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El estrés del quejoso

Por Dr. Rodrigo Mazo Zea
El estrés del quejoso

Para algunas personas quejarse de todo constituye un hábito recurrente utilizado como estrategia para poner fuera de sí la causa de las cosas percibidas como negativas, lo que les libera de la responsabilidad de actuar para remediarlas. Es una forma de victimización para aliviar la carga de las cosas negativas que suceden.

Según la Real Academia de la Lengua Española (2016) existen tres términos relacionados para referirse a las personas que se quejan en exceso: el quejoso, cuyas quejas suelen remitirse a culpabilizar a otros; el quejicoso, que se queja de manera recurrente sin tener razones para ello y el quejumbroso, que habitualmente manifiesta padecer un dolor, una pena o pasar por una situación molesta o negativa. Aunque en esencia son personas con actitudes diferentes, para efectos pragmáticos me referiré al quejicoso como la persona que reúne alguna de las tres características, es decir, la persona que constantemente se queja de los demás, de las cosas y situaciones, o que generalmente manifiesta padecer alguna pena, dolor o sufrimiento.

Las quejas como expresión de inconformidad, incomodidad o malestar representan una forma de “desahogo” o descarga de energía, que permiten a la persona tener una sensación de liberación de responsabilidades, asumiendo que la solución a los males percibidos debe venir desde afuera y no desde sí mismos. Sin embargo, las quejas frecuentes, con poca evidencia o infundadas, constituyen una causa de estrés en tanto la persona quejicosa se carga negativamente y asume que está en un constante riesgo en su entorno.

Toda queja surge de la percepción de una amenaza, daño o perjuicio; en ocasiones, las quejas pueden resultar adaptativas en tanto constituyen una estrategia de defensa o protección ante los riesgos reales. La queja expresada es la manifestación de nuestra incomodidad, malestar o enojo, y puede conducir a buscar opciones de solución que implican al sujeto como tal y a los otros implicados en el asunto. Sin embargo, cuando la queja resulta de una exageración del potencial de amenaza, cuando no tiene soportes empíricos ciertos o cuando es producto de la imaginación de la persona, conlleva a una perturbación emocional por la carga que implica focalizarse en lo negativo de un asunto.

La focalización negativa es una tendencia de personas pesimistas, que suelen fijar su atención en los aspectos negativos, perjudiciales o amenazantes de su entorno. Focalizarse en lo negativo conlleva a sesgos cognitivos mediante los cuales se maximiza la amenaza o perjuicio percibido y se minimiza lo positivo o gratificante del hecho. De esta manera, las quejas constantes son evidencia de que la persona tiene una focalización negativa que le impide ver lo positivo de las cosas.

Las personas quejicosas resultan tóxicas para sí mismas y para su entorno en tanto constantemente están culpabilizando a los demás o a las cosas de lo malo que les sucede, generando en los otros actitudes defensivas que, por lo general, incluyen conductas de exclusión o alejamiento. Las quejas permanentes, infundadas, generan rechazo social, lo que aumenta los motivos de las quejas del quejicoso.

Buscando culpables

Cuando la queja está dirigida a otros, lo que se busca es poner la responsabilidad de algo percibido como negativo en los demás, buscando que los otros asuman actitudes reparadoras ante ello. Se convierte la queja en un intento de manipulación o control, que dependiendo de la respuesta de los demás, será reforzada o no en el quejicoso.

Liberarse de la culpa de algo negativo es una estrategia de defensa que se define como una irresponsabilidad personal y se traduce en un constante “culpar a otros”. Si los demás son culpables de lo malo que me ocurre, entonces son ellos los responsables de buscar solución a mis males. Esta actitud conlleva a una especie de conformismo en tanto el sujeto espera que la solución a sus problemas venga de afuera y no de sí mismo.

El quejicoso busca entonces descargarse de responsabilidades, sin darse cuenta que la queja en sí es una carga pesada derivada de la focalización en lo negativo y de prestar mayor atención a las conductas de los otros, buscando pruebas o argumentos para poder atribuir a ellos la culpa de sus problemas.

Frente al quejicoso es conveniente no prestarle la atención que él espera, no igualarse con él en discusiones acaloradas ni ceder de manera sumisa a sus pretensiones culpabilizadoras. Lo ideal es hacerle entrar en razón, debatir con él sobre la irracionalidad de su queja y ayudarle a buscar otras opciones de solución a sus problemas, invitándole a asumir un papel más activo en las posibles estrategias propuestas. Se debe entender que la actitud del quejicoso puede reflejar una debilidad personal que no le permite asumirse en la responsabilidad de sí mismo, por lo que antes que evitarlo, se le debe acompañar y ayudar a fortalecerse personalmente.

