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¿Qué son las habilidades sociales y para qué sirven?

Por Dra. Iris Luna
¿Qué son las habilidades sociales y para qué sirven?

Las habilidades sociales (HS) son una serie de comportamientos que nos permiten desarrollarnos dentro de un contexto individual o interpersonal, permitiendo que expresemos sentimientos, actitudes, deseos, opiniones o derechos de una manera adecuada a la situación o al desafío que tengamos que afrontar. Las HS generalmente nos ayudan a resolver problemas inmediatos, permiten que nos relacionemos con los otros de manera gentil, asertiva y cuidadosa, y hacen que disminuyan los problemas futuros en la medida en que consideremos y tengamos presentes las conductas, y necesidades de quienes nos rodean.

Considero importante hacer énfasis en la adecuada resolución de situaciones interpersonales. Es decir, las HS tienen que ver con nuestra capacidad de ejecutar todos esos comportamientos que hemos aprendido, y que son bastante útiles para cubrir nuestras necesidades de comunicación con las otras personas o saben dar una apropiada contestación a las exigencias y demandas que nos imponen las situaciones sociales (relacionarnos con los demás).

Hay cuatro características importantes de las habilidades sociales.

  1. Son aprendidas y reforzadas durante nuestro desarrollo.
  2. Para poderlas desarrollar debemos tener modelos y siempre necesitamos de otras personas para ponerlas en práctica.
  3. Hay HS específicas para las situaciones que enfrentamos.
  4. Son eficaces dentro del comportamiento con otras personas.

Las HS son unos medios importantes con los que podríamos contar para alcanzar nuestros objetivos y ser respetados y tenidos en cuenta como personas válidas dentro de nuestra comunidad. Por una parte, al definir lo qué es una habilidad social es imprescindible considerar la etapa evolutiva por la que pasa aquel que ejecuta dichas habilidades sociales, ya que las habilidades sociales y del ambiente no tienen la misma significación para un niño, un adolescente o un adulto.

No olvidemos que las HS se adquieren poco a poco por medio del aprendizaje, por lo que la infancia es una etapa crítica para la enseñanza de éstas. Desde pequeños aprendemos a relacionarnos con las otras personas, y aquí el ejemplo que nos de nuestra familia y entorno más inmediato es algo fundamental.

Por otra parte, si contamos con una buena asesoría y supervisión adecuada de nuestra interacción con las otras personas, así como un reforzamiento positivo por parte de los demás, dichas HS se incrementarán con el tiempo y, esto a su vez va ligado a comportamientos asertivos, nos refuerzan el autoconcepto, la autoestima y autoeficacia, entre otras cosas.

Relación entre la edad y las habilidades

La práctica de las habilidades sociales (HS) está influida siempre por la edad que atravesamos y las características que tenga nuestro entorno. Habilidades tales como pedir favores a otros niños, pedir explicaciones a un adulto, tomar decisiones de manera autónoma, aprender a decir no cuando sea preciso, expresar el desacuerdo de manera adecuada, son algunos ejemplos en ese sentido.

Pasar de la infancia a la adolescencia supone la adquisición de HS más complejas, puesto que los cambios físicos y psíquicos implican una modificación del papel del adolescente respecto a cómo se ve a sí mismo, cómo percibe al mundo y cómo es visto por los demás. El mayor acercamiento a personas de edades similares, particularmente del otro sexo, la utilización del tiempo libre y el uso del dinero, entre otros aspectos, hace que se pongan en marcha nuevas habilidades de interacción verbal, de resolución de conflictos interpersonales, de elogio y de expresión de emociones positivas y negativas.

Se ha encontrado que los adolescentes con alto nivel de entendimiento interpersonal y habilidades de comunicación positiva son los que mayor influencia tienen en sus iguales, lo que permite suponer que emplean un mayor número de habilidades.

Hay un consenso en la comunidad científica respecto a que el período de la infancia y adolescencia es un tiempo de privilegio para aprender y practicar las habilidades sociales, ya que hay muchos estudios que sustentan la importancia de desarrollar estas capacidades durante el periodo infanto juvenil, pues esto tendrá un impacto definitivo en el funcionamiento psicológico, académico e interpersonal del individuo.

