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Superando los miedos

Por Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez
Superando los miedos

¿Se ha puesto a pensar concienzudamente cuáles son sus miedos y desde cuándo comenzaron a inquietarlo? Todos le tenemos miedo y aversión, a algo, bien sea, personas, situaciones, ambientes, o a las proyecciones de futuro de nuestra vida cotidiana.

Para sentir miedo no hace falta sino recordar el desencadenante, porque nuestro cerebro está hecho para protegernos y tiene unos sistemas sofisticados para establecer las pautas para hacerlo efectivo.

Los reflejos de supervivencia, huida o lucha son muy antiguos en la especie animal, y se conservan durante toda la vida y en todas las especies, son los que preservan los grupos de animales que sobreviven a la evolución, a los predadores, los que facilitan los cambios adaptativos de ambiente o alimentación, reproducción y desempeño.

En el cerebro humano existen dos áreas importantes con conexiones complejas para la supervivencia, la llamada Amígdala cerebral, que es un centro nervioso que envía mensajes de peligro y recuerda los eventos previos o imaginarios del mismo, y la otra es la biblioteca de cada uno de ellos, donde se almacenan los aspectos no solo de miedo sino las experiencias traumáticas: la corteza orbito-frontal (como su nombre lo indica encima de ojo y en la parte delantera del cerebro en el lóbulo frontal).

Todo lo que sentimos, vivimos, imaginamos o recordamos tiene un sentido afectivo, que no solo implica a las sensaciones sino también al lenguaje en todas sus modalidades, verbal, escrito, simbólico, háptico, corporal, expresión facial y la mirada. Todos ellos tienen conexiones con el sistema nervioso autónomo alterando la presión arterial, la frecuencia del corazón, sudoración, salivación, diámetro de la pupila, aumento de ácido en el estómago, tensión de los músculos, expresando de alguna manera la variabilidad de nuestro cerebro ante los eventos previos o posteriores al peligro o la agresión.

Podemos inclusive aumentar la producción de morfinas naturales (endorfinas) lo que nos lleva a que perdamos sensibilidad para que no nos debilitemos en los momentos cruciales del estrés al que nos enfrentamos y agudizar los órganos de los sentidos.

Pero enfrentarnos al miedo real, es mas explicable que hacerlo ante un evento o estímulo que nunca hemos vivido, de modo que la parte mental del miedo, se vuelve un referente importantísimo para establecer los mecanismos de defensa y reactivarlos mentalmente sin tener al frente el motivo del generador de miedo.

Los miedos pues, son individuales porque a pesar de no tener experiencias propias, son aprendizajes adquiridos por la experiencia de terceras personas, y que nosotros incorporamos a la biblioteca de terror que llevamos dentro y que el cerebro no solo nos busca el libro, sino también que lo ambienta, esto hace que los fenómenos traumáticos se reactiven de igual manera como la primera vez o muchas veces sintamos la experiencia ajena como si fuera propia, de modo que el miedo se aprende y se propaga entre nosotros.

A diferencia de otros tipos de dolor, le sobran elementos al miedo para generar protección, de hecho, podemos recordar el dolor de un tropezón en el pie hace años, pero el recuerdo no implica volverlo a sentir por más que nos esforcemos, sin embargo, al recordar un dolor afectivo, este se hace activo y podemos llorar, deprimirnos o descomponernos a pesar que han pasado muchos años del proceso traumático.

Los médicos estamos familiarizados con el estrés postraumático, la psicosis de guerra y una serie de eventos de salud que deterioran el estado mental, neurológico y físico de las personas expuestas a una situación grave que se reactiva y que muchas veces nunca llega a solucionarse, porque esos eventos han llegado a causar daño cerebral con muerte de neuronas, aunque el trauma nunca haya siquiera golpeado la cabeza en forma física.

¿Cómo nos volvemos miedosos?

Tenemos unos reflejos hacia el peligro que la madre le inculca a la cría, se los fortalece para la supervivencia, de hecho, uno puede ver una gallina entrenando a los pollitos, cuando se acerca un gavilán o algún predador, buscan apoyo y siguen a la madre hasta el refugio, el que no sigue la norma puede desaparecer.

Entonces desde niños adquirimos miedo mediante el refuerzo del mecanismo de defensa y la reiteración de voces y actitudes de peligro, lo que genera un hábito de evitación de situaciones que ponen en riesgo la vida.

Las experiencias de terceros también son importantes, porque inclusive los medios audiovisuales, como el cine, la televisión, las revistas, juegos electrónicos y la tradición oral de padres a hijos, marcan elementos a los cuales les debemos tener miedo.

Si brincamos, gritamos y nos asustamos, cuando acompañados de un pequeño, cae un rayo con su estruendo y luminosidad, es posible que el segundo evento asuste al niño, aunque ya el adulto se haya calmado y asumido ese segundo evento. Por eso recomiendan que a los niños hay que enseñarles a disfrutar ver una tormenta, explicarle los fenómenos meteorológicos como eventos naturales aprovechando el concepto, que “cuando usted oye el trueno, el rayo ya cayó en alguna parte, y en forma mordaz, al quien le cayó el rayo, no alcanzó a oírlo”.

¿Existen miedos irracionales?

Comentábamos que el estrés genera liberación de ciertas sustancias (adrenalina principalmente) que genera una cascada de eventos en nuestro cerebro y el sistema nervioso autónomo, de modo que se percibe interior y exteriormente la expresión de miedo.

