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“¿Comerse los mocos es bueno?”: 4 mitos insólitos de la salud

Por Phrònesis
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El cuerpo humano siempre nos sorprende con sus diversas funciones en temas de salud y la ciencia no descansa cuando busca descubrir nuevas formas de mantenernos saludables o por fin conocer el secreto de la “vida eterna”.

 En este camino de búsqueda, los hallazgos pueden ser malinterpretados por personas sin conocimiento o, incluso, por profesionales de la salud. Algunos mitos pueden sonar extravagantes y provocativos, por ello siempre se debe tener cuidado con los nuevos descubrimientos para evitar meter la pata. 

 Estos son 4 de los mitos más insólitos de la salud. ¿Serán ciertos? 

1. Comerse los mocos refuerza el sistema inmunológico

La mucofagia (el acto de ingerir mocos) es un comportamiento frecuente en los niños, pero también en los adultos. El hábito ha sido cuestionado en distintas culturas, algunos dicen que los niños lo aprenden por imitación o manía, y es signo de mala educación, pero el neumólogo austriaco Friedrich Bischinger asegura que comerse los mocos es bueno para la salud.

Bischinger explica que el dedo es capaz de limpiar las fosas nasales mejor que un pañuelo y que el moco contiene filtros para concentrar las bacterias, por lo tanto, ingerirlos resultaría ser una “vacuna”. 

También apunta que el acto de hurgarse la nariz y luego comer mocos es innato. De ser así, una acción tan natural puede ser beneficiosa. 

A pesar de todas estas afirmaciones, lo cierto es que no existe una explicación basada en datos científicos relevantes sobre los supuestos beneficios de la mucofagia en los seres humanos.

Otros expertos, como el otorrinolaringólogo Erich Voigt en el periódico Business Insider, dice que la entrada de gérmenes en la nariz combinada con el acto de hurgar puede provocar abrasiones y hemorragias importantes, por lo que se debe tener precaución. 

2. Oler pedos previene enfermedades

Las flatulencias, es decir los gases que se crean en nuestro aparato digestivo, especialmente en el colon, se generan principalmente cuando comemos alimentos con fibra vegetal que no podemos digerir, pero que los microorganismos de la flora sí usan como alimento.

Comúnmente, dejar escapar un gas es visto como un acto de mal gusto, a pesar de ser algo natural (y necesario) para el cuerpo humano. En 2014, en un estudio de la Universidad de Exeter, Mark Wood explica que “aunque el sulfuro de hidrógeno es bien conocido como un gas maloliente en los huevos podridos y la flatulencia, se produce naturalmente en el cuerpo y, de hecho, podría ser un héroe de la salud con importantes implicaciones para futuras terapias orientadas a prevenir una variedad de enfermedades”. 

En el estudio, se creó un componente denominado AP39 que lentamente entrega cantidades pequeñas de sulfuro de hidrógeno, lo que permite que la mitocondria se mantenga y las células vivan. Esto se traduce en la recuperación de las células enfermas y proteger el desarrollo celular para defender a nuestro organismo ante posibles enfermedades como la demencia, la diabetes o los trastornos cardiorespiratorios.

Sin embargo, otros medios aseguran que este estudio ha sido malinterpretado. Algunos artículos como los publicados en Quo y The Guardian señalan que, aunque el gas liberado por el compuesto AP39 sea el mismo emitido por las flatulencias, no se debe sacar la conclusión de que olerlo directamente es beneficioso para la salud. 

Los científicos aún no saben con seguridad si es saludable o no oler los pedos, ya que no existen estudios que corroboren este mito. Los resultados observados se han producido únicamente en casos donde el gas es producido naturalmente por las propias células, así que inhalarlo podría no servir para nada más que pasar un mal rato.

3. Las vacunas causan autismo

En los últimos años hemos presenciado el llamado “movimiento antivacunas”. En los Estados Unidos, existe un programa dedicado a compensar a las personas que han sufrido algún efecto dañino derivado de las vacunas, de allí surge un informe publicado por Children’s Health Defense donde los autores sugieren que el porcentaje de niños afectados por autismo debido a las vacunas es alto. 

No obstante, los estudios siguen apuntando a que todo deriva de una falsa relación entre las vacunas y el Trastorno de Espectro Autista (TEA). De hecho, en una investigación se comprobó que no existe asociación entre la vacuna triple vírica o triple viral (sarampión, rubéola y parotiditis) y el autismo, ni en los niños con poco riesgo de ser diagnosticados ni en los niños con algún riesgo de tener un hermano con TEA.

4. Una cerveza al día prolonga la vida

En un estudio de la Universidad de California que inició en 1981 con 11 miembros de The Leisure World Cohort Study se observó una correlación entre el consumo moderado de alcohol (un par de bebidas alcohólicas al día) y un riesgo 15% menor de muerte en comparación con los abstemios.

Esta bebida contiene componentes naturales como agua, malta y lúpulo. Se aclara que siempre y cuando no se abuse de ella, puede traer beneficios para la salud; de igual forma, es importante conocer los resultados de otros estudios como el publicado en el British Medical Journal, que ponen en duda estos supuestos beneficios reiterando que lo que sí está comprobado son los efectos nocivos del alcohol en el cuerpo humano.

El estudio, dirigido por Claudia Kawas, ha generado polémica. Algunos expertos aseguran que no se debe concluir que el acto de beber una cerveza diaria está directamente relacionado con la longevidad. 

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