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Fingir olvido no construye perdón

Por Phrònesis
Redacción Editorial Phrònesis.

Recordar proviene del latín recordari: “Volver a pasar por el corazón”.

Olvidar deriva del latín oblitare: “Oscurecer la memoria”.

En los peores casos, esquivamos la nada fácil tarea de perdonar oscureciendo la memoria, escondiéndonos bajo la piel de la negación o reprimiendo nuestras emociones con tal de no plantar cara al dolor de una palabra, un gesto, una mentira, una ausencia. Esto no solo nos aparta del camino a un cierre de ciclo auténtico, sino que abre heridas más profundas y da cuerpo a la tristeza y el resentimiento.  

Contrario a lo que muchos piensan, la verdadera esencia del perdón no consiste en el alivio de culpas ajenas, la concesión de favores o el cumplimiento de presuntas obligaciones morales. Perdonar es, en cambio, soltar las amarras de un pasado que ya no existe para dibujar el horizonte de un futuro mejor.

“Tengo la teoría de que, cuando uno llora, nunca llora por lo que llora sino por todas las cosas por las que no lloró en su debido momento”.

Mario Benedetti

Según la psicóloga Michelle Roya Rad, la razón principal por la que nos cuesta tanto perdonar es que no entendemos lo que perdonar significa. En un gran malentendido, asumimos que el acto del perdón conviene exclusivamente al otro, a quien nos ha lastimado, esto conduce a una especie de perdón placebo que se ocupa más de procurar la amnesia de los males vividos que de reconocerlos, asumirlos y sanarlos.

“Lo que perdonamos, lo liberamos”, explica Roya, “Pero lo que olvidamos a través de la represión continúa ahí, afectandonos. Quienes intentan olvidar en lugar de perdonar han aprendido a negar cualquier tipo de sentimiento relacionado con la persona que necesitan perdonar sin saber que esto, a largo plazo, solo crea más resentimiento y rabia, ya sea hacia el perpetrador o hacia un tercero que, la mayoría de las veces, resulta salir muy afectado”.

Fingir olvido no equivale a construir perdón; convencernos de que la ofensa vivida “no fue tan grave” en un intento por minimizar el propio sufrimiento es una medida tanto inútil como dañina. Perdonar implica atravesar un proceso que no solo amerita paciencia y determinación sino plena conciencia de cuánto, cómo y por qué se ha sufrido para definir qué y a quién perdonar. Cuando censuramos nuestras emociones y pensamientos para evitar sentirnos vulnerables o cuando preferimos “ya no tocar el tema”, permitiendo que el círculo se mantenga abierto y punzante, nos privamos de un bien mayor que aguarda más allá de la represión: la paz mental.  

Según el psicólogo de la Universidad de Stanford, Frederik Luskin, nuestras expectativas son factores mentales que pueden contribuir a mantenernos anclados al puerto del odio y el resentimiento. Para Luskin, director de una serie de estudios enfocados en la importancia del perdón (The Stanford University Forgiveness Projects), es preciso “dejar de esperar cosas de los demás que ellos no han elegido darnos, reconocer que ciertas cosas no se pueden forzar” y priorizar en la salud, la paz y la prosperidad que cada quien es capaz de conseguir por sí mismo a través del esfuerzo y el trabajo constante. Perdonar debe ser un acto voluntario, libre de coerción y no guiado por una falsa creencia de necesidad.

No es que vayas a reconciliarte con la persona que te hirió, o que justifiques lo que hizo. En lugar de eso, el perdón puede definirse como “la paz y el entendimiento que llegan cuando dejas de culpar a quien sea que te haya lastimado, cuando eres capaz de tomar esa experiencia de vida de una manera menos trágica y dejas de quejarte”.

Fred Luskin

Reconocer que incluso el dolor y la decepción ocultan oportunidades de incalculable riqueza para aprender de uno mismo y de los demás permite que vayamos a la par de las circunstancias sin oponer tensión, sin forzarnos a la adopción de posturas que puedan causarnos o causar daño. Respetar la propia senda hacia el perdón, el tiempo y la longitud de los pasos que somos capaces de dar es, también, una muestra de amor propio. Es decirse a uno mismo: “Estoy aquí para ti. Caminemos juntos”.

Por: Redacción equipo Editorial Phrònesis.


Referencias:
Luskin, F. (2010). 9 Steps – Forgive for good (9 Pasos – Perdona por tu bien). Learningtoforgive.com. Disponible en http://learningtoforgive.com/9-steps/
Roya Rad, M. (2011) The 5 Psychological Stages Of Forgiveness (Las 5 Etapas Psicológicas del Perdón). The Huffington Post. Disponible en
http://www.huffingtonpost.com/roya-r-rad-ma-psyd/psychological-stages-of-f_b_955731.html

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