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Estrés y vida cotidiana

Por Dr. Rodrigo Mazo Zea
estrés y vida cotidiana

Esta columna pretende abordar el tema del estrés desde posturas científicas, con evidencia empírica, y con un lenguaje accesible para la comprensión de este fenómeno que nos afecta de alguna manera a todas las personas, aunque no alcance a constituir en todas ellas un trastorno o patología definida.

En el mundo “uno de cada cuatro individuos sufre de algún problema grave de estrés y en las ciudades, se estima que el 50 por ciento de las personas tienen algún problema de salud mental de este tipo”. Esta afirmación de Caldera y colaboradores (2007) nos indica que el estrés es un fenómeno común en todas las esferas sociales y que por ende, debe ser tratado como un problema de enorme relevancia en la sociedad.

El término estrés es usado de manera indiscriminada para referirse a diversas manifestaciones, fundamentalmente de activación fisiológica, como respuesta a situaciones de demanda para los seres vivos en general. Por eso su definición resulta un tanto compleja, dada la diversidad de acepciones del término en múltiples campos del conocimiento. El concepto de estrés como tal se ha utilizado históricamente para denominar realidades muy diferentes. Es un concepto complejo, vigente e interesante, del cual en la actualidad no existe consenso en su definición.

Sin embargo, se puede afirmar que el estrés, como estado de activación del organismo, se ha “satanizado”, pues se le acusa de ser causante de incontables problemas y hasta de trastornos psicológicos. Este extremo negativo del estrés niega la posibilidad de que sea concebido como necesario en el afrontamiento de las diversas demandas de nuestra vida cotidiana.

Frente a esto, Labrador (2012) plantea que desde los enfoques que se centran en la calidad o naturaleza del estrés, se distingue si este es negativo, denominado distrés, o positivo, denominado eustrés. Cuando las respuestas a los estímulos estresores se realizan en armonía, con manifestaciones fisiológicas y psicológicas acordes a las condiciones de la situación que enfrenta el sujeto, son adecuadas en relación con la demanda y se consume biológica y físicamente la energía dispuesta por el sistema general de adaptación, se habla de eustrés. Este nivel de estrés facilita poner en juego habilidades y estrategias de afrontamiento que resultan adaptativas, gracias a la activación o impulso que motivan la acción.

Inversamente, cuando las respuestas han sido insuficientes o exageradas en relación con la demanda, ya sea en el nivel biológico, físico o psicológico, entonces se produce distrés. Esta reacción afecta las posibilidades de enfrentar de manera adecuada una situación, pues la persona no es capaz de procesar de manera realista la información y se bloquea para la acción.

Desde esta perspectiva, una cantidad de estrés óptimo produce un estado de alerta necesario para obtener un rendimiento físico y mental que permita al individuo ser productivo y creativo. Así, el estrés da lugar a una sensación de confianza, de control y de capacidad para abordar y llevar a buen término tareas, retos y demandas concretas, con la energía y motivación suficientes para encarar las exigencias y condiciones de las tareas que se deben afrontar. Esta actitud, relacionada con el eustrés o estrés positivo, se refiere a la activación necesaria para culminar con éxito una determinada prueba o situación complicada.

estrés y vida cotidiana

“El estrés positivo, se refiere a la activación necesaria para culminar con éxito una determinada prueba o situación complicada.”

Distrés y estímulos estresantes

Lazarus y Folkman (1986) proponen que el estrés psicológico es una relación particular entre el individuo y el entorno que es evaluado por este como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar.

Desde esta propuesta, referida fundamentalmente al distrés, se distinguen las siguientes condiciones como potencialmente estresoras:

  • La novedad de la situación: Las situaciones nuevas y desconocidas generalmente implican ambigüedad para el sujeto, pues precisan de inferencias para ser interpretadas. La probabilidad de error es mayor en tanto más grande sea el nivel de inferencia que debe hacerse, lo que lleva a una mayor percepción de amenaza y por ende de estrés.
  • La falta de predictibilidad: Se refiere a la posibilidad de lo que podrá suceder al hacer frente a una situación. A mayor predictibilidad de una situación, aunque sea negativa, menor será la respuesta de estrés.
  • La incertidumbre del acontecimiento: Hace alusión a la probabilidad de ocurrencia de un determinado acontecimiento. Las respuestas de estrés disminuyen a medida que se incrementa la certeza de que el evento va a producirse o no.
  • La inminencia de la aparición: Se remite al tiempo que media antes de la aparición del acontecimiento. Si la inminencia del evento es mayor, más rápida deberá ser la respuesta del sujeto para responder a las demandas del hecho, por tanto tendrá una mayor respuesta de estrés.
  • La duración: Es el tiempo de duración del acontecimiento. Los estresores crónicos suelen generar agotamiento de los recursos físicos y psicológicos del individuo, lo que incrementa el nivel de estrés. Sin embargo, cuando hay habituación, la respuesta de estrés tiende a decrecer.
  • La incertidumbre temporal: Cuando se tiene la certeza de que un evento amenazante va a ocurrir, pero no se tiene precisión acerca del momento de su inicio. La espera del hecho genera mayores niveles de ansiedad anticipatoria.
  • La ambigüedad: Una situación es ambigua cuando la información que se tiene sobre ella resulta insuficiente, o es poco clara o confusa, lo que no permite definir claras estrategias de afrontamiento.

