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Lo que sucede en el cerebro cuando se dicen mentiras

Por Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez
Lo que sucede en el cerebro cuando se dicen mentiras

Como hemos venido comentando desde que iniciamos el blog, el Neuromanagement-aplicativo, maneja el conocimiento y la intervención consciente, tratando de establecer las estrategias de la metacognición, es decir de realizar una gran parte de nuestra información y comportamiento inconsciente en un proceso controlable y consciente, susceptible de mejoramiento con el día a día.

Mentir o fantasear con la verdad, es un mecanismo inicialmente consciente, con estrategias de memoria de corto y mediano plazo, a menos que la mentira se perpetúe por repetición del mismo acontecimiento.

Llevar elementos no reales al discurso verbal y el pensamiento, es frecuente en el niño, y alivia en gran parte la ansiedad de enfrentamiento con la realidad.  Tener un amigo imaginario, es parte del proceso mental del infante, pero perpetuarlo se considera una anormalidad que amerita intervención especializada.

La mentira se estructura como una pieza de rompecabezas que se acomoda a una situación en particular, bien para ocultar una falta, sustentar un argumento verdadero con premisas falsas para generar credibilidad, o como un fenómeno repetitivo anormal o patológico en personas con trastornos de personalidad.

Como el Neuromanagement- aplicativo, está estructurado para personas sin patologías, nuestro enfoque va dirigido a la producción y estructura mental que la desencadena.

Recordemos que nuestra memoria es frágil, que tenemos muchos tipos de memoria: inmediata, a mediano y a largo plazo, además que hay memoria verbal, visual, sensorial, sensitiva, autobiográfica y otra serie de ellas , que llegan al cerebro consciente en momentos necesarios para su uso, y que tenemos una corteza prefrontal, que actúa, validando la información no solo relevante, sino crítica para vincularla a la realidad, hacerla consciente y depurar la información con elementos válidos que le dan el carácter sólido a nuestros pensamientos y nuestras acciones.

El engaño, la mentira y la verdad son construcciones racionales que involucran la memoria, el afecto y la personalidad, se estructuran como un plan de ejecución con una secuencia lógica para el individuo, porque dentro de su imaginario, los elementos pueden ser coherentes para cada caso, pero con una motivación que implica una ganancia.

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El cerebro llena vacíos con elementos de memoria reales o posibles, no necesariamente ciertos, por eso en un relato de recuerdos familiares podemos colocar en ellos a personas que no estuvieron en un acontecimiento, pero que le dan acomodación al recuerdo. Si hay una importancia crucial, vincular a un elemento que no estuvo, es tomado como una falta o mentira, como por ejemplo saber que en un accidente de la infancia, la persona que solucionó el caso estuvo o no en el acto en mención.

A veces una fotografía sirve para aclarar situaciones y valida la información recordada.

¿Por qué decimos mentiras sin darnos cuenta?

Las cosas no trascendentes son ignoradas por nuestro cerebro, solamente cuando percibimos una condición fuera de lo común, tomamos en cuenta el factor distractor. Lo que llamamos mentiras piadosas, son aquellas acomodaciones al rompecabezas que no son elementos importantes del evento, y que no tergiversan el trasfondo de la realidad. Son conscientes y cuando se repiten el cerebro de quien la dice o asevera, la mantiene como una información real.

El cerebro es un órgano perezoso, de modo que las acciones que menos generen angustia son aquellas a las cuales recurrimos con más facilidad.

Un ambiente propicio para la mentira y su construcción en la imaginación, el niño imagina todo el día, no tiene maduración de su corteza prefrontal, de modo que no hay elementos de discordancia entre la imaginación o la realidad.

La socialización adecuada, permite que se valide con otros el pensamiento propio, de modo que la mentira entra en la valoración social del infante con sus amigos, que lo harán caer en cuenta del error.

Inclusive el estatus social entre los adultos permite o no la aceptación de la mentira, pero recordemos que lo que expresa una persona está bajo el condicionamiento de la realidad de un observador imparcial. El mentiroso termina siendo aislado socialmente, y encuentra eco solamente con personas semejantes que se cuentan mentiras sin generar validación, pero tampoco produce angustia ni emoción de rechazo entre ellos.

