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Cómo se vive la navidad en las familias donde sus miembros no profesan la misma religión

Por Phrònesis
Cómo se vive la navidad en las familias donde sus miembros no profesan la misma religión

Aunque la navidad es celebrada por tradición como un homenaje al nacimiento de Jesucristo (especialmente en América Latina, donde la gran mayoría de países de la región cuenta con una población eminentemente cristiana), las estadísticas indican que el número de personas que concibe actualmente la navidad como una fecha de índole religiosa ha disminuido con los años.

Una encuesta realizada en diciembre de 2017 por la central de investigaciones Pew Research encontró que, si bien el 90 % de los estadounidenses celebra la navidad, solo el 55 % lo hace en un sentido religioso. De hecho, incluso entre aquellos que se identifican como cristianos, un porcentaje importante de los encuestados (el 76 %) reconoció no creer del todo en los elementos históricos de la Biblia que hacen alusión al nacimiento de Jesús, la maternidad de la Virgen María, la visita de los tres Reyes Magos, el pesebre y el anuncio del ángel.

La navidad es celebrada de forma más secular entre aquellos que no conmemoran el nacimiento de Jesús en esta fecha, pero también en las familias que profesan religiones distintas (o ninguna en absoluto). En casos como este, la navidad cobra un sentido orientado a la magia de compartir en familia, celebrar la unión a pesar de las diferencias, brindar por el milagro de la vida y agradecer por las vivencias positivas del año que está por terminar.

El espíritu de la navidad nos habla de respeto, tolerancia y amor

Tal y como los famosos cuentos navideños que refieren las terribles consecuencias de la avaricia y la amargura, las familias que profesan religiones distintas o cuyas creencias no son compatibles con el cristianismo rescatan otro tipo de valores y principios para traer a la mesa durante la cena navideña. Los niños que esperan la llegada de Santa o Papá Noel, por ejemplo, son motivados por sus padres a creer en lo importante que es el respeto, la solidaridad y la bondad; aprenden a confiar en que de ello depende ser premiados al final del año, e incluso si no creen en Jesucristo o en los ideales cristianos, celebran cualidades como el sacrificio, la unión familiar y “hacer siempre lo correcto”. 

Según indican los resultados de la encuesta conducida el año pasado por Pew Research, algunos estadounidenses evitan realizar fiestas o dar regalos en exceso, centrándose, en cambio, en los cuatro domingos de Adviento que preceden a la navidad y el posterior nacimiento del Niño Jesús. Otras personas omiten por completo la celebración religiosa, pero encuentran un profundo significado en la reunión de amigos y familiares y la expresión de amor o bondad hacia sus semejantes mediante obsequios o buenas obras.

¿Pueden integrarse religiones distintas durante la celebración de la navidad?

Aunque el cristianismo, judaísmo, budismo, islam y otras religiones milenarias difieren en la razón de ser de la navidad, la mayoría coincide en que el nacimiento de Jesús, visto ya sea como el hijo de Dios o como gran profeta, es una fecha importante. 

Las familias conformadas por judíos y cristianos, por ejemplo, coinciden en la celebración de Hanuká (o Festival de las Luces) y navidad durante el mes de diciembre; a pesar de que los judíos conmemoran la consagración del templo de Jerusalén y, los cristianos, el nacimiento de Jesús, ambas ocasiones son celebradas con cenas familiares e intercambios de regalos, costumbres perfectamente compatibles aunque se profesen religiones distintas en el hogar. 

Los budistas, musulmanes e hindúes no realizan rituales importantes durante diciembre (ya que su calendario o creencias no brindan especial atención a estas fechas), sin embargo, las reuniones familiares y el compartir con los menos favorecidos cobra un significado igual o incluso más trascendental que en la religión cristiana, donde la modernidad ha penetrado con mayor facilidad posicionando el rol de los obsequios como un “deber”, la vanidad, el lujo, los excesos y la búsqueda del placer.

Finalmente, y dejando a un lado la religión predominante en el núcleo familiar, todas las corrientes filosóficas y espirituales convergen tarde o temprano en un punto clave: lo esencial, lo que realmente importa, es el tiempo compartido y las obras realizadas, los obsequios de paz, amor y salud, la esperanza, la bondad y la compasión. 

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