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Llegó la hora de dejarte

Por Phrònesis
Llegó la hora de dejarte

Te dejo porque pinté susurros para los que los únicos oídos sordos fueron los tuyos. Te dejo porque la dejada fui yo desde el momento en el que comencé a ser la única que besaba. Te dejo porque he sido un yo contigo. Un yo contigo en el que he perdido una importante parte de ti.

La parte con la que soñaba

Te dejo porque has ralentizado mis ganas, mis sueños y casi todas mis emociones. Porque te has convertido en un ibuprofeno de lo que sentía hacia ti. Porque has sido un tropiezo en mi vida, las espinas de mi rosa y, en esta relación, una experiencia más agria que dulce.

Comencé a tu lado lo que, creía, sería el libro más bonito de la historia. Aquel al que no se le terminarían los capítulos, aquel en el que me apeteciera doblar la esquina de cada página para recordarme que en ella había algún instante inolvidable plasmado en la memoria de nuestro relación. Sin embargo, no hice más que coleccionar páginas en blanco. Espacios vacíos, en los que, escribir aquello diariamente, quería que ocurriera. Un libro al que terminaron poniéndole tinta mis sueños frustrados, la forma en la que no me mirabas y las caricias que no recibí. 

Una obra titulada “Ojalá tú”

un libro que hoy saco de la estantería de mis esperanzas vacías, para venderlo en una tienda de segunda mano. Una tienda en la que además, todo aquello que se vende, son sentimientos en liquidación.

Te dejo.

Pero sobre todo, si te dejo con algo es con las ganas.

Con las ganas de haber podido saber lo que habría sido nuestra vida en común. Con las ganas de que me quedase contigo aún recibiendo una cuarta parte de lo que te daba. con las ganas de que me conformase con lo que ni siquiera merecía y, con las ganas amigo, de que te dijera a todo que sí.

Así que llegados a este punto, y tras agotar la paciencia que nunca tuve, te confieso que soy intolerante. Intolerante a la infelicidad. Tú has sido mi alegría y nuestra relación un sarpullido. Hoy entiendo que lo único en común que hubo entre nosotros, fue la idiotez.

La mía, la que tuve cuando decidí quedarme contigo.

La tuya, la que llevas impregnada en tí.

Fuente: elacorazado.mx

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