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¿Por qué sigo buscando a mi ex si no quiero volver con él?

Por Phrònesis
Los estudios sugieren que nos volvemos adictos a la memoria de nuestros ex como a la cocaína, y buscamos retomar el contacto para aliviar la tensión.

Cuando nuestro círculo de amigos íntimos descubre que hemos establecido (o intentado establecer) contacto con nuestra ex pareja, las opiniones suelen ser inmediatas. 

En el caso de rupturas difíciles y dolorosas, siempre habrá un amigo que destaque por su sinceridad y utilice el término “masoquista” o “carente de amor propio” para describir la naturaleza de nuestras intenciones. Sin embargo, y aunque puede haber un problema de autoestima oculto bajo nuestro interés por acercarnos a nuestra ex pareja, esto no siempre significa que deseemos volver a intentarlo. 

Gracias a la psicología y la neurociencia, hoy podemos saber que el abanico de factores que influyen en nuestra respuesta emocional ante una ruptura amorosa es tan amplio que no podemos atribuirlo todo a una baja autoestima. De modo que, ¿cómo llamar a ese extraño impulso que nos empuja a buscar a nuestra ex pareja luego del rompimiento, aunque no tengamos interés en una reconciliación? 

La neurociencia del amor o (“¿por qué no dejo de pensar en mi ex?”)

Helen Fisher se ha convertido en una eminencia en el campo de la antropología biológica. Hace un tiempo, uno de sus estudios de análisis conductual mediante resonancia magnética funcional (IRMf) encontró los cambios que ocurren en el cerebro cuando alguien nos abandona, o cuando nuestra relación amorosa termina.

Los hallazgos de Fisher indican que el cerebro humana asimila este tipo de experiencias activando regiones neuronales asociadas con la adicción y el trastorno obsesivo-compulsivo, lo que explica por qué solemos tener dificultades para dejar ir a nuestros ex (incluso si ya no existe un vínculo emocional).

Sumado a esto, la investigación revela que el duelo posterior a una ruptura amorosa puede extenderse meses e incluso años. No existe un “manual para dejar ir a los amores rotos” o un promedio del número de horas que debemos llorar y lamentarnos para superar el desamor. Esto hace que la mayoría de las personas asociemos el recuerdo de nuestra ex pareja con fuertes sentimientos de tristeza y desesperanza.

Por desgracia, el cerebro parece programarse para estar predispuesto a este tipo de emociones, de modo que nos volvemos adictos a la memoria de nuestros ex como a la cocaína, y es posible que busquemos retomar el contacto como una forma de aliviar la tensión.

El efecto “entre menos me quiere, más lo quiero”

Los estudios de Helen Fisher describen el extraño mecanismo de “amortiguación” que parece adoptar nuestro cerebro para combatir la tristeza ante el rechazo:

(En personas que fueron rechazadas), encontramos actividad en exactamente la misma región del cerebro asociada con el amor romántico intenso. Qué maltrato. Ustedes saben, cuando les han dejado, lo único que quisieran hacer es olvidarse de este ser humano y seguir con su vida, pero no: resulta que lo aman con más fuerza. Como el poeta romano Terence dijo una vez: “Mientras menor es mi esperanza, más candente es mi amor”. Esto sucede porque ese sistema del cerebro, el sistema de recompensa por deseo, por motivación, por ansias, por enfoque, se hace más activo cuando no podemos obtener lo que deseamos”.

Las investigaciones de Fisher y su colega, Lucy Brown, también explican el fenómeno de negación de la realidad que muchos experimentamos ante el abandono de una pareja amorosa:

  • El rechazo activa una zona del cerebro relacionada con la evaluación de pérdidas y ganancias (la misma que entra en juego cuando vamos a tomar una decisión financiera). Debido a esto, es común que las personas que acaban de ser “dejadas” por su pareja piensen en ella una y otra vez, intentando descubrir en qué fallaron, qué hicieron mal y cómo debieron haber actuado para evitar la ruptura.
  • Además de la evaluación de pérdidas y ganancias, los estudios sugieren que nuestro cerebro afronta el rompimiento a través de la activación de una región neuronal asociada con el apego profundo. Esto explica por qué sufrimos tanto al ser “abandonados” (y por qué ocurren tantos crímenes pasionales en el mundo). Nuestras conexiones neuronales, lejos de enviar un mensaje optimista de resiliencia, hacen que nos sintamos más apegados que nunca a nuestros ex, de modo que experimentamos “una energía intensa, un enfoque intenso, motivación intensa y voluntad para arriesgarlo todo con tal de ganar ese preciado premio de la vida”. 

Cómo superar a un ex (a pesar de nuestro cerebro)

Aunque, biológicamente, parecemos estar predispuestos a encontrar obstáculos para dejar ir a una ex pareja, la tarea no es imposible. Hablamos de una etapa dolorosa y complicada que, no obstante, las personas consiguen superar eventualmente, y de la cual se aprende mucho. 

La evidencia científica nos permite disponer de algunos consejos realmente útiles para superar una decepción amorosa:

  • Primero, es importante saber que la búsqueda de explicaciones lógicas para el rompimiento es normal, pero malsana. La evaluación de ganancias y pérdidas nos juega una mala pasada, y puede enloquecernos si no tomamos la sólida decisión de, simplemente, aceptar el sufrimiento y descubrir lo que vino a enseñarnos. No podemos ir atrás en el tiempo, no podemos manipular la mente o emociones de los demás; tan solo queda tomar las riendas del presente y saber que, citando a Stephen Chbosky, “la vida no se detiene por nadie”.
  • Los síntomas del amor y el desamor han sido expuestos por la neurociencia: un patrón idéntico a la adicción a cualquier droga en el mundo. De modo que superar a un ex es posible siguiendo los pasos que un drogodependiente recorrería para desintoxicar su cuerpo: alejarnos de la tentación, deshacernos de todo lo que nos recuerde a él/ella, dirigir nuestro tiempo y energía a actividades que nos mantengan ocupados, y repetir esto durante días, semanas o meses, hasta que nuestra mente y nuestro corazón puedan declarar: “Finalmente, he sanado”. 

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