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¿Tiene alguna ventaja el egocentrismo? 4 puntos a favor del ego

Por Phrònesis
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¿Cuántas personas utilizan a diario frases como “qué egoísta eres”, “¿por qué siempre piensas en ti mismo?” y “no te importa nadie”?

Ser egocéntrico tiene mala fama, la mayoría de la gente lo asocia con tener ambiciones desmesuradas, ser arrogante y pensar en uno mismo más que en el resto, buscando siempre el beneficio propio por encima de la complacencia desinteresada.

Si bien el egocentrismo hace referencia a un factor de la personalidad humana que denota patrones de comportamiento poco agradables o mal vistos, ser egocéntrico puede tener algunos beneficios en situaciones determinadas, siempre y cuando sepamos cómo sacarle provecho.  

1. Trae el éxito profesional

Su amor desmedido por sí mismos y por todo lo que hace, puede impulsar su carrera profesional. La ambición ilimitada es una característica del sujeto egocéntrico: consigue todo lo que desea sin mirar a quién y sin importar los medios. 

Es muy común ver a las personas egocéntricas alardear sobre cómo son mejores que el resto, curiosamente, con frecuencia es cierto, porque se esfuerzan por ser insuperables. Basan cada decisión en la garantía de su bienestar y conveniencia propia, por ello, tienden a ser más resistentes emocionalmente, renuncian con menor facilidad, a pesar de los obstáculos, y sobresalen en todo lo que se proponen.  

En el ámbito comercial, el egocéntrico está completamente seguro de que su producto / servicio es el mejor en el mercado por el simple hecho de que le pertenece. Su convicción lo lleva a ser líder en ventas, ya que utiliza su propia seguridad como ventaja a la hora de planificar estrategias y persuadir a los clientes. 

Ejemplos de personajes egocéntricos famosos son Donald Trump, quien ha escrito libros como “El arte de la negociación”  donde se compara a sí mismo con Pablo Picasso; Cristiano Ronaldo, jugador de fútbol calificado en varias ocasiones como el mejor del mundo, es otro ejemplo del egocentrismo hecho persona (eso sí, bien aprovechado). 

2. ¿Son más generosos? 

Algunos dicen que el acto más generoso que existe proviene del egoísmo. El egocéntrico, en su necesidad por ser amado y necesitado, es capaz de hacer lo que sea, incluso actos heroicos o de beneficencia. 

Aunque se trate de un juego de manipulación, una persona egocéntrica es capaz de adaptarse a las necesidades del resto sin que se den cuenta, ya que así recibe de primera mano lo que tanto desea: reconocimiento, valoración, admiración, alabanzas. No lo hace con la intención de hacer el bien precisamente, sino de que todos lo adulen por haberlo hecho. Suena contradictorio, pero es la realidad.

Muchos grupos benéficos donde se realizan donaciones a personas con vidas precarias son el ejemplo perfecto de un acto bondadoso que genera beneficios a quien ayuda. Angelina Jolie es una actriz famosa que ha dedicado parte de su vida a ayudar a los más necesitados, por ejemplo, y gracias a esto ha sido reconocida en numerosas ocasiones por su buena labor, elevando su fama y obteniendo algunas recompensas. 

3. El don de esquivar problemas

Muchas veces, el egocentrismo lleva a su protagonista a mostrarse como una víctima ante lo que le sucede, así logra eludir las responsabilidades de sus propios actos.

Por si fuera poco, no solo consigue zafarse de las consecuencias negativas de una que otra “metedura de pata”, sino que además recibe atención, protección e inclusive lástima por parte de quienes lo rodean. 

4.  La insensibilidad como superpoder 

Una de las principales características del egocéntrico es la ausencia de empatía, por lo que difícilmente es capaz de reconocer las emociones en otras personas y, aunque pudiera, le daría muy poca importancia.

Si bien la incapacidad de ser empático no debe considerarse una ventaja, hay que admitir que una persona egocéntrica tal vez cuenta con suerte al quitarse de encima el peso de tener que preocuparse por las emociones, sentimientos o formas de pensar de los demás. 

Es así como debemos interpretar las bondades del egocentrismo, recordando siempre que todo desequilibrio es malsano y todo acto de abuso genera, tarde o temprano, una cadena de consecuencias infortunadas. 

Como diría Ursula K. Le Guin, “cuando enciendes una vela, también proyectas una sombra”.

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