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La tiranía de la comparación: 5 claves para superarla

Por Dra. Iris Luna
La tiranía de la comparación: 5 claves para superarla

Cuando dependemos de otros para nuestro sentido de sí mismos, solo nos sentimos bien si recibimos comentarios positivos o marcadores de estado, estamos en riesgo de caer en depresión”, Mitch Prinstein.

Existen personas que tienen más de lo que tú tienes: estatus económico, aprobación, poder, posición social, reconocimiento académico, fuerza física, belleza, etc., etc., etc. La envidia o rivalidad que provocan es algo natural y con la llegada de las redes sociales este sentimiento incómodo crece de manera exponencial. Los seguidores, los corazones y los “me gusta” pueden esconder una gran variedad de sentimientos, dentro de los que sobresale la envidia y la violencia encubierta.

A juzgar por la página de Facebook, Lucas parece llevar una vida privilegiada. Médico cirujano cardiovascular de mediana edad, jefe del Departamento de Cirugía de un prestigioso hospital, se toma fotos para las redes sociales mientras se entrena en un gimnasio de élite, hace selfies durante congresos internacionales de su especialidad y realiza pequeños videos junto a su joven esposa justo antes de conciertos y espectáculos a los que suele asistir. Aquellos que pasan tiempo con él, también podrían pensar que Lucas es un hombre muy afortunado y bien asentado en la comunidad. Él tiene un hijo de siete años, una mujer exitosa y popular en el mundo del diseño de modas y un perro labrador. Vive en un hermoso apartamento con vista al mar y tiene un auto de alta gama. No obstante, la visión interna de Lucas acerca de su vida es mucho más opaca y menos glamorosa. “Definitivamente no tengo lo que quiero”, “He tomado malas decisiones y me falta mucho para sentirme bien”.

Consultó al psicólogo por insomnio y “una desazón que le mordía el alma”. Notó que su sensación de vacío empeoraba principalmente cuando recorría las redes sociales y empezaba a compararse con sus amigos, colegas y personas de su pasado, muchos de los cuales volvieron a ganar relevancia gracias a su aparición triunfante en Facebook, Instagram y LinkedIn. Pudo ver a su vecino de infancia, Carlos, que logró su sueño de convertirse en un cantante reconocido y que vivía entre Los Ángeles y “el mundo”. Notó que además su amigo contaba con diez millones de seguidores en Facebook. También siguió la trayectoria en Facebook de su compañero de residencia en cirugía, Francisco, quien ahora trabaja para Médicos Sin Fronteras, y publicó en uno de sus posts: “Salgo hoy para Burkina Faso. Se han programado 12 cirugías para el fin de semana”. Luego leyó el hilo de la conversación para encontrarse con más de un centenar de comentarios del estilo: “Eres una persona increíble”, “Dios bendiga tu generosidad y entrega”, “eres el mejor”, y así…

De manera implacable, las comparaciones hicieron que Lucas experimentara una ambivalencia con respecto a sus opciones de vida, especialmente en las relacionadas con el sentido de su existencia. Él siempre quiso ser músico, moverse por el mundo detrás de la aventura. Pero gracias a las imposiciones de su padre, también cirujano de tórax, se quedó asentado en un solo lugar e hizo una carrera prestigiosa, pero de mucha responsabilidad; y junto a su esposa debió dedicar mucho tiempo al cuidado de Mateo, su pequeño hijo que desarrolló autismo.

Si bien, Lucas está agradecido de tener una buena estabilidad económica y beneficios que aporta su cargo, detesta tener que quedarse tanto tiempo metido en un hospital y su trabajo, que considera estresante y agotador: “Lamento mucho haber tomado este camino en la vida debido a que me siento prisionero en muchos sentidos”. Cada vez que se enfrenta a los logros de sus contactos en las redes sociales, sus propias insatisfacciones percibidas, parecen magnificarse y le generan mucho sufrimiento.

Y es que medir el YO contra los OTROS es un modo en el que opera la mente humana y, de alguna forma, esto podría ser útil. Si vemos el lado positivo, pensaríamos que la inspiración o admiración que sientes respecto a los logros de alguien más puede incrementar la motivación para mejorar tu propia existencia (testimonios de vida y superación). Aquí te enfocas en descubrir la forma de aplicar algunas premisas que te beneficien y te hagan sentir identificado con la persona o página que sigues. Por otra parte, el reconocimiento de que tus habilidades son superiores a las de alguien más puede mejorar tu autoestima y auto concepto. Pero, infortunadamente, en muchas ocasiones las comparaciones podrían ser perjudiciales cuando al hacerlas te sientes inferior a los demás, deprimido, ansioso o con rabia hacia la persona con la que te comparas. Si esto se repite una y otra vez, cuando navegas horas y horas en las páginas de quienes envidias, la rabia se acrecienta, así como el malestar contigo mismo. Pese a que es una experiencia desagradable, no dejas de compararte y de sufrir con cada nueva publicación de los otros.  

