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La importancia de tener un sentido de vida

Por Walter Riso

Cada vez que toco este tema, algunos de mis colegas ultra científicos se miran de reojo, levantan una ceja de forma inquisitoria y se ajustan el cuello de la camisa. Este asunto del motivo de vida, no sé si por qué, produce escozor a más de un académico del área de la salud. No lo pueden aceptar fácilmente porque se aleja de los patrones tradicionales de investigación y tampoco lo pueden rechazar del todo porque parecería que los que logran obtener ese sentido especial viven más tiempo que los que no lo tienen, mejoran sustancialmente su calidad de vida, se enferman menos, afrontan las enfermedades terminales con más entereza, crean inmunidad a la mayoría de las enfermedades mentales, pierden el miedo a la muerte, en fin, adquieren la famosa y añorada paz interior.

Puede que sea idealismo, romanticismo ingenuo o pseudociencia, pero tener un vector interno que dirija la experiencia de vida personal es un privilegio. Quizás la filosofía oriental tenga razón cuando dice que la vida no posee un significado peculiar, pero eso no importa demasiado, porque a la hora de la verdad, el sentido se lo da uno. ¿Qué tiene de malo darle dirección a la propia existencia? La tendencia a trascender y buscar una explicación profunda de por qué estamos vivos es un derecho y no puede prohibirse por decreto.

El sentido personal de vida tiene dos dimensiones. La primera es la autorrealización. Este principio se refiere a la capacidad de reconocer los talentos naturales que poseemos, aquellas habilidades singulares que surgen espontáneamente de nosotros sin tanto alarde ni especializaciones. Simplemente estuvieron  ahí todo el tiempo y todavía persisten ¿Cómo saber que estamos desarrollando estos talentos? Si las respuestas a estas tres  preguntas son positivas, estamos bien encaminados, de no ser así, hay algo que revisar: (1) ¿Pagarías por hacer lo que estás haciendo en tu vida profesional/laboral?, (2) ¿Las cosas que haces bien y disfrutas al hacerlas, han surgido en tí más naturalemente que por aprendizaje?, y (3) ¿Cuando estás ejecutando lo que te apasiona, la gente se acerca a tí en vez de alejarse?. Esa es la clave: una capacidad original guiada por la pasión, que estalla desde adentro y que reune a los demás cuando aparece. Todos la poseemos, todos podemos alcanzarla, todos estamos diseñados para desarrollar nuestro potencial creativo, si nos dejan y tenemos el coraje para hacerlo.

La segunda faceta es la trascendencia. Creer que se está participando en un proyecto universal y aceptar la importancia de ello, nos coloca automáticamente en un plano espiritual. La vida evoluciona en un sentido de complejidad creciente, donde posiblemente seamos la punta de lanza de una transformación que no percibimos. El gran maestro Teilhard de Chardian decía: “La creación no se ha terminado: se está llevando a cabo en este instante”, y si esto es así, estamos participando activamente en ella. Trascender implica tomar consciencia (darse cuenta) de que soy, posiblemente, mucho más de lo que creo ser. Autorrealización y trascendencia: dos caras de la misma moneda.

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Muchos pacientes llegan a la consulta psicológica o psiquiátrica buscando el rumbo perdido, esos sueños adolescentes que suelen aparecer furtivamente en un concierto musical, en una película en blanco y negro, en las rupturas afectivas injustificadas o en las noches de insomnio existencial, cuando cara a cara con la almohada nos preguntamos que carajo estamos haciendo en el planeta. En muchas enfermedades mentales y físicas, el único camino disponible para la recuperación es que el paciente retome el norte y se deje absorver por la pasión inconclusa de lo que podría haber sido y no fue.

El reencuentro con tu sentido de vida puede hacerse a cualquier edad y en cualquier lugar. No hace falta se Sor Teresa de Calcuta, Francisco de Asis o Nelson Mandela. Salvando las proporciones, en tu estilo y a tu medida, siempre tendrás una posibilidad de retomar la vieja vocación perdida.

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4 comentarios

Jackelyn 7 enero, 2021 - 5:49 pm

Excelente aporte gracias Walter.

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Lidia Nieva 8 enero, 2021 - 4:53 am

Felicitaciones Doctor y Gracias por todo lo que nos brinda! Y también contarle que he tenido una Abuela Italiana,de Nápoles, María Anna De Santis! (GRACIAS 😊 por permitirme esta licencia) Mi afectuoso saludo!

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Margaret 10 enero, 2021 - 9:19 am

Te admiro muchisimo Walter . Leer tus libros tus libros es maravilloso .Con todo respeto . TQ. Bendiciones.

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Michelle 10 enero, 2021 - 11:55 am

Cuál es la relación entre el sentido de vida y la vocación?

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