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Posverdades emocionales: el autoengaño y yo – Parte II

Por pruebas
Posverdades emocionales: el autoengaño y yo - Parte II
Esta es la continuación del artículo: Posverdades emocionales: el autoengaño y yo – Parte I

Por Mercè Conangla y Jaume Soler
Twitter: @EcoEmocional

Aprendemos a escondernos

La culpabilidad, la vergüenza y el miedo son los móviles inmediatos del engaño”. Daniel Goleman

Desde la infancia nuestros adultos nos ofrecen su repertorio de actuaciones. Nos sorprendemos al darnos cuenta que cada uno de ellos puede ser diversos personajes: está la madre cariñosa, pero también la que chilla cuando algo no va bien o la que se queja para llamar la atención; el padre paciente y alegre, competente y capaz de arreglarlo todo, pero que ante determinado inconveniente sale golpeando la puerta. Vemos que se manifiestan en múltiples personajes que parecen no tener nada en común; de ellos aprendemos a escondernos detrás de nuestros muñecos y a fabricar protecciones y defensas.

Nos sentimos inseguros. Nos desorientan estos adultos cambiantes. ¿Acaso sabemos cuándo va a aflorar el personaje que más tememos? Aprendemos a movernos de puntillas, a hablar bajito, a ir con cuidado para no despertar al “muñeco” desagradable que hemos tenido la oportunidad de conocer. Para no sufrir por su hiriente relato, empezamos pronto a crear nuestros propios personajes, aquellos que expresan lo que nosotros no nos atrevemos a expresar; los que luchan cuando nosotros estamos escondidos “bajo la mesa” o protegidos “bajo las sábanas”; los que se insolentan, chillan y se rebelan cuando nuestro yo real está acobardado, mudo, siente vergüenza o tiembla de miedo.

Escuela de ventrílocuos

Aprendemos para sobrevivir. Y así surgen nuestros muñecos que dialogan con los muñecos de los demás. Así nos protegemos por dentro representando guiones escritos por otros para mantenerlos contentos, no defraudar sus expectativas  y lograr que nos quieran más. Puede suceder que llegue un momento en el que ya no recordemos cuál es nuestra verdadera voz y cuáles son nuestras propias palabras. Entonces, cuando “nos damos cuenta” que vivimos escondidos, tenemos la oportunidad de recuperar el control de nuestra voz y el contenido de nuestro relato.

Ventrílocuo sin guion propio

Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo”. Ludwig Wittgenstein

¿Quiénes han sido los guionistas de nuestra historia?
¿La hemos escrito nosotros o bien se han encargado otros?
En nuestros primeros años han sido muchos los cocreadores de la obra:
Nos llovieron ideas, mensajes, consignas, creencias.
Nos llovieron muchos “debes”, “has de”, “tienes que”: sentir, decir, ser, hacer.
Nos pasaron el peso de muchas expectativas sobre lo que teníamos que ser y lo que debíamos hacer, de lo que era correcto o incorrecto, de lo bueno o lo malo.

Así, hay quien narra una historia que no siente suya y que interpreta con poca convicción. Desconectados de sí mismos y sin pasión, pueden acabar representando una burda comedia o tragedia. El ventrílocuo puede sentir rechazo de sus muñecos por lo mal que representan la obra, y desprecio por el público asistente que aplaude la pésima representación. Realmente patético: algo no va bien.

Personajes encerrados, represión emocional, rebelión de muñecos

¿Cuánta humanidad hay en el autómata y cuánto de autómata en el ser humano?

En algún momento el ventrílocuo se quedó sin palabras porque, bloqueados y encerrados en el baúl del subconsciente, los diferentes muñecos que lo componen están aprisionados y en silencio. El ventrílocuo teme dejarlos salir; tiene miedo de lo que podrían contar a los demás.  Lo que siente en su interior es doloroso y caótico.

Está convencido de que si permite que sus personajes se expresen, los espectadores sentirán tal desagrado y tal rechazo, que acabarán dejándolo solo a él y a su teatrillo.

De esa forma, ante la duda, prefiere dejar de expresarse. Tapa la boca a sus muñecos con cinta aislante y, uno a uno, los mete en el baúl. Cierra con llave la tapa y se sienta encima. Así, acaba provocando él mismo lo que tanto temía que pasara: ahora está solo, sin los demás, pero – lo que es más peligroso de todo – sin él mismo. El ventrílocuo pierde el control de los muñecos y ya no es dueño de su relato. Tal vez, desde dentro de la caja, ellos murmuren historias por su cuenta.

La represión emocional es un encierro. Desconectados y sin voz, algunos aspectos de nosotros mismos quedan silenciados. ¿Qué ocurre con aquellas emociones que no nos permitimos sentir, experimentar o expresar? ¿Acaso desaparecen por el hecho de ignorarlas? ¡De ningún modo! Ellas siguen haciendo su curso, pero ahora, un curso alterado.

Las emociones reprimidas se van descomponiendo generando tóxicos que acaban corrompiendo lo mejor de uno mismo. Si los mantenemos encerrados demasiado tiempo, si reprimimos la expresión de nuestros muñecos, podemos acabar provocando una rebelión. Cuando menos lo pensemos van a romper el baúl y saldrán descontrolados a derrocar al ventrílocuo. Lo más inteligente sería dialogar con todas nuestras voces y atender a sus sorprendentes relatos. Y necesitamos mucha valentía para hacerlo.

El momento de reescribir el propio guion

Sé tú mismo, el resto de papeles ya están cogidos”. Oscar Wilde

Hay quien se rinde sin luchar. Tiene que ver con la comodidad, la debilidad, la falta de asertividad, la rutina, el miedo al rechazo, la inseguridad… Entonces se queda solo como intérprete del guion de otros, introduciendo los cambios que otros le van dictando sobre la marcha. Intentando contentar a todos, no contenta a nadie y menos a sí mismo. Es un ventrílocuo descabezado porque otros piensan en su lugar y acaba provocándose más dolor del que quería evitar.

Cuando tomamos consciencia, ya no valen las excusas. Toca reescribir el guion. Es momento de buscar los pedazos que se quedaron sin encajar. Es hora de soltar lo heredado de otros, separando lo propio de lo ajeno. Es preciso recomponerse, recrearse, enfrentarse a la página en blanco, a la arcilla informe, y empezar a crear la propia obra.

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Bibliografía:
  • Posverdades emocionales. Mercè Conangla y Jaume Soler. Editorial Amat, 2018
  • Ecología Emocional. Jaume Soler y Mercè Conangla. Editorial Amat

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