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Esta es la razón por la que sufrimos ataques de hambre

Por Phrònesis
Esta es la razón por la que sufrimos ataques de hambre

Los ataques de hambre a medianoche pueden ser más aterradores que un evento paranormal: sabotean nuestra dieta equilibrada, afectan nuestra moral y pueden ser muy perjudiciales para nuestra salud, en especial cuando los alimentos altos en azúcares y grasas saturadas protagonizan el espectáculo.

Aunque parezca que los ataques de hambre son imposibles de controlar y que es inevitable caer en las garras del esporádico placer por la comida, conocer el origen de este fenómeno puede dotarnos de herramientas útiles para sobrellevar la ansiedad y poner un alto a los buffets nocturnos.

Existen diversas teorías que intentan explicar los ataques de hambre, tanto diurnos como nocturnos. Una de ellas es que, bajo ciertas circunstancias, usamos la comida como una vía para gestionar el estrés o evadir nuestros conflictos emocionales. También se dice que comer compulsivamente es uno de los mecanismos de defensa más comunes para intentar llenar un vacío afectivo.

Esta hipótesis aborda una teoría “psicológica” de los ataques de hambre, pero no aplica para todas las personas y es algo limitativa.

Otra teoría es que nuestro organismo desencadena ataques de hambre inesperados para intentar suplir carencias alimenticias, especialmente, de nutrientes o micronutrientes; esta sería la razón por la que nos sentimos atraídos por un alimento en particular (por ejemplo, un antojo súbito de pollo, cereales o queso).

Esto no significa necesariamente que un antojo repentino de pan recién horneado indique un déficit de vitaminas del grupo B, sin embargo, es una posibilidad que deberíamos tomar en cuenta a la hora de evaluar la calidad de nuestra dieta diaria. Quizás, ahondando lo suficiente en nuestros ataques de hambre descubramos que nuestro cuerpo está “exigiendo” adecuaciones en nuestros hábitos alimenticios.

También es importante tomar en cuenta que, cuando existe una predilección por el azúcar, es probable que lo que estemos haciendo realmente es consumir un alimento específico que posee, a su vez, un efecto bioquímico interesante: fabricar serotonina, una hormona relacionada con el alivio de los síntomas de la depresión, por sus efectos tranquilizantes.

Cómo poner freno a los ataques de hambre y vencer la ingestia compulsiva

El primer paso es realizar un ejercicio de autoreflexión honesto e intentar llegar al fondo de nuestros ataques de hambre. No existen “respuestas equivocadas” en este aspecto: tanto la teoría psicológica como una dieta desequilibrada pueden ser la clave para comprender lo que ocurre.

Los expertos en salud mental afirman que, cuando las personas han tenido una infancia difícil en la que sus padres les han sometido a dietas estrictas, tienden a comer compulsivamente en la adultez como una forma de rebelarse ante el pasado. Esto constituye un patrón de conducta que  debe ser sanado para tener éxito en la adopción de estilos de vida saludables, de lo contrario, puede permanecer la tendencia a repetir la historia una y otra vez, lo que tarde o temprano resulta dañino para nuestro organismo.

Tu dieta es una cuenta bancaria. Las buenas elecciones de alimentos son buenas inversiones (Bethenny Frankel)

Muy pocas personas en el mundo se atreverían a excluir la comida de la lista de los mejores placeres de la vida. Aun así, el equilibrio siempre es la clave del éxito, de modo que los especialistas recomiendan a las personas que han hecho de la comida su única fuente de placer probar con otras cosas, actividades como ir al teatro, escuchar música o hacer algo de ejercicio.

Si convertimos la comida en el centro de nuestra experiencia hedónica, podríamos vernos expuestos a un mayor riesgo de sufrir sobrepeso y obesidad. El exceso de peso afecta directamente nuestra salud, aumentando las probabilidades de sufrir hasta 50 enfermedades secundarias, entre ellas:

  • Diabetes
  • Problemas cardiovasculares
  • Cáncer de hígado
  • Pólipos en el colon
  • Asma
  • Apnea del sueño
  • Cáncer de riñón
  • Deficiencia de vitamina D
  • Artritis (especialmente en caderas, tobillos y rodillas)
  • Desórdenes alimenticios
  • Depresión y ansiedad

Los nutricionistas sugieren a las personas que enfrentan dificultades para “mantenerse alejadas de la nevera” optar por meriendas saludables en momentos de hambre, una alternativa mucho mejor que caer en la trampa de devorarlo todo. Según los expertos, una merienda es menos perjudicial que un ataque de hambre, ya que es posible establecer un orden en los alimentos, seleccionar ejerciendo la razón y dejar a un lado las tentaciones más dañinas.

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