Cuando el entorno es la amenaza

La persona quejicosa suele percibir amenazas en su entorno, lo que le lleva a tener una actitud aprensiva permanente ante los posibles peligros o perjuicios que pueden suceder. Es una forma negativa de percibir el mundo, que conlleva a una sensación de disconfort permanente y a una expresión constante de que “algo anda mal”.

Aún en situaciones que los demás ven como positivas, el quejicoso encuentra razones para expresar su malestar. Se quejan del clima, de la situación económica, del servicio en un restaurante, de la situación social del país, de la calidad educativa y, en fin, de todo cuanto sucede en su entorno. Asumen que no son ellos los responsables de todo cuanto pasa, asignando esta responsabilidad a los otros, al destino, a la naturaleza o hasta a Dios.

Cuando la persona se queja de un estado, una situación o un suceso cualquiera, impregna el entorno de un halo negativo que le lleva a un estado de pesimismo inmediato. La queja constante produce malestar, insatisfacción, resentimiento, enfado, temor, tristeza, pena y perturbación. Este es un cóctel emocional que puede generar una especie de desesperanza, en la cual la persona asume que no podrá salir fácilmente de sus desdichas y se sumergirá en un estado depresivo del cual saldrá sólo con ayuda profesional.

Dejar de quejarse no es sinónimo de conformismo; no se trata de ver todo color de rosa y asumir que las cosas en nuestra vida marchan de maravilla. Es adoptar una actitud realista frente a la vida y pensar que ante nuestro infortunio podemos tener una conducta responsable, confiando en que desde nosotros mismos estamos en capacidad de aportar decididamente en la búsqueda de estrategias y opciones de solución.

El extremo del conformismo nos lleva a entrar en una zona de confort, en la que se asume que las cosas funcionan como debieran y que es mejor aceptarlas como tales para no tener que desgastarnos en modificarlas. La zona de confort es un estado de mediocridad que implica una actitud pasiva y resignada ante los hechos. Entender que hay cosas de nuestra vida en las que podemos mejorar y que está en nuestras manos hacerlo, es la mejor estrategia para asumir la responsabilidad de nosotros mismos.

Estrategias para superar la quejicosidad

  • Lo primero que un quejicoso debe hacer es reconocer la irracionalidad de sus quejas. Entender que en la mayoría de las situaciones, las quejas son infundadas o que exageran en el potencial amenazante de la situación referida.
  • Quejarse no soluciona el problema. La queja no debe ser pretexto para desresponsabilizarse frente a un hecho. Se deben buscar opciones de solución que conlleven a la propia acción para afrontar situaciones problemáticas.
  • La queja no solo afecta al quejicoso sino también a las personas de su entorno. Una queja sin fundamentos es una expresión tóxica que genera estrés en las personas que la reciben.
  • Ante un quejicoso se debe actuar de manera adecuada, para no reforzar la queja. Prestar el mínimo de atención y buscar que la persona quejicosa entre en razón eliminará los reforzadores sociales que pueden mantener la queja.
  • Es posible que las constantes quejas sean expresión de que la persona requiere ayuda y que algo no está bien en su interior. Si es así, se debe buscar ayuda profesional procurando el fortalecimiento personal del sujeto y la redefinición de estrategias de afrontamiento frente a sus problemas.

Por: Dr. Rodrigo Mazo Zea
rodrigo.mazo@upb.edu.co

Referencias

Fernández, N. (2013). El quejica. En: http://www.grupofinsi.com/blog.asp?vcblog=908.

Mazo, R. (2018). Vivir sin estrés, caves para llevar una vida más liviana. En: http://elartedesabervivir.com/vivir-sin-estres-claves-llevar-una-vida-mas-liviana/

Mosquera, S. (2014).  ¿Quejicosos y más, donde está el problema? En: http://larevista.ec/orientacion/psicologia/quejicosos-y-mas-donde-esta-el-problema

Ordoñez, E. (2016). Aléjate de los quejicas, pueden arruinarte la salud. En: https://www.yorokobu.es/alejate-los-quejicas-pueden-arruinarte-la-salud/

Watzlawick, P. (2003). El arte de amargarse la vida. Barcelona: Herder. 10 ed. 144 p

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