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Expareja y buenos amigos: ¿madurez o masoquismo?

Por Phrònesis
Expareja y buenos amigos: ¿madurez o masoquismo?

No todas las relaciones de pareja acaban en malos términos. Algunas personas aseguran conservar un lazo de amistad sólido y desinteresado con su expareja luego del rompimiento del vínculo amoroso, en especial cuando hay hijos de por medio o cuando el entendimiento emocional dentro de la relación ha sido positivo.

De hecho, el asunto por descubrir no es si entablar una amistad con nuestra expareja es posible. La verdadera pregunta es si conviene hacerlo, si nos edifica, si contribuye a nuestro bienestar en el futuro y, desde luego, en qué momento no acarrea perjuicio emocional para ninguna de las dos partes.

Para la psicóloga Jill Weber, existen cuatro razones para alejarnos por completo de nuestra expareja luego de terminar una relación:

  1. Para sanar el dolor de la separación.
  2. Para permitirnos ser tocados por energía nueva (lugares, personas y situaciones distintas que nos ayuden a seguir adelante).
  3. Para asimilar que la relación terminó y evitar alimentar fantasías.
  4. Para reflexionar acerca de nuestras propias equivocaciones.

Cuando las personas insisten en mantener el contacto con su expareja luego de una ruptura, normalmente lo hacen para dar pie a falsas esperanzas acerca de una posible reconciliación, lo cual entorpece el proceso de duelo porque ejerce una especie de efecto analgésico sobre la herida.

Para la terapeuta y autora Nina Atwood, ser amigo de nuestra expareja “impide que sintamos la profundidad completa de la pérdida, suavizando el impacto de la ruptura”. Incluso si no existe atracción sexual — explica Atwood —. El hecho de sostener una amistad mantiene viva la intimidad emocional que se compartía con la pareja y hace más difícil que podamos avanzar porque nos encadena al pasado.

Dejar ir significa darse cuenta de que algunas personas forman parte de tu historia, pero no forman parte de tu destino” — Steve Maraboli

Desde luego, un aspecto determinante que debe ser explorado para comprender mejor las desventajas que podría acarrear el ser amigo de nuestra expareja son las razones por las cuales queremos serlo, así como las condiciones en las que se desarrolló y culminó la relación.

¿Ser amigo de tu expareja? ¿Con qué intenciones?  

Es importante identificar señales de retroceso o estancamiento disfrazadas de “intenciones nobles de amistad”.

Debemos ser muy sinceros con nosotros mismos y preguntarnos cuáles son los motivos que nos impulsan a desear una amistad con nuestra expareja. La primera hipótesis involucra un deseo secreto de reconciliación, pero también es posible que veamos la amistad como una oportunidad para seguir obteniendo algún beneficio (apoyo emocional o económico, por ejemplo).

Es importante identificar señales de retroceso o estancamiento disfrazadas de “intenciones nobles de amistad”, como el deseo de pasar tiempo con nuestra expareja en lugar de salir con amigos o conservar fotos y artículos personales que alimentan memorias de la relación.

Cuando existe una carga emocional palpable en el deseo de forjar una amistad con la persona con la que, probablemente, habíamos planeado compartir nuestra vida, puede generarnos mucho daño al hacerla realidad.

“Si quieren ser amigos, tendrán que serlo después de que el proceso de sanación haya ocurrido”, opina la psicóloga Susan Elliot, ya que cada miembro de la relación necesita tiempo para restaurar su identidad como individuo y no como parte de un dúo.

No obstante, la decisión de conservar una amistad — así sea libre de intenciones románticas — también depende del bienestar que la presencia de nuestra expareja pueda generar — o entorpecer — en nuestra vida.

Cuando una relación sentimental fracasa a raíz de conductas disfuncionales como abuso psicológico o violencia física y verbal, la única salida posible ha de ser siempre el distanciamiento y tomar las medidas necesarias que atiendan a nuestra seguridad y plenitud emocional.  

No aceptes en tu vida una segunda vez a quien te hirió indiscriminadamente la primera. Los títulos y los privilegios cambian, pero las personas siguen siendo las mismas hasta el día que decidan, sinceramente y por voluntad propia, evolucionar hacia una mejor versión de sí mismas.  

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