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LA EDUCACIÓN EMOCIONAL: un tesoro invaluable para todos (2º parte)

Por Lic. Marcela Monte
Cómo desarrollar la inteligencia emocional en los niños. LA EDUCACIÓN EMOCIONAL: un tesoro invaluable para todos (2º parte)

La conciencia emocional

La actividad propuesta al final de la 1º parte de este artículo rinde sus frutos: habiendo revisado nuestro ámbito emocional intrapersonal e interpersonal, estamos mejor posicionados para abordar el camino de la educación emocional con los pequeños, pues la educación emocional se realiza con una metodología eminentemente práctica, y solo se puede enseñar aquello que se sabe.

Muchas de las habilidades que nos interesa exponer a los niños, son para que no sufran alguna desventaja que hemos vivido en carne propia, o que hemos superado a lo largo de nuestra vida con duras experiencias que quisiéramos evitarles. Hoy sabemos que pueden allanarles el camino, y quisiéramos salvaguardarlos de sufrimientos innecesarios. Si bien la educación emocional puede ser tendencia en los ámbitos educativos, el mejor lugar para dar inicio a este aprendizaje es el hogar. De esta manera también colocaremos una impronta personal y distintiva de nuestra familia.

Tal como quedara planteado en la anterior entrega, quiero presentarles un ejercicio práctico para desarrollar y ejercitar la conciencia emocional:

Me conozco + te conozco = nos conocemos

Trabajar la conciencia emocional con esta modalidad es algo que puede hacerse en cualquier momento y aprovechando cualquier circunstancia de nuestro día a día.

Un ejercicio sencillo para aplicar en mí mismo varias veces al día, y enseñar a los niños es realizar estas preguntas (y responderlas):

  • ¿Cómo me siento?
  • ¿Por qué me siento así?
  • ¿Cómo estoy manifestando lo que siento?
  • ¿Esta emoción me ayuda en la situación actual?
  1. Si me ayuda: ¿Qué estrategia puedo aplicar para mantenerla?
  2. Si no me ayuda: ¿Cómo podría cambiarla para sentirme mejor?

En el mismo sentido, para dar el primer paso con los pequeños, hagamos las mismas preguntas dirigidas a ellos, y apoyemos a la búsqueda interior de las respuestas, y a que hallen las palabras para expresarlas:

  • ¿Cómo te sientes?
  • ¿Por qué te sientes así?
  • ¿Cómo estás manifestando/mostrando lo que sientes?
  • ¿Esta emoción te ayuda en la situación actual?
  1. Si te ayuda: ¿Qué podrías hacer para mantenerla?
  2. Si no te ayuda: ¿Cómo podrías cambiarla para sentirte mejor?

Un ejercicio 2 muy sencillo de realizar, y muy efectivo para hacer contacto en el momento presente con la emoción que estoy sintiendo. Si yo lo practico personalmente, entonces me resultará más sencillo guiar al niño, y acompañarlo neutralmente, sin juzgar la emoción como apropiada o inapropiada, con la intención de que le ponga palabras a su experiencia y vaya encontrando nuevas maneras de expresarse en lo que a sus emociones se refiere. Vale decir, que para contar con un amplio vocabulario emocional, hay que comenzar usando palabras que etiqueten estados internos, y así se facilita su expresión en forma habitual. Resulta de la misma relevancia el ayudar a identificar la causa de las emociones, ya que suele ocurrir que hay conductas que son consecuencia de una emoción, y se manifiestan en un ambiente distinto al que la produjo, y la gran mayoría de las veces es en el entorno seguro del hogar. Cuando los niños son pequeños, o presentan alguna dificultad en la comunicación verbal, suele ser de gran utilidad trabajar con dibujos de personajes que ellos conozcan, o con imágenes dibujadas o impresas a propósito de representar determinadas emociones, y usarlas de referencia para expresar el propio estado de ánimo. Existen en la web sitios con imágenes y pictogramas diseñados con este objetivo. Se pueden utilizar los que mejor se adapten a nuestra realidad, o sean de preferencia de los niños.

Siempre que trabajemos con este tipo de ejercicios, es prioritario partir de la base de que todas las emociones son genuinas por el simple hecho de experimentarlas, que ninguna emoción está bien o está mal, y que debemos aceptarlas para poder luego regularlas y usarlas en favor propio. También debemos ser muy claros para explicar –con palabras- y demostrar –con hechos- que a pesar de ser legítimas y aceptables, las emociones no nos habilitan a cualquier comportamiento automático como consecuencia de un estado emocional (como sería golpear a alguien porque me enfada su manera de hablarme o comportarse, o romper un objeto porque falló en su funcionamiento). Prevenimos así una posible impulsividad, que boicotea el desarrollo los procesos de autogestión de las emociones.

Ayudar a los pequeños a identificar y reconocer las emociones como parte de sus propias experiencias internas, como así también de las experiencias internas de los demás, y tenerlas presentes como factores que pueden afectar positiva o negativamente sus relaciones con los otros, facilita notablemente el desenvolvimiento de las interacciones entre las personas. La evidencia es abrumadora, y por ello se han incorporado -en algunos países con más fuerza e institucionalización que en otros-, programas de educación emocional en los colegios, ya como parte de un repertorio de aprendizajes con resultados muy favorables en el rendimiento académico, y transformaciones de los ambientes de estudio en más distendidos y agradables.

Comencemos en casa, y vamos avanzando con la educación emocional desde nuestros hogares. Lo que sí es claro, es que manejar el lenguaje de la educación emocional nos brinda una gran ventaja en la vida para que las personas se desenvuelvan con parámetros de interrelaciones transparentes y elevados.

NOTA: a menudo utilizo la palabra “niño” para referirme a niños y a niñas, y padres, para referirme a las madres también, sólo con la intención de hacer más grata la experiencia de lectura.

Por: Lic. Marcela Monte
Licenciada en Psicología
Universidad Nacional de San Luis / Argentina
Psicoterapeuta Cognitivo – Conductual Infantil
Contacto: info@infantopsicologia.com

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