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¿Puede la tecnología incidir negativamente sobre nuestras relaciones sociales?

Por Dra. Iris Luna
peligros de la tecnología

Cada día se ve a un mayor número de personas conectadas a Internet a través de sus teléfonos inteligentes, y menos gente interactuando cara a cara.

El desarrollo de esta importante herramienta ha superado cualquier tipo de vaticinio y en la actualidad constituye una verdadera revolución en la sociedad.

En un periodo relativamente corto Internet se nos ha convertido en un pilar fundamental de las comunicaciones a nivel global, el entretenimiento y el comercio que puede llegar hasta los más recónditos lugares del planeta.

No podemos negar que la red tiene una gran gama de funciones que, a su vez, abren la puerta a importantes y novedosas posibilidades de desarrollo personal y gestión de las actividades tanto diarias como familiares, laborales y lúdicas.

Beneficios de la vida online

En el ámbito de la comunicación: Internet se ha empoderado y ofrece diversas posibilidades de información (audiovisual, sonora, escrita, por medio de emoticones e imágenes) a una escala mundial.

Esto resulta cómodo, inmediato, versátil y bastante económico. De modo que si estamos navegando por Internet podremos tener una relación con otras personas de manera asíncrona (diferentes canales de correo electrónico) o síncrona (chats, videoconferencias en vivo), que nos permite comunicar y debatir modos de pensar, educarnos (plataformas de formación), facilitar el trabajo, promocionar las cosas que producimos.

Por otro lado, integra los “mass media” a los que estábamos acostumbrados (radio, programación de televisión, cine, espectáculos, prensa). Además del placer que nos brinda el hallazgo de información acerca de temas interesantes.

Internet permite acceder a numerosos entornos lúdicos y espacios virtuales en los que podemos desempeñar diversos roles y ser, en la red, lo que no hemos podido lograr en la vida cotidiana. Comunidades como “segunda vida” (Second Life), por ejemplo, cuenta con muchos residentes que viven e interactúan en un metauniverso, paralelo a la vida real.

Por las anteriores razones, y porque cada vez más el Internet es un elemento omnipresente en la cultura de hoy, merece la pena analizar algunos aspectos que inciden sobre nuestra forma actual de comunicarnos y en nuestras habilidades sociales.

¿Acortando o generando distancias?

Es verdad que Internet disminuye las distancias, está acorde con la rapidez que exige la época y ofrece formas muy atractivas para mantenernos siempre enchufados con los demás, pero decididamente ha modificado en muchos usuarios la calidad, profundidad y compromiso de dichas relaciones.

Las nuevas tecnologías coexisten con la necesidad primordial del hombre de relacionarse, lo que se modifica sustancialmente es la noción de espacio y tiempo. Estar frente a otra persona implica manejar unos procesos cognitivos, sociales y de pensamiento muy diferentes a los que nos exige, por ejemplo, Whatsapp. En un enfrentamiento cara a cara no tenemos tanto tiempo para responder o para corregir nuestra respuesta.

De manera paradójica las nuevas tecnologías pueden generar fenómenos de repliegue de la vida real, pérdida de empatía y habilidades de interacción, y en algunos casos desafortunados puede convertirse en un canal para acceder a la autoagresión, conductas suicidas ( juego de la ballena azul) y promoción o perpetuación de trastornos mentales como por ejemplo: los foros y blogs de apoyo a la anorexia y la bulimia (ANA y MIA).

Algunos casos de aislamiento…

Hay casos de aislamientos social extremo que han sido descritos por los investigadores japoneses, quienes bautizaron este fenómeno con el nombre de Hikikomori.

Las conductas de aislamiento y rechazo social ocurren principalmente en jóvenes del sexo masculino que se aíslan en su habitación o su casa durante largas temporadas, desde meses hasta varios años, evitando en todo lo posible el contacto con el exterior y abandonando el trabajo, la universidad y el colegio.

Quienes han estudiado esta condición refieren que no suele asociarse a síntomas de trastornos psiquiátricos, ni a problemas de personalidad. Tampoco se asocia a trastornos de ansiedad como pánico y agorafobia puesto que el Hikikomori es capaz de salir esporádicamente a la calle sin problemas para comprar los productos que necesiten, aunque eso sí, utilizando usualmente las primeras horas de la mañana o la noche para estas escapadas ocasionales, y siempre evitando el contacto con la gente.

En las últimas décadas los nuevos elementos tecnológicos y culturales (Internet, manga, juegos online, redes sociales, Second Life) favorecen la aparición y mantenimiento de los casos.

Evolución de emociones

Muchos científicos afirman que las emociones humanas han evolucionado porque era preciso promover la cooperación entre nuestros primeros ancestros. Estos se beneficiaban mucho de convivir en grupos, aprender los unos de los otros, leer las emociones en los rostros, tener contacto físico y compartir experiencias cotidianas.

Las emociones, por lo tanto, tienen una función social importante. Si no contamos con personas intermediarias que nos ayuden a saber si nuestros sentimientos de temor, cólera, preocupación y tristeza son apropiados, en un lapso corto de tiempo, las emociones distorsionarían nuestra realidad, alterarían nuestras percepciones o nos harían irracionales.

Como dije antes, Internet y las nuevas tecnologías pueden aislarnos y hasta enfermarnos. Pensemos por ejemplo, en jóvenes que hacen sesiones maratonianas de hasta 18 horas sin descanso de videojuegos y se mueven en un mundo de fantasía y violencia.

