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Qué hacer durante y después de una discusión de pareja

Por Phrònesis
Redacción Editorial Phrònesis.

No todas las embarcaciones sucumben a la tormenta, algunas consiguen navegar entre aguas agitadas y seguir el rumbo hacia puertos predichos con la experiencia de una tempestad como bandera de oficio. Las relaciones de pareja no son muy distintas: cuando las adversidades son afrontadas con la templanza de un buen navegante, las diferencias se convierten en oportunidades de aprendizaje y crecimiento en lugar de afrentas contra el amor.

Por supuesto, saber plantar cara a una discusión de pareja no es un don innato sino una habilidad susceptible de ser desarrollada y fortalecida a través del conocimiento del ser amado y de uno mismo, de la paciencia y la inteligencia emocional.

Según el psicólogo John Gottman, fundador del Instituto Gottman dedicado al estudio y mejoramiento de las relaciones de pareja, existen una serie de características esenciales comunes entre las parejas que saben cómo discutir sin herirse en el proceso y permanecer juntas a pesar de las dificultades.

Las parejas que se mantienen juntas…

  1. No huyen de los problemas

Una investigación encabezada por Gottman para identificar los puntos fuertes de las relaciones estables y duraderas indica que las parejas que permanecen juntas no evaden las discusiones ni fingen ceguera ante situaciones molestas. Para Gottman, el error de muchas personas es que prefieren guardar silencio para evitar argumentos incómodos, mientras que las parejas inteligentes hablan de todo aquello que les produce inconformidad en el momento exacto (o casi al instante) en que experimentan malestar.

  1. Respetan la voz del otro

Muchas personas acostumbran dar por terminada una discusión de pareja imponiendo su opinión a los gritos, sembrando la indiferencia, aislándose por completo en una torre de mutismo o recurriendo a comentarios hirientes. Según John Gottman, esta es una muestra clara (y dolorosa) de que no respetamos a nuestra pareja, que sus sentimientos y pensamientos no nos interesan y que los situamos en un peldaño inferior al de nuestra urgencia por tener la razón.

En una relación de pareja madura y equilibrada, las discusiones son afrontadas con diplomacia y ambas personas poseen por derecho irrevocable la oportunidad de exponer su punto de vista.

  1. Cuidan sus palabras

Los argumentos que llevan las frases “tú nunca” o “tú siempre” pueden dañar una relación del mismo modo en que lo haría el costado afilado de un iceberg en un pequeño velero.

Discutir de forma inteligente supone aprender el arte de elegir las palabras más fieles a la realidad. No se trata de restar peso al testimonio personal omitiendo detalles, sino de cuidar que la discusión no se vea guiada por el resentimiento o la ira del momento. La generalización, al igual que la exageración, equivalen a atacar a nuestra pareja basándonos en situaciones que muy probablemente no han ocurrido jamás, o al menos no en las dimensiones que aseguramos. Nuestra pareja puede interpretar este comportamiento como un intento de victimización y sentirse, a la vez, incomprendida y traicionada por nuestra inmadurez.

¿Y qué hacer cuando la discusión ha terminado?

Si la etapa que cubre el máximo apogeo de una discusión de pareja es difícil de manejar, saber cómo proceder cuando ya todo está dicho no es menos complicado. Algunos consejos prácticos para abordar adecuadamente el desenlace de una discusión son:

    • No ejercer presión ni exigir una respuesta que nuestra pareja no está lista para dar.
    • No dejarse llevar por la ansiedad de remediar el asunto. Conviene, en cambio, tomarse el tiempo que corresponde para reflexionar acerca de las causas del conflicto y llegar a conclusiones que favorezcan una mejora de la relación a largo plazo.
    • No caer en la trampa de la ira ni rechazar disculpas o explicaciones basándonos en un descontento que, después de todo, será efímero. Si nuestra pareja tiene argumentos, dejarla hablar es primordial para esclarecer lo sucedido y poder ejercer un análisis válido de la relación.
  • No acudir a chantajes ni amenazas, mucho menos al empleo de los puntos débiles de nuestra pareja en su contra. Este método para “salirnos con la nuestra” es también una técnica infalible para apuñalar el amor y construir relaciones destructivas.
  • No firmar “la ley del hielo”. Esto no quiere decir que no tengamos derecho a tomarnos un tiempo a solas para reflexionar sobre lo sucedido o para calmar nuestras emociones, significa que permanecer en un estado de indiferencia rotunda para castigar a nuestra pareja no es la mejor forma de solucionar las cosas, sino más bien de empeorarlas. Lo importante en una discusión de pareja es expresar de manera respetuosa nuestro descontento, vaciarnos por completo y no dejar nada para después con el fin de poder seguir adelante y resolver los problemas. Silenciar la posibilidad de hallar un punto de conciliación retirándonos a nuestra Torre de Babel personal es una declaración de inmadurez.

Referencias:

Shauri, M. (2016). 9 things you should never do after a fight. FamilyShare – Discover How to Improve Your Family Life and More. Disponible en https://familyshare.com/21813/marriage/9-things-you-should-never-do-after-a-fight

Brodwin, E. (2016). A psychologist who’s studied couples for decades says this is the best way to argue with your partner. Business Insider. Disponible en http://www.businessinsider.com/how-to-argue-with-your-partner-2016-1

The 5 Types of Couples (2014). The Gottman Institute. Disponible en https://www.gottman.com/blog/the-5-couple-types/

Por: Editorial Phrònesis
Para: 
elartedesabervivir.com

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