Las redes sociales (internet) son instrumentos de precisión para la comparación social bastante eficaces. Parte de su singularidad consiste en que traza imágenes bastante sesgadas del universo de cada uno de nosotros. Es muy probable que, como Lucas, la gente comparta experiencias agradables y halagadoras sobre sí mismas, y las compañías tecnológicas usan cada vez más algoritmos para priorizar ese tipo de información en las redes sociales. Estas imágenes infladas de los otros, nos pueden hacer sentir diminutos. Y comenzamos a pensar en el número de seguidores, “me gusta” y “compartir” que tienen nuestras publicaciones. Cuando evaluamos nuestra valía junto a la de los demás, aparecen con frecuencia sentimientos de envidia y menosprecio que nos hacen sentir desgraciados e impiden nuestro crecimiento. La comparación es un impulso fundamental, y no hay manera de bloquearlo por completo. Pero si entendemos sus orígenes, sus mecanismos de acción y la manera como incide en nosotros, podremos mitigar los efectos nocivos y amplificar el bienestar, tanto en la red como fuera de ella.  

La llamada teoría de la comparación social aparece en 1954 y fue propuesta por el psicólogo León Festinger, quién propone la siguiente hipótesis: hacemos comparaciones como una manera de evaluarnos a nosotros mismos. Este impulso se conecta a los juicios instantáneos que hacemos de otras personas, lo que es un elemento muy importante. Tiene que ver con la necesidad evolutiva de evaluar las amenazas y protegerse de ellas. De manera automática e inevitable relacionamos la información que obtenemos de los demás con nosotros mismos. De esta forma, desarrollamos una comprensión de quienes somos, en qué somos fuertes y en qué no somos tan buenos. Además, nuestros objetivos de comparación tienden a ser aquellos con los que nos identificamos más de cerca, así como de aquellas personas que hemos conocido y están dentro de nuestra órbita personal (familia, amigos, colegas, enemigos, vecinos, exparejas) y las comparaciones que apreciamos con mayor exactitud se relacionan específicamente con cosas que, para cada uno de nosotros, tienen un valor especial, como la apariencia física, la popularidad, la capacidad adquisitiva, los logros profesionales u objetivos aún más específicos.

Un investigador puede notar que uno de sus colegas acaba de publicar un artículo en varias revistas especializadas de gran renombre. Para cualquier otra persona, esto carece de importancia. Pero el científico puede pensar: “Mi artículo era de mejor calidad y no fue aceptado por el comité editorial.”

Los efectos de la comparación (ascendente/ descendente) dependen de cómo procesamos la información que nos llega de afuera. Como mencioné antes, la superación personal llega cuando una comparación ascendente nos inspira para esforzarnos más y alcanzar la meta que nos hemos trazado. La autovaloración ocurre cuando notamos nuestras similitudes con alguien superior (¡Ella y yo estudiamos en el mismo colegio!), o minimizamos las diferencias con alguien inferior (Él no es tan disciplinado y perseverante como yo). Y el yo se afecta mucho cuando lo comparamos hacia arriba solo para enfocarnos en diferencias que se sienten insuperables (Ella es exageradamente bella. Yo nunca podría parecérmele). La autoimagen y autoestima, en este último caso, podría afectarnos mucho, si nuestra gran prioridad en la vida es la perfección física. Al compararnos, proyectamos una falta de confianza y somos muy autocríticos. Esto nos genera sufrimiento. Así que la salud mental, de aquellos propensos a la comparación negativa, puede verse muy afectada como resultado de la misma. Afortunadamente, esa tendencia a compararnos parece disminuir a medida que envejecemos, según muestran los resultados de un estudio reciente (Universidades de Essex y Cambridge, 2015). Al ganar edad, es más probable que nos evaluemos a nosotros mismos contra el criterio de nuestro pasado en lugar del estado actual de las demás personas. Es importante señalar que la comparación social generalmente es más potente entre los jóvenes y puede tener mayores complicaciones asociadas.

La tiranía de los “me gusta”

Las redes sociales son como gasolina vertida en la llama de la comparación social, que aumenta de forma exponencial la información sobre aquellas personas a las que estamos expuestos y nos obliga constantemente a “evaluar” y hacer juicios. Todas las noticias están al alcance de nuestra vista, actualizándonos acerca de una gran cantidad de nuestros contactos. Nos enteramos de sus movimientos diarios, viajes de ensueño, visitas a restaurante y en ocasiones hasta de escenas de alcoba que antes ni nos imaginábamos.  La cosa se pone peor por nuestra tendencia a revisar las actualizaciones de las redes sociales en nuestro tiempo de inactividad. Por otra parte, las redes sociales parecen atribuir valoraciones explícitas que nos pueden dar una idea poco realista de lo que ocurre. Los seguidores de Twitter, los corazones rojos de Instagram, las conexiones de LinkedIn o Facebook que le gusta a otra persona en comparación con nosotros pueden parecer pruebas sólidas de ubicación en una escalera ficticia.