La maduración cerebral en un ambiente propicio, de crítica y de conexión con la realidad, permite que el mentiroso module y frene el proceso, lo que no ocurre en ambientes de permisividad, porque alimenta la fantasía y la mentira se vuelve patológica.

No es lo mismo cuando se miente inocentemente, que cuando se hace en forma estructurada para ocultar la verdad y los mecanismos y áreas cerebrales comprometidas en cada una de esas acciones no sólo se conocen sino que son diferentes para cada caso.

La corteza prefrontal establece los mecanismos de permanencia de la verdad y controla la memoria de trabajo, que es la encargada de realizar actividades de control rápido de elementos de memoria, y la corteza prefrontal  no deja establecer un conflicto entre verdad y mentira. En cambio el área del Cíngulo anterior, se relaciona con la producción y aceptación de la mentira.

¿Se puede saber que una persona dice mentiras?

Recordemos que tenemos un sistema nervioso autónomo, que maneja la tensión muscular, la presión arterial, la frecuencia de nuestro corazón, la sudoración, producción de ácido en el estómago, el movimiento intestinal, la reactividad de la pupila a la luz etc. Y que cuando estamos en condiciones de estrés de cualquier tipo, ese sistema nervioso autónomo expresa todo lo que sentimos, sin poderlo inhibir.

Si somos conscientes de los eventos en los cuales mentimos, nuestras palabras no van de la mano con nuestra postura y expresión corporal, lo que permite a una persona entrenada, valorar a simple vista, si se miente o no, pero también se pude equivocar porque un proceso de confrontación para saber si una persona en un interrogatorio dice la verdad o no, asusta a la mayoría y expresa en forma inconsciente todas esas manifestaciones de estrés.

El famoso polígrafo, ese aparato que vemos en las películas, y que se le ha dado tanto valor, está hecho para medir la resistencia de la piel al paso de una corriente eléctrica (impedanciometria), mide la frecuencia y la intensidad del pulso cardíaco, y los movimientos musculares bajo la tensión y el estrés. El valor de los resultados de un polígrafo es muy cuestionado, porque los eventos inconscientes no modifican la respuesta, y el mentiroso “profesional”, se cree sus propias mentiras y no le genera angustia la confrontación porque las asume como reales.

Los estudios con Resonancia Magnética funcional (RMf) muestran la actividad del cerebro en tiempo real y hay estudios que evidencian las áreas cerebrales activas, cuando se dicen verdades y las áreas diferentes activas cuando se miente.  Estos estudios de RMf son costosos y por ahora no son comerciales ni están al alcance sino para la investigación.

Los estudios neurológicos serios, han identificados las áreas cerebrales cuando se dicen mentiras conscientemente, inconscientemente o cuando se dicen verdades.

¿Cómo podemos ayudar al mentiroso?

Sin herir susceptibilidades, es bueno la confrontación sin agresión, se le pide una sustentación de lo que consideramos falso, o nosotros conseguir las pruebas de lo que se discute. Como la confrontación produce ansiedad, el mentiroso argumenta con más mentiras, puede que el primer elemento falso sea inconsciente, pero el segundo paso de argumentación es muy consciente y genera negación escalonada. Es mejor no discutir sino confrontar elementos de verdad.

  • El niño miente por imaginación, por construcción que le de tranquilidad o por miedo.
  • El proceso de verdad, amerita que los errores inconscientes no deben ser castigados, a menos que se cometan como una falta voluntaria.
  • Un ambiente que acepte errores como proceso de aprendizaje, facilita que no se necesite argumentar engaños ni mentiras.
  • El mentiroso en un ambiente normal genera aislamiento social.
  • Aceptarle al mentiroso los eventos de engaño, perpetúan el fenómeno, porque facilita el condicionamiento en base a mentiras, y se vuelve un modus operandi.
  • Una mentira “piadosa”, sirve como un mecanismo adaptativo, para permitir la fluencia cuando se bloquea la memoria de un evento que necesita recordarse, el problema consiste en que facilita la imaginación y se expresa como engaño.
  • Todos tenemos mentiras inconscientes, simplemente porque no somos capaces de evaluar la memoria inconsciente. Una persona debe procurar almacenar la información relevante sin llenar los vacíos con mentiras.

Por. Rodrigo Isaza Bermúdez. Neurólogo clínico.

Bibliografía
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