decisiones: de la mente a la ejecución

Por Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez
Toma de decisiones: de la mente a la ejecución

Ejercer el proceso de ejecución de una orden mental, necesita una serie de mecanismos altamente especializados, que permitan que la acción tenga el inicio en el momento justo y que el proceso de llevarlo a cabo tenga resultados exitosos.

Desde el primer momento de nuestras vidas, educamos los movimientos para ejercer control sobre el sistema motor, de acuerdo a la respuesta sensitiva y sensorial coordinamos el tacto, la presión, la temperatura, el dolor y en medio de la precisión adecuada poder complementar con la visión, el oído y nuestros deseos internos de realizar cualquier evento.

Movernos en un ambiente necesita una decisión motora, pero el aprendizaje es necesario para evaluar que no vamos a caer a un abismo, aprendemos por la experiencia propia y por la ajena, generando una memoria de experiencias que nos van a adelantar los resultados, a esto se le ha llamado memoria de futuro, es como saber que si caminamos con los ojos cerrados nos vamos a caer más fácil, posiblemente sin haberlo experimentado antes.

Pero la actividad motora se parece en parte a la actividad mental, analizamos las variables, los objetivos, las posibilidades de éxito o de fracaso, y nos preparamos para decidir. Decidir se convierte en el momento crucial de saber lo que tenemos que hacer y el proceso de ejecución del evento.

En cada proceso hay que tener la preparación necesaria que la da el conocimiento o aprendizaje, que se puede llamar académico, si vamos a hacer un puente necesitamos tener conocimientos de física, geometría, arquitectura, resistencia de materiales y posiblemente muchas cosas más, inclusive una persona o maestro, que nos haya entrenado en el proceso, es la combinación del conocimiento con la práctica, alguien que nos contrate preguntará cuántos puentes hemos construido y cuál ha sido el resultado de ello, experiencia le llamamos.

El cerebro ejerce un mecanismo previo de ensayo, que permite analizar las variables del desarrollo propuesto a nivel mental, como si se siguiera un libreto, fenómeno que no incluye el lenguaje sino como un contenido completo, a menos que se vaya a realizar un discurso, entran en juego las palabras y el ensayo se realiza con lenguaje verbal comprensivo y expresivo.

¿Cuándo sabemos que estamos preparados para la acción?

El momento crucial de pasar del pensamiento a la acción se realiza cuando se van superando uno a uno los interrogantes de la actividad que se va a realizar. Nos hacemos las preguntas y nos respondemos adecuadamente, de modo que, si la respuesta no afirmativa, desarrollamos de nuevo la actividad de preparación y de entrenamiento.

¿Qué nos limita a la realización estando preparados?

Si ya tenemos el entrenamiento, todas las áreas cerebrales que tienen que ver con el evento, se condensan en zonas más pequeñas, porque se ha establecido el proceso llamado habilidad, que se vuelve inconsciente, se hace mecánica siempre y cuando se hayan cumplido con las estrategias académicas y la resolución de cuellos de botella que lentifican la acción.

Dejar expresar y fluir la habilidad, es la mejor forma de realización exitosa, porque si nos limitamos a seccionar los procesos que ya están integrados, la corteza prefrontal los confronta de nuevo y devuelve el proyecto mental a revisión, ese tiempo genera nuevas estrategias que se tienen que superar.

Si vamos a saltar en un paracaídas, y tenemos todo el conocimiento de cómo se realiza el salto al vacío, tenemos presente la apertura en el momento preciso, la solución de problemas cuando no se abra el paracaídas, el mejor escenario es hacerlo como si estuviéramos entrenando, porque si en el aire dudamos de nuestra capacidad, el bloqueo de la acción puede dar una respuesta paralizante que impide el resultado.

¿Pero no es mejor pensar bien los problemas antes de decidir la solución?

Es lo que se supone, pero una vez se tengan los procesos resueltos, demorar la acción no es lo más recomendado, la parte afectiva ejerce una función importantísima en la toma de decisiones, pero con la premisa de que se tiene la preparación adecuada.

Hay personas que tienen los resultados a los problemas, pero nunca le dan solución, porque reinician los procesos y forman nuevos cuellos de botella donde se detiene la acción mediante la creación de obstáculos supuestos, que van muy de la mano de una personalidad insegura o depresiva con proyección de resultados negativos, que ni siquiera son posibles.

Gráfico 1. La idea pasa por la posibilidad de realización, la corteza prefrontal somete el proceso a planteamiento, preparación y ensayo. El cerebro emocional (Límbico) analiza los factores de riesgo beneficio y cuando todo está listo, se debe llevar a cabo la realización.

¿Qué es lo más importante para decidir actuar ante un evento?

Luego de la preparación, los factores emocionales priman para el desarrollo de la acción, porque hay que hacer consciente que no puede haber miedo, que si hay fracasos existe la posibilidad de adaptación mediante mecanismos cerebrales de la plasticidad cerebral, que nos permite aún en mitad del proceso definir otros pasos no previstos. Los factores emocionales son mucho más rápidos que los racionales, y durante la etapa de preparación, el cerebro ya hecho por usted una serie de cálculos de probabilidad para hacer exitoso el proceso. Dejarnos llevar es la mejor conducta en la toma de decisiones, porque los factores inconscientes que generen temor deben ser abolidos o disminuidos apoyándonos en que estamos preparado y lo hemos ensayado muchas veces.

  • Defina lo que va a realizar.
  • Prepárese académicamente sobre el tema.
  • Analice los posibles cuellos de botellas.
  • Haga el ejercicio mental de la realización, imagine el escenario y la respuesta.
  • Mantenga presente los planes de contingencia.
  • Si ya está preparado no demore la acción.
  • Deje que su cerebro trabaje sin presiones, no tenga pensamientos relacionados con el fracaso o dificultades que son imaginarias.

Por. Rodrigo Isaza Bermúdez.
Neurólogo clínico.

Bibliografía.
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  2. Juechems K, Balaguer J, Ruz M, Summerfield.2017.
  3. Jang AL, et al. 2015.
  4. Kolling N, Wittmann M, Rushworth MFS. 2014.
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