No hay espacio para la familia, las experiencias reales y el compartir. Este tipo de juegos suelen ser adictivos, y hacen que personas susceptibles queden enganchadas en un mundo ficticio con un importante deterioro de su funcionamiento global.

Época de millennials

Muchas otras personas, especialmente aquellas nacidas entre 1980 y 2000, parecen estar preparadas y adaptadas al mundo digital. Dichos individuos pertenecen a una generación donde Internet cumple un papel fundamental.

Esta es la generación Millennial, llamada también generación Y o generación Peter Pan. Son individuos que tienen un manejo eficiente y exhaustivo de las tecnologías de la comunicación. Suelen hacer amigos con un solo clic, se unen a las diferentes comunidades virtuales, adicionan miles de “me gusta” en las redes sociales, tienen sexo virtual, cuelgan innumerables “selfies” y establecen charlas por chat con desconocidos durante horas.

No obstante, suelen sentirse incómodos frente al encuentro físico, a las conversaciones de café y al conocimiento presencial de los otros. Incluso cuando están en reuniones sociales o familiares, no dejan de chatear y parecen más interesados en sus contactos virtuales que en las personas que tienen al lado. Se prefiere la red a las relaciones cara a cara.

Según Zygmunt Bauman, las habilidades tradicionales de comunicación entran cada vez más en desuso, se evitan, son olvidadas o jamás son aprendidas por las nuevas generaciones.

Las citas de la generación Y suelen ser superficiales: no se ve la necesidad de romper el hielo para iniciar una conversación, de mirarse a los ojos, decidir cuál es la ropa más adecuada para el encuentro y qué cosas no hacer.

Por obra y gracia de Instagram, Linkedin, Facebook es posible encontrar personas a la carta: intereses, éxitos, especialidades, solvencia económica, valores y hasta de quién o quienes se rodea. Todo un menú de personajes para hacer nuevos contactos o tener citas en línea, sin fronteras, sin tener que moverte de casa y sin la necesidad de tener unas buenas habilidades sociales frente a frente.

La inmediatez no genera relaciones sólidas

Pero recordemos que la confianza en alguien y construir una relación con bases sólidas no es fruto de la eventualidad, unas hora de chat o cientos de “likes” o contenidos compartidos. Establecer buenos vínculos con los demás requiere de empatía, una interacción real y honesta, y analizar las actitudes y conductas en el tiempo. Se necesita de un proceso lento, permanente, comprometido y constante.

Hasta el momento la tecnología no ha podido reemplazar el valor de un apretón sincero de manos, de mirar a los ojos, de apoyar o sustentar las palabras con los gestos, del poder sanador de los abrazos compartidos, o de las caricias que sustentan o de generar emociones cuando interactuamos con el otro.

Tener un interlocutor real nos permite escudriñarlo, intentar leerlo, desarrollar nuestras habilidades comunicativas y prepararnos bien para ser parte activa de los diversos entornos sociales.

Todo está cambiando a un ritmo acelerado y aunque la tecnología ofrece grandes posibilidades de comunicación y relacionamiento nuevas, es fundamental trabajar en la resocialización “offline” (afuera de Internet). Para lo que es importante incentivar los diálogos dentro de la familia, aprender a escuchar, fortalecer las habilidades comunicativas (habladas y escritas) y propiciar situaciones que favorezcan el encuentro con los otros, el intercambio de opiniones, las actitudes empáticas, la comunicación asertiva e incluso aprender a pedir ayuda a los demás cuando sea necesario.

Cinco claves para que el Internet no afecte nuestra vida social:

1. El justo punto medio (Hacer siempre un buen balance).

Recordemos que hay momentos, personas y lugares para cada tipo de interacción. Por lo tanto, es muy apropiado evitar el empleo de dispositivos electrónicos durante una cena con amigos o reuniones de trabajo. Las amistades nacen de pequeñas cosas compartidas y estando realmente presentes en el lugar y el momento con todos nuestros sentidos puestos en los otros.

2. Escuchar, atender y comunicarse.

Los especialistas en el tema dicen que la multitarea y estar siempre pegados a una pantalla acaban con la empatía. Escuchar con cuidado requiere que estemos atentos al otro, nos enfoquemos en lo que dice y hagamos un buen contacto visual. De la misma forma, transmitir los puntos de vista y opiniones respecto a lo que nos dicen implica estar atentos, tener claridad en nuestras ideas y ser precisos y asertivos.

3. Cultivar la paciencia.

Las cuestiones importantes como nuestra autoestima, el amor, la amistad y el éxito (académico y laboral) requieren tiempo, esfuerzo, tenacidad y disciplina. No existe ninguna aplicación o botón para alcanzarlas, pero la satisfacción de las metas bien logradas es algo que merece la pena.

4. Relacionados más que enchufados.

Las conexiones virtuales demandan menos tiempo, compromiso y esfuerzo para ser realizadas y menos tiempo y dificultad para cortarlas, bloquearlas o eliminarlas. Se sugiere aprender a cultivar las relaciones y reforzar la construcción de vínculos reales a largo plazo, con toda la dedicación, seriedad y compromiso que esto conlleva.

5. El acompañamiento y uso racional de la tecnología

Aconsejar y acompañar a los hijos y seres queridos en el uso de las nuevas tecnologías para descubrir sus ventajas y riesgos asociados. Dar ejemplo en el uso racional e inteligente del teléfono y redes sociales. Poner límites en el uso de Internet. Pensar siempre que las pantallas no deben ser un motivo de aislamiento familiar, ni para robarles el disfrute de estar juntos en la vida real.

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