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El poder de la comunicación en cinco claves

Por Dra. Iris Luna
Dos mujeres y un hombre sentados en un sofá charlando sobre un liibro

El lenguaje es una herramienta maravillosa, un atributo que nos define como humanos y un gran privilegio que muchas veces no valoramos. Lleva consigo experiencia, un estado, un sentimiento o una transformación.    

Nuestro lenguaje simbólico complejo no solo nos permite describir o inventar nuestra realidad cotidiana, sino que también nos ayuda a sacar a flote el resultado de nuestra imaginación. También hace accesibles a los demás nuestras cavilaciones, deseos, sentimientos e intenciones a través de símbolos o signos lingüísticos. 

“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”

Ludwig Wittgenstein

Los signos obran como señales con un significado. Toda expresión posee un elemento significativo y otro indicativo o de guía. Nosotros somos capaces de emplear secuencias sonoras, signos gráficos, gestos faciales o movimientos corporales. En la actualidad también comunicamos a través de emoticones (neologismo que proviene de emoción e icono) o emojis que son ideogramas o caracteres usados en mensajes electrónicos o sitios web.

 El lenguaje es un proceso generativo que crea nuevas realidades, se adapta a los tiempos y nos permite discutir asuntos varios. Todo el tiempo hacemos declaraciones, afirmamos cosas, prometemos, hacemos pedidos u ofertas de acuerdo al momento que vivimos. Hasta las charlas triviales pueden ser importantes para el funcionamiento de la sociedad.

El lenguaje es un sistema de signos a través de los cuales las personas se comunican entre sí. Los signos pueden ser sonoros como el habla, corporales como los gestos o gráficos como la escritura o los dibujos.


Del logos griego al emoji moderno

Para los griegos el lenguaje viene de la palabra “logos” que significa al mismo tiempo lenguaje y razón. En su origen etimológico, lenguaje viene del latín lingua asociado al órgano de la lengua. Hace referencia a todo tipo de sistema de señales que permiten comprender un determinado asunto y transmitir un mensaje. Por ejemplo, el mensaje musical tiene un sistema de escritura propio, así como el lenguaje matemático, el médico informal o jerga médica, o el fotográfico entre otros.

El lenguaje de ahora es impaciente y está marcado por la velocidad vertiginosa en la que andamos

Mar Abad

El lenguaje actual está caracterizado por la inmediatez y la baja tolerancia a la espera. Se acelera el ritmo de la vida y del lenguaje, se buscan frases concisas y materiales resumidos. Llega Twitter y la era digital da un vuelco a la escritura. Los SMS desplazan a los correos electrónicos. Aparece la economía de recursos y las abreviaturas. Se habla de un lenguaje frenético adaptado a pequeñas pantallas.

Se suprimen signos de puntuación y vemos el surgimiento de formatos audiovisuales, audio libros o podcast. Nos llega mucha información y es importantísimo aprender a discriminar las fuentes y evitar quedarnos en los titulares.

La idea no es ahogarnos en un océano de información prescindible y en muchas ocasiones perjudicial (fake news) sino encontrar elementos que nos permitan mantener nuestra curiosidad, buen criterio y pensamiento crítico.

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Los seres humanos actuamos de acuerdo a cómo somos y a lo que vamos aprendiendo y, según vamos actuando, nos vamos comunicando. El lenguaje es dinámico y la forma de hablarnos a nosotros mismos es muy importante pues influye decididamente en la manera de relacionarnos con el mundo que nos rodea y en la forma de transformarlo.

Un mensaje hay que expresarlo con autenticidad, pasión, claridad, asertividad y empatía. Los eventos trascendentes, sin duda alguna, afectan el lenguaje que usamos. Pensemos, por ejemplo, en palabras que se han puesto en boca de todos nosotros como confinamiento, pandemia, desescalada, cuarentena, infodemia y coronavirus.

Deborah Tannen, profesora de lingüística de la Universidad de Georgetown, afirma que los seres humanos conseguimos un equilibrio cuando hablamos sobre nada en específico.

Tannen nos señala que somos capaces y estamos dispuestos a ser amistosos con los demás. Los parámetros de nuestro intercambio comunicativo solo están limitados por las cosas en las que podemos estar de acuerdo.

En la actualidad, la charla trivial y los saludos de cortesía pasan a un plano secundario con el desafío de salud pública que vive la humanidad; es difícil ocultar el miedo, la incertidumbre y los dramas personales o comunitarios.