Habilidades en la primera infancia

El desarrollo de las HS está muy vinculado a las adquisiciones del crecimiento y desarrollo. Si bien en la primera infancia las habilidades para iniciar y mantener una situación de juego son esenciales, a medida que el niño avanza en edad, son destacadas las habilidades verbales y las de interacción con otros niños.

Una de las primeras manifestaciones pro sociales del niño preescolar consiste en ayudar a otros niños o compartir un juguete o alimento. Las Investigaciones señalan que estos comportamientos aparecen aproximadamente desde los dos años de vida y son evidentes dentro del contexto familiar. De allí que los psicólogos del desarrollo enfaticen la importancia de promover el compartir y ayudar a otros como unos factores de prevención ante las conductas agresivas.

Es importante anotar que, a los cuatro años, los niños ya suelen tener un concepto de sí mismos. Esta autodefinición permite que el muchachito desarrolle relaciones de amistad, principalmente con pares que les sonríen, saludan, les ofrecen una mano o tienen un mayor acercamiento físico. A través del proceso de socialización, la mayoría de los niños aprende cuándo la agresión es aceptable y cuándo no.

Los niños que utilizan la agresión de modo constante y sin una razón justificada suelen ser rechazados por sus compañeros a diferencia de aquellos que se defienden de otros y se niegan a ser dominados e insultados. La popularidad está dada en este periodo por cómo el niño utiliza sus habilidades sociales dentro del grupo de pares para iniciar nuevas amistades, mantenerlas y resolver conflictos.

Habilidades en la adolescencia

Como les dije antes, la adolescencia es un período crítico para la adquisición y práctica de HS más complejas. Por una parte, los adolescentes adoptan comportamientos más críticos y desafiantes respecto a las normas sociales y, por otra parte, los adultos les exigen comportamientos sociales más elaborados y exigentes.

La interacción con otros chicos en la adolescencia tiene funciones decisivas para la conformación de la propia identidad del adolescente. El “grupo de amigos” es ahora la entidad socializadora por excelencia, puesto que las relaciones con los iguales del mismo o distinto sexo le permiten al adolescente nutrir su estatus como autoconcepto y formar las bases de las futuras relaciones entre los adultos. La participación en grupos permite al adolescente elaborar ideas y experiencias, la discusión de ideologías y puntos de vista, el desarrollo de la amistad y el enamoramiento.

Si bien el grupo de pares contribuye a la definición de intereses, identidad y habilidades sociales, no siempre la influencia de estos le resulta positiva al adolescente. Existen grupos que promueven una socialización que se orienta más a las conductas agresivas o negativas, al alejamiento de los estándares de comportamiento que se esperan del joven y que, de persistir en el tiempo, pueden tornarse dañinos para él.

Se piensa que las habilidades sociales juegan un papel muy importante para la aceptación social del adolescente. La aceptación social es una condición personal de un sujeto respecto a un grupo de referencia; en el caso de los adolescentes, esta condición se relaciona con las habilidades de liderazgo, popularidad, compañerismo, jovialidad, respeto, entre otras. Además, se considera que la conducta social de los adolescentes presenta varias dimensiones, tales como la consideración con los demás, el autocontrol en las relaciones sociales, el retraimiento social, la ansiedad social o timidez y el liderazgo. De hecho, el retraimiento y la ansiedad social inhiben al adolescente de establecer contactos sociales reales (cara a cara), no me refiero a los contactos por Internet.

Si bien las HS se forman y desarrollan durante la infancia y la adolescencia, hay estudios de psicopatología que señalan que algunos trastornos iniciados en la infancia o la adolescencia van a persistir en las personas adultas, y se asocian a la presencia de problemas psicológicos o psiquiátricos.

Un factor de protección muy importante contra los trastornos psicopatológicos es precisamente el tener buenas HS, pues se ha visto que un déficit en las mismas conlleva modificaciones negativas en la autoestima. La posibilidad de una persona de poner en juego habilidades sociales asertivas en el contexto en el cual vive permite un ajuste social satisfactorio. A su vez, los reforzamientos por parte de los otros potencian en el sujeto una valoración positiva de sus comportamientos sociales, lo que repercute en su autoestima, componente muy importante de la personalidad.

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Por: Dra. Iris Luna
Médico Psiquiatra – Máster en Nutrición
Especialista en Sobrepeso y Obesidad
https://www.facebook.com/iris.luna.oficial

Contacto:  iluna@phronesisvirtual.com 

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