Los fenómenos inconscientes son complejos, recordemos que el 80 % de la información que llega al cerebro es de este tipo, y que también construimos ideas, inventamos motivos usando la información real e irreal, lo que estructura el factor desencadenante y esto hace que en la corteza orbito-frontal, se escriba y almacene un nuevo libro de temores, que se disparan ante una situación parecida.

Superando los miedos

Sentir miedo es una instinto natural del ser humano. El doctor Rodrigo Isaza trae algunas recomendaciones para poder vencerlo. No olvides leer el artículo.

Cuando hace frío, la piel se pone “de gallina” con erección de los vellos, palidez de la piel, se puede disminuir la frecuencia cardíaca, aumentar el apetito para conseguir calorías, sin embargo como es un evento que ya conocemos, las manifestaciones se minimizan, pero si tenemos esas sensaciones entrando a un cementerio, hay liberación de otras sustancias, vienen a la mente las películas de terror, si hay oscuridad podemos construir alucinaciones visuales y si hay silencio el cerebro tiende con mayor frecuencia a percibir ruidos inexistentes, la estampida será genial, corriendo a toda velocidad para ponernos en resguardo.

Los miedos irracionales se construyen y se refuerzan, por eso un análisis consciente debe medir los factores reales y los imaginarios del evento que genera miedo.

Hay personas que le tienen miedo a las mariposas y no se exponen a pesar de que se les explique mil veces, que ellas no tienen aguijones con qué hacernos daño, ni que muerden o que tengan algún veneno en las alas.

¿Podemos vencer el miedo?

Los fenómenos de evitar el contacto con el causal de miedo, lo perpetúa, y el acostumbramiento o habituación facilita la pérdida de la aversión, si se acompaña de otra persona que no tiene miedo. El miedo “se contagia”, y se disemina con el lenguaje corporal o las expresiones faciales o verbales de los demás y desencadena la cascada del estrés.

Hay que evaluar la parte real del miedo, un tiburón es un animal peligroso, pero verlo en un acuario donde estamos protegidos de un ataque, no debe justificar no mirarlo, disfrutarlo en su majestuosidad, su desempeño al nadar, hace que tener cuidado, no sea lo mismo que tenerle terror sin exponernos y facilita un acercamiento real.

Tuve una experiencia con una paciente con miedo a montar en ascensor, y la invite a montar con ella hasta el primer piso, desde un tercero, le hice ver que era un aparato seguro, que si las puertas se cierran uno puede respirar, que hay espacio suficiente, hasta hice bromas de hacer amistades en el ascensor, cuando llegamos al primer piso, en menos de 20 segundos estaba pálida, fría, sudorosa y con lágrimas en los ojos, le hice caer en cuenta que la reacción era de ella y no del ascensor, y que intentara hacerlo más seguido acompañada de alguien que no le tuviera miedo.

Recomendaciones.

  • Haga un listado de las cosas a las cuales usted le tiene miedo, anote las cosas reales y las irreales, racionales o no de ellas.  Por ejemplo, si usted monta en carro y le da miedo el avión, racionalice todo el número de aviones que mientras usted lee este artículo, están volando y verifique que ninguno de ellos se ha caído y si analiza hay mas accidentes y muertes por carros que de aviones.
  • Haga consciente las manifestaciones de miedo y analice que esos mismos síntomas suceden con el frío, con un cólico abdominal o menstrual.
  • Evite ver programas de terror, o si lo hace lo invito a las escenas detrás de cámaras (behind scenes) para que haga racional el miedo en incluso le genere risa.
  • Si ha tenido estrés postraumático, no vea noticias, ni películas relacionadas con el tema, entreténgase con algo diferente.
  • Luego de ver una escena violenta real o irreal (cine o tv) trate de disipar la imaginación con alguna caricatura o programa de humor, dormirá mejor.
  • No le deje ver escenas violentas ni películas de terror, ni noticias a los niños antes de acostarse, ellos siguen durante el sueño con el proceso como si estuvieran viendo las escenas y suele ser una causa de terror nocturno.
  • Enfréntese paulatinamente a lo que usted le tiene miedo, si es a una altura en un balcón, póngase un arnés, y disfrute del paisaje, no lo estoy invitando a que limpie las ventas de un rascacielos ni que si les tiene miedo a los tiburones nade con ellos como si fueran mascotas.
  • Instrúyase en el tema del evento traumático, esto facilita hacer real el miedo normal y nos desensibiliza del miedo no real.
  • Haga concentración y yoga, el mindfulness puede ser una opción sin medicamentos.

Por: Rodrigo Isaza Bermúdez.
Neurólogo clínico.

LECTURAS RECOMENDADAS.
Mindfulness-based treatments for posttraumatic stress disorder: a review of the treatment literature and neurobiological evidence. Boyd JE, Lanius RA, McKinnon MC.J Psychiatry Neurosci. 2018 jan;43(1):7-25.

Stress, trauma, and posttraumatic stress disorder in migrants: a comprehensive review.
Bustamante LHU, Cerqueira RO, Leclerc E, Brietzke E.Rev Bras Psiquiatr. 2017 oct 19;40(2):220-225.

Basolateral amygdala and stress-induced hyperexcitability affect motivated behaviors and addiction.Sharp BM.Transl Psychiatry. 2017 aug 8;7(8): e1194.

Neurobiology of fear and specific phobias.Garcia R.Learn Mem. 2017 Aug 16;24(9):462-471

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