La relación que establece el sujeto con un hecho valorado desde alguna o varias de estas condiciones estresoras, suele generar reacciones de estrés que en principio movilizan a la búsqueda de opciones de afrontamiento, pero que pueden afectar el desempeño frente a las demandas del hecho, resultando un factor de afectación para el desempeño en actividades que implican la puesta en escena de estrategias de acción para sortear la situación.

estrés y vida cotidiana

El estrés psicológico pone en riesgo el bienestar y la salud de la persona que lo padece.

Estrés y diferencias individuales

Es importante abordar otro asunto relacionado con la vulnerabilidad que pueden tener diversas personas hacia el estrés debido a que las diferencias individuales en los mecanismos biológicos del estrés, que pueden tener una base genética o ser adquiridas a lo largo de la vida, determinan las diferencias en la predisposición o vulnerabilidad de los individuos para desarrollar respuestas relacionadas con este.

Es por esto que mientras unas personas reaccionan de manera calmada frente a un hecho, otras tendrán actuaciones exacerbadas que les llevan a desesperarse ante las demandas de una situación. La explicación se remite a la forma de asumir e interpretar los hechos, que conllevan a diferentes niveles de vulnerabilidad en cada persona. Esta vulnerabilidad, como predisposición al estrés, puede tener bases biológicas o de aprendizaje, y deben conllevar a cada persona a reconocerse en sus tendencias de respuesta y definir estrategias adecuadas para controlar las manifestaciones de estrés que pueden afectar su vida cotidiana.

Como conclusión, el estrés en sí es una reacción ligada a la percepción de las demandas de nuestra vida cotidiana, que en niveles adecuados, eustrés, nos sirve de impulso y motivación para asumir estrategias adaptativas. En niveles más altos, se convierte en estrés negativo, o distrés, que resulta perturbador para superar las situaciones que enfrentamos a diario.

No se trata de evitar las situaciones generadoras de estrés, sino de comprender la relación que establecemos con las mismas y la definición de alternativas más funcionales que nos motiven e impulsen a controlar nuestras reacciones y canalizar la energía asociada para la superación de los retos, dilemas y conflictos que se nos presentan en nuestra vida cotidiana.

En esta columna abordaremos temas de la vida cotidiana asociados a las manifestaciones de estrés, señalando en cada escrito formas concretas de abordar estas reacciones para procurar una vida no solo más tranquila sino sobre todo de mayor satisfacción para la búsqueda de la felicidad.

Por: Dr. Rodrigo Mazo Zea

rodrigo.mazo@upb.edu.co

 

REFERENCIAS

Bagés, N. (1990). Estrés y salud. El papel de los factores protectores. Comportamiento, 1 (1), 16-27. Caracas

Caldera, J.F., Pulido, B.E. & Martínez, M.G. (2007). Niveles de estrés y rendimiento académico en estudiantes de la carrera de Psicología del Centro Universitario de Los Altos [Versión electrónica]. Revista de Educación y Desarrollo, 7, 77-82.

González, J.L. (2001). Nosología psiquiátrica del estrés [Versión electrónica]. Psiquis, 22, 1-7.

Labrador, F.J. (2012). El estrés. Nuevas técnicas para su control [Versión electrónica]. Madrid: Ediciones Temas Hoy.

Lazarus, R.S. & Folkman, S. (1986). Estrés y procesos cognitivos. España: Ediciones Martínez Roca.

Melgosa, J. (2006). ¡Sin estrés! Un nuevo estilo de vida. 13 edición Madrid: Safeliz

Moscoso, M.S. (1998). Estrés salud y emociones: estudio de la ansiedad, cólera y hostilidad. Revista de Psicología, 3,9-17.

Orlandini, A. (1999). El estrés, qué es y cómo evitarlo. México: Fondo de Cultura económica. 228 p.

Sandi, C. & Calés, J. M. (2000). Estrés: Consecuencias psicológicas, fisiológicas y clínicas. Madrid: Sanz y Torres.

Stora, J. B. (2000). El estrés [Versión electrónica]. Mexico: Publicaciones Cruz O.

 

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