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“No me divorcio por mis hijos”: ¿Sabes cómo los afectas?

Por Lic. Marcela Monte
cuidado de hijos en el divorcio

Uno de los argumentos que se utiliza con mayor frecuencia para evitar definir la ruptura de una relación matrimonial disfuncional, es la existencia de los hijos. Los padres y madres recurren muchas veces a la idea de que son capaces de realizar el esfuerzo o sacrificio de permanecer en la relación, con el objetivo de que el niño cuente con una familia completa en la que pueda desarrollarse.

Esta perspectiva basada en el supuesto de que un desarrollo sano solo puede darse en una familia que cuente con ambos padres no solamente es errada, sino que desfavorece la salud mental y el bienestar de todo el grupo familiar, incluyendo al niño.

¿Por qué los dañaría?

El perjuicio hacia la salud integral de los pequeños proviene fundamentalmente del modelo que se está exhibiendo a los pequeños, quienes aprenden de las experiencias que viven, más que de lo que se les dice. Entonces la experiencia diaria de una relación de padres que pueden ser indiferentes entre ellos, agresivos o simplemente descuidados el uno del otro, es la característica que signa y atraviesa la vida cotidiana en la que se despliega esta infancia.

¿Cómo los perjudicas?

Aquí queda plasmada una lista de algunos de los daños que genera en el desarrollo psicoemocional infantil el hecho de sostener una relación de pareja que si no hubiese hijos, los adultos ya hubieran decidido finalizar.

  • Tienen un modelo de relación de pareja disfuncional que considerarán natural.
  • Aprenden que el descuido por el otro en una relación es una manera aceptable de vivir.
  • Desarrollan menor empatía ya que disminuye su observación e interés por el estado de las otras personas alrededor.
  • La esperanza de sostener una relación humana diferente con una pareja, con un vínculo de amor generoso, es muy baja.
  • Aprenden a conformarse con estar medianamente bien, descuidando la búsqueda de su plenitud.
  • Expresan menos alegría y mayor inestabilidad emocional.
  • Manifiestan confusión respecto de lo que significa el respeto por los demás.
  • Pierden contacto con sus deseos genuinos, por observar la postergación del bienestar personal.
  • Construyen un concepto del interés y cuidado propio que es incompatible con nutrir otras relaciones –si me cuido a mí mismo no podría cuidar a otros-.
  • Manifiestan mayores enojos hacia sus padres en tanto observan que sostienen una forma empobrecida de relacionarse.
  • Se culpan a menudo por la infelicidad que experimentan los adultos.
  • Se consideran responsables por el bienestar de cada uno de los padres, quienes no son felices juntos y deberían ser felices gracias a los hijos.
  • Les resulta dificultoso salir de situaciones conflictivas, estancándose en estados de malestar, amargura y ansiedad.
  • Desconocen el prototipo de relación de pareja con afecto, caricias y miradas de complicidad amorosa, registrando una modalidad más fría y distante.

¿Qué hacer entonces?

Ante esta disyuntiva de permanecer en una relación de pareja que produce malestar, o separarse cuando hay hijos de por medio, resulta imprescindible considerar los beneficios y perjuicios de continuar con la relación de esta manera.

Buscar apoyo terapéutico individual o uno especializado en parejas, para aclarar los aspectos que son personales e individuales y aquellas modalidades vinculares o maneras de interactuar que podrían estar colaborando al empobrecimiento de la vida en pareja. Así, es probable lograr tomar las mejores decisiones que pueden incluir: cambios en la relación que mejoren los vínculos y aporten al bienestar y la calidad de vida de todos en la familia, u optar por un divorcio o separación que, bien encaminado y con una buena instrucción, tendrá una etapa de adaptación a la nueva circunstancia para luego transformarse en una oportunidad para crear una realidad saludable para cada uno de los integrantes de la familia.

La separación y el divorcio son procesos incómodos de atravesar y los hijos pueden servir de excusa para postergar esa decisión que podría ser el origen de una nueva vida para ti, y un modelo de bienestar y superación para tus hijos. Todos merecen vivir mejor.

Fuente de interés para consultar:

Algo pasa en casa: el divorcio de mis papás, Izaza, G.M. y López, María Elena, Editorial B., Colombia, (2008)

 

Por: Lic. Marcela Monte

Facebook:  https://www.facebook.com/LicMarcelaMonte/
Licenciada en Psicología
Universidad Nacional de San Luis / Argentina
Psicoterapeuta Cognitivo – Conductual Infantil
Contacto: info@infantopsicologia.com 

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