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Síndrome de la excitación sexual persistente: ¿qué es y por qué ocurre?

Por Phrònesis
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El síndrome de excitación sexual persistente, también conocido como trastorno persistente de excitación genital, es una respuesta genital involuntaria y descontrolada que puede ocurrir en cualquier momento. Dicho de otra manera, es la presencia de actividad orgásmica sin estímulos sexuales previos. Se caracteriza por ser completamente espontánea e intensa y las sensaciones persisten durante horas o días.

A simple vista, puede parecer placentero y conveniente, pero está lejos de serlo: los síntomas del síndrome generan angustia y vergüenza a quienes lo padecen, ya que los orgasmos a menudo se presentan ante cualquier situación, sin importar el contexto. Inclusive, la sensación de excitación puede permanecer durante largos periodos de tiempo y llevar a la persona a experimentar picos sexuales continuos sin que sienta la voluntad de hacerlo; en algunas circunstancias, la sensación puede ir acompañada de dolor o molestia. 

Un extraño mal que no discrimina

Anteriormente, se creía que el síndrome de la excitación sexual persistente afectaba solo a las mujeres. No obstante, durante los últimos años, han sido reportados casos de excitación y orgasmos recurrentes sin estimulación sexual entre los hombres. Aún se desconoce si se trata del mismo padecimiento, pero la sintomatología es similar. 

Algunos expertos aseguran que, gracias a los estereotipos impuestos por la sociedad, se ha normalizado este trastorno en los hombres mientras que en las mujeres supone un problema mucho mayor. La sexualidad del hombre siempre ha sido vista como imponente y símbolo de la virilidad, por lo que una erección no representa más que un hecho normal (y hasta envidiable) de la conducta masculina.

Al contrario, la sexualidad en la mujer “debe” ser más reservada, lo que implica que sea también más criticada. Debido a esto, el síndrome de la excitación sexual persistente se convierte en una pesadilla para las mujeres y es normal que muchas terminen siendo víctimas de otro tipo de problemas, como ansiedad generalizada. 

¿De dónde viene el síndrome de la excitación sexual persistente?

Las causas del trastorno no son claras para los científicos y las hipótesis varían entre explicaciones psicológicas y físicas. Sin embargo, la explicación más aceptada hasta el momento es del profesor Komisaruk, quien refiere la presencia de quistes de Tarlov en algunas mujeres diagnosticadas con el síndrome. 

Los quistes de Tarlov, según la Asociación Americana de Neurólogos Cirujanos, se conforman de raíz nerviosa y líquido, y se encuentran con mayor frecuencia en el nivel sacro de la columna vertebral. Si bien uno de los principales síntomas de los quistes de Tarlov son los cambios en la función sexual, aún no se conoce con exactitud la verdadera causa del síndrome de excitación sexual persistente. La evidencia indica que algunas mujeres que presentan el trastorno no tienen los quistes, y otras personas, que tienen los quistes, no tienen el síndrome.

Por ello, otras explicaciones aceptadas son los desórdenes hormonales debido a ciertos fármacos, el mal funcionamiento de los nervios sensoriales y traumatismos en la base de la columna vertebral. 

¿Existe tratamiento?

Por el momento, el tratamiento del síndrome de la excitación sexual persistente se orienta solo a la mejora de los síntomas. Se procura conseguir que quien lo presenta pueda tener una vida normal y sin angustias, que el trastorno le afecte lo menos posible.

El primer paso es visitar a un profesional médico para descartar afecciones orgánicas y, luego, un sexólogo. El tratamiento psicológico como la terapia cognitivo-conductual (TCC) ha demostrado ser útil para ayudar a las mujeres a identificar sus desencadenantes (estímulos detonantes), además, puede proporcionar mecanismos de afrontamiento y técnicas de distracción para controlar los síntomas físicos del síndrome.

La psicoterapia es altamente recomendable para aprender a manejar el estrés, ansiedad y la depresión que pueden surgir a razón del síndrome de excitación sexual, de modo que los pacientes sean capaces de interactuar con normalidad en espacios abiertos y aceptar sin culpa su condición. 

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