¿Qué hacer entonces con las redes sociales?

Cuando las redes sociales nos generan desasosiego o sentimientos de inadecuación, hay algunas formas de aplacarlas. Muchos cierran sus cuentas, eliminan aplicaciones, cambian su configuración, bloquean contactos. Esto último, para evitar atormentarse con las publicaciones y fotos de aquellos que día a día te hacen sentir mal.

Otras personas instalan aplicaciones como “Moment” o “Stay Focused” que te controlan el tiempo que navegas en determinados lugares y te alientan a desconectarte.

Pero aquí lo verdaderamente importante es la manera en que utilizamos las redes sociales, no necesariamente el tiempo en que pasamos en ellas. Lo que nos hace sentir bien o mal, es la forma en que interactuamos con nuestros contactos. Cuando empleamos las redes sociales de manera pasiva, como devorando lo que pasa ante nuestros ojos, nuestro bienestar disminuye. Nos metemos en las vidas idealizadas de los demás, y al compararnos muchas veces no salimos bien librados. Pero contribuir a causas nobles, interactuar en debates, participar de páginas culturales o artísticas y compartir información interesante puede tener un buen efecto para nosotros.

Se considera que la mayor protección contra la comparación despiadada, y la mejor forma de salir de ella, es el desarrollar y mantener un sentido estable y claro de nosotros mismos. Esto quiere decir explorar y disfrutar de nuestra propia identidad, trabajar cada día en mejorar la autoestima (tratarnos bien) y mantenernos sintonizados cada día con nuestros valores y creencias más auténticas. Un sentido estable de nosotros mismos proviene de pensar en quién somos sin andar buscando ningún tipo de retroalimentación. Mantengámonos firmes en nuestros valores y preferencias y sintámonos orgullosos de las personas que somos sin tener que estarlo publicando en las redes. Lo que guardamos puede ser un tesoro que nos define, y merece ser compartido con nuestros verdaderos allegados.

A continuación, te presento cinco opciones de manejarnos en las redes sin ser afectados por la comparación.

1. Que tu objetivo en las redes sociales sea conectarte, no compararte

Hazte cargo de ti mismo cuando navegues por Internet. Es importante que tengas claro el tiempo que vas a dedicar a esta actividad. Optimiza el tiempo y mantente conectado con unas reglas claras: en lugar del “cotilleo” (chisme), o el desplazamiento pasivo, envía mensajes privados para contactarte con gente que te importa, habla de las experiencias compartidas, busca un encuentro emocional genuino y emplea las redes sociales para fomentar y afianzar el tipo de relaciones que sabes que son valiosas para ti fuera de línea.

Abstente de pedir a personas como contactos, solo para ver cómo viven.

2. Persigue el bienestar ascendente

El psiquiatra de San Francisco, Ravi Chandra, recomienda usar el impulso de la comparación social como un trampolín para el verdadero autocrecimiento. En lugar de poner cosas que generan envidia, que es una forma de hostilidad, explora lo que admiras y aprecias sobre otras personas y cultiva la alegría por su éxito. Esto puede ser un catalizador para el crecimiento personal.

3. Inspírate en personas que han conseguido algo por lo que tu trabajas

Una comparación ascendente puede provocarte motivación y esfuerzo para desarrollar tus proyectos. Es posible que existan personas que admiras y son una fuente de inspiración para ti. Mirar con respeto a quién ha sabido superar adversidades y ver que el camino hacia la mejoría es alcanzable, te hará bien. Pero siempre es mejor que te compares con alguien que está unos peldaños arriba que con aquel que se encuentra en la parte más alta de la escalera.

3. No olvides dar las gracias

Si te centras en las cosas buenas que tiene tu vida, es menos probable que te metas en el cuento de envidiar a las personas que tienen lo que se supone que te hace falta. Recuerda que rico no es aquel que más tiene, sino el que menos cosas necesita. Intenta compararte conscientemente de manera descendiente. Por ejemplo, no tienes que beber agua llena de microbios, no tienes que recorrer horas por caminos de tierra para llegar a tu casa. Recordar que, a pesar de algunas frustraciones, tienes una vida genial, te hará sentir mucho mejor.

4. Compárate contigo mismo

Las personas con mayor bienestar suelen hacer buenas valoraciones internas. Están más pendientes de sus propios procesos y viven enfocados en sus propias mejoras a diversos niveles. Un corredor feliz se compara con su desempeño en la última carrera, no con el desempeño de otros que son más rápidos.

Por: Dra. Iris Luna
Médico Psiquiatra – Máster en Nutrición
Especialista en Sobrepeso y Obesidad
https://www.facebook.com/iris.luna.oficial
Contacto:  iluna@phronesisvirtual.com

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