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Inteligencia emocional: clave para ser exitosos

Por Phrònesis
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El concepto de Inteligencia Emocional (IE) fue acuñado por P. Salovey y J. D. Mayer en 1990. En aquel entonces, se estipuló que la IE refiere la habilidad para percibir con precisión, valorar y expresar nuestras emociones; la habilidad para acceder a / o experimentar sentimientos; la habilidad para comprender nuestras emociones y las de los demás (conocimiento emocional), y la habilidad para regular las emociones, de manera que podamos promover nuestro crecimiento físico y mental. 

Según Daniel Goleman, profesor de psicología de la Universidad de Harvard y autor del bestseller Inteligencia Emocional, el concepto se define como “la capacidad para reconocer, aceptar y canalizar nuestras emociones, dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, lograr (lo que nos proponemos) y compartirlo con los demás”.

Básicamente, Goleman nos enseña a desarrollar la IE para evitar que las emociones negativas nos dañen o perjudiquen y utilizarlas, en su lugar, como herramientas para mejorar.

Secuestros emocionales y cómo evitarlos

Nuestro cerebro se divide en dos estructuras, una de ellas representa el “lado racional”, lógico y analítico, mientras que la otra es el “lado emocional”. Anteriormente, se creía que un IQ (Cociente Intelectual) alto significaba éxito en la vida profesional, pero estadísticamente se ha concluido que el EQ (Cociente Emocional) es más importante. 

Si bien es cierto que nuestra capacidad para razonar nos permite solucionar problemas y situaciones eficazmente, no es el secreto para la felicidad ni el éxito personal. Goleman afirma que el Cociente Intelectual solo predice entre el 10 y el 20 % del éxito en la vida. De hecho, parece ser prácticamente irrelevante en nuestras relaciones, porque lo que importa al fin y al cabo no es nuestra capacidad intelectual sino nuestras aptitudes personales.

¿Alguna vez te has preguntado por qué somos tan impulsivos? Antiguamente, cuando la supervivencia física lo era todo, la estructura de nuestro cerebro se programó para actuar antes de pensar, algo muy útil en la lucha contra animales salvajes o para huir en caso de peligro.

En el siglo XXI, seguimos con esa mentalidad. Sufrimos “secuestros emocionales” que nos llevan a perder el control de nuestra mente racional para volvernos esclavos de nuestras emociones. Esto explica que realicemos actos sin sentido, como gritarle a un ser querido por un accidente. 

Aún así, la IE se puede desarrollar y mejorar. Los aspectos que debemos atender para lograrlo son: 

1. Autoconocimiento emocional

Es estar consciente de nuestras propias emociones y de cómo influyen en nuestro comportamiento. Debemos convertirnos en un explorador, observando e identificando cómo nos sentimos. Puede sonar absurdo, pero es necesario aprender a etiquetar los sentimientos y las emociones, poder decir “ahí está el enojo”, “ahí está la alegría” o “ahí está la tristeza”.  

2. Autorregulación emocional

Una vez que identificas la emoción o el sentimiento que estás experimentando, debes aprender a gestionarlo. Tú decides cómo reaccionar ante un suceso, no tus emociones. Gestionar significa poder ordenar a nuestra mente emocional que se calle y dejar que la mente lógica tome el control, así reaccionarás de una manera mucho más prudente, evitando perder el comando de tu cuerpo ante un secuestro emocional.

3. Automotivación

Enfocar las emociones hacia nuestras metas nos permite mantener la motivación y prestar atención a los objetivos en lugar de los obstáculos. Goleman utiliza la frase “fallar está muy bien, significa que estás más cerca de conseguir tus objetivos”. Nos resalta la importancia de cometer errores, ya que nos ayudan a crecer en cualquier aspecto de la vida. Por ello, debemos ser optimistas. Ante un fracaso, una persona pesimista abandona el sueño por el que luchaba, en cambio, una persona optimista lo vuelve a intentar hasta lograrlo.

4. Empatía

Una mayor Inteligencia Emocional equivale a mejores habilidades sociales. Al saber reconocer tus propias emociones, puedes generar empatía con otras personas. Si percibimos empáticamente que alguien se siente triste o desesperanzado, seremos más capaces de influir en la forma de responder a sus emociones. Podremos mostrar preocupación y haremos un esfuerzo para ayudarle a sentirse mejor. Te convertirás en un detector de sentimientos y esto te permitirá entender mejor a otros individuos, estableciendo relaciones más sólidas y duraderas.

5. Relaciones interpersonales

Las personas tenemos el poder de influir en las emociones externas de forma positiva o negativa. Podemos alegrar a otros o hacerlos enfurecer, casi podría decirse que, a veces, tenemos el control sobre las emociones de los demás.

Una buena relación con nuestro entorno es una fuente imprescindible de dicha que contribuye a nuestra felicidad personal y, en muchos casos, nuestro desempeño laboral. Gracias a la Inteligencia Emocional, podemos ir más allá de pensar en cómo nos hacen sentir los demás, y ser conscientes de que cualquier interacción entre seres humanos se lleva a cabo en un contexto determinado.

Si pones en práctica a diario ejercicios que trabajen estos principios, muy pronto comenzarás a notar un cambio radical. Nuestro cerebro es extremadamente flexible y no estamos condenados a una vida de sumisión frente a nuestras emociones. Con ayuda de la IE, podemos alcanzar el éxito personal y laboral que tanto soñamos. 

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