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La comida y las emociones: un vínculo estrecho

Por Phrònesis
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Nuestro organismo funciona como un todo en el que tanto cuerpo como mente se encuentran estrechamente vinculados.

Sin el buen funcionamiento de alguno de estos elementos, difícilmente conseguiremos el pleno bienestar emocional, de manera que lo que comemos no solo afecta el cómo nos sentimos, sino que, además, cómo nos sentimos también afecta nuestra manera de comer. 

La inteligencia emocional se ha definido como la capacidad de percibir los sentimientos propios y los de los demás, distinguir entre ellos y servirse de esta información para guiar el pensamiento y la conducta personal, así como influir o ser partícipe de la conducta de quienes nos rodean.

Sin lugar a dudas, la Inteligencia Emocional es el pilar básico del éxito, del carisma y de la capacidad de liderazgo.

Ahora bien, los alimentos también influyen en nuestro estado de ánimo, pues algunos contienen aminoácidos y otras sustancias químicas, como el triptófano, que repercuten en nuestro humor. El triptófano es un precursor de la serotonina (neurotransmisor asociado a la felicidad) que en niveles bajos tiene relación con la depresión y la obsesión.

Para que la alimentación no sea puramente emocional, es decir, para que la causa de nuestra ingesta no se encuentre siempre en las emociones sino que más bien nuestro consumo de alimentos se ajuste al hambre real, debemos entender que la comida brinda placer y es un desestresante, pero no soluciona nuestros problemas y solo calma la ansiedad temporalmente.

Aprendiendo a alimentar nuestro cuerpo y mente

Si dejamos que ante cada emoción nuestro cuerpo ingrese comida, tendremos un exceso de calorías que puede desencadenar obesidad a largo plazo. A su vez, si reprimimos nuestros deseos de comer algo dulce de vez en cuando, también estaremos alterando el equilibrio entre emociones y comida, pues cuando nos permitamos por fin comer un pastel no lo disfrutaremos y sentiremos culpa por haberlo hecho (incluso sabiendo que es normal comer por placer de vez en cuando).

Debemos saber que la comida brinda placer y es un desestresante, pero no soluciona nuestros problemas y solo calma la ansiedad temporalmente.

Entonces, para establecer un equilibrio que no perjudique nuestra salud, debemos controlar la alimentación basada en nuestras emociones y, al mismo tiempo, permitirnos satisfacer nuestros antojos a veces.

 ¿Qué alimentos inciden directamente en nuestro estado de ánimo?

Algunos alimentos están asociados con las emociones debido a sus componentes principales, que elevan nuestro estado anímico:

Ácidos grasos omega 3

Pescados azules como el atún, el salmón o la caballa son los alimentos con mayor concentración de estos ácidos grasos.

Triptófano

Es un aminoácido esencial para promover la liberación de la serotonina, un neurotransmisor que juega un importante papel en la inhibición de la ira y la agresividad. Es un nutriente abundante en los huevos, la leche, los cereales integrales, los dátiles, los garbanzos, los frutos secos y los plátanos.

Teobromina

La teobromina es un alcaloide que solo se encuentra en el cacao, el guaraná y la yerba mate. Se trata de un importante estimulante del sistema nervioso central, de ahí que los tres alimentos en que se halla provocan un efecto inmediato sobre nuestro estado emocional.

Fenilalanina

La fenilalanina tiene un claro efecto antidepresivo y funciona también como analgésico. Además, ayuda a incrementar los niveles de endorfinas, lo que nos da sensación de bienestar.

Se encuentra en alimentos ricos en proteínas, tanto de origen animal (como la carne, el pescado, los huevos y los productos lácteos) como de origen vegetal: espárragos, garbanzos, lentejas.

Vitaminas B y C

Las vitaminas hidrosolubles del tipo B y C son esenciales para nuestro bienestar emocional y físico, dado que cumplen un papel fundamental en nuestro organismo. La vitamina B se encuentra en las proteínas de origen animal y vegetal: carne, pescado, huevos, lácteos, levadura de cerveza, germen de trigo. La vitamina C se encuentra en muchos vegetales y frutas, aunque la mayor concentración se halla en el pimiento, el perejil, el kiwi, el brécol o brócoli y los cítricos.

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