El hecho de que el Covid-19 nos haya llevado de “la cortesía” a un inventario de tragedias, dudas, colapso económico, teorías de conspiración o racismo muestra la enorme importancia de la coyuntura en nuestro lenguaje cotidiano y en la forma en que expresamos nuestras emociones y nuestros comportamientos. 

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Nuestro hemisferio cerebral izquierdo es el portador de la auto conciencia y de la expresión consciente de las formas de comunicación más importantes como el habla, la escritura y la lectura. Y nuestro hemisferio derecho regula el campo espacial/holístico, emocional, creativo que incluye el canto. El lenguaje es un excelente ejemplo del trabajo conjunto de ambos hemisferios cerebrales.

El efecto de una conversación se basa en el hemisferio izquierdo en un 30% por su contenido lógico, con un predominio de la comunicación no verbal (gestos, actitud corporal, timbre de voz y entonación) que se relacionan con la actividad de nuestro hemisferio derecho. Además, desempeña un gran papel la “transmisión directa” de la convicción interna de quién habla, que se relaciona con estratos cerebrales más profundos.

Es importante tener en cuenta que las emociones tienen una base profunda. El miedo a morir, a enloquecer o a perder del control y emociones como ira, asco y tristeza tienen mucho que ver con nuestro sistema límbico (tálamo, hipotálamo, amígdala cerebral e hipo campo). Un lugar situado justo debajo de la corteza cerebral que dirige nuestras emociones y sensaciones más primitivas.

 Por otra parte, como afirmaba Samuel Johnson, el lenguaje es el vestido de nuestros pensamientos. Por eso es importante cultivarlo desde adentro y hacerlo florecer con una adecuada comunicación con los demás.


Gestos, movimientos y lenguaje verbal

En la comunicación verbal el mensaje que queremos dar es verbalizado pues empleamos las palabras en uno o varios idiomas ya sea de manera oral o escrita. Pero los gestos, las posturas, los movimientos corporales, el tono de voz, los silencios, la distancia o el espacio de interacción y otros signos y señales no verbales (apretón de mano, la sonrisa, besos en la mejilla, levantar o bajar el pulgar, frotar una nariz con otra, los emoticones, anagramas, símbolos o marcas) constituyen un lenguaje complementario al de las palabras, con el que nos comunicamos en forma constante. El conjunto de esos elementos recibe el nombre de comunicación no verbal.

Este es muy importante en nuestra vida diaria y el rostro o la postura de alguien suele darnos mucha información útil. En cualquier encuentro y conversación la comunicación no verbal nos permite expresar el complejo mundo afectivo compuesto por emociones, sentimientos y estados de ánimo. Refleja como se están sintiendo las personas y también manifiesta la marcha de los procesos cognitivos relacionados con la atención, la memoria y la imaginación.

A través de actos no verbales se evidencian las valoraciones positivas o negativas que experimentamos hacia otras personas. Con ayuda de este tipo de lenguaje se exteriorizan intenciones como la sinceridad y el engaño. También se muestra el estado en que se encuentra alguien. Por ejemplo, una cara enrojecida refleja vergüenza y el miedo se muestra con temblor y rigidez muscular. Así mismo podemos percibir la vitalidad, el cansancio, la salud o la enfermedad.

La mayoría de investigadores atribuyen a la comunicación no verbal como mínimo del 60-70% del global de la comunicación expresada por seres humanos. Además, se ha descubierto que los gestos y el lenguaje corporal tienen más influencia que las palabras en las reacciones que nos provocamos mutuamente. Infortunadamente, no le damos la atención suficiente.


Claves para tener una mejor comunicación

El lenguaje cumple un papel fundamental en nuestra expresión y desarrollo como personas. Podemos hacer de él un gran amigo o un enemigo despiadado, dependiendo de la manera en qué lo utilicemos. Te dejo cinco claves que te ayudarán a encontrar herramientas valiosas en el lenguaje.


1. Intenta desarrollar un lenguaje asertivo

Consiste en expresar lo que realmente piensas de manera directa, honesta y empática. Este tipo de comunicación es mucho más efectiva que mantener un lenguaje pasivo como la expresión de sumisión con evitación de la mirada del otro o mirada baja, tono bajo de voz, postura defensiva. El lenguaje agresivo, donde no se tienen en cuenta los sentimientos o derechos del otro, nos lleva a crear un ambiente de comunicación mucho más apropiado y satisfactorio.

Al comunicarnos de manera asertiva podemos transmitir nuestras necesidades y deseos legítimos de una manera racional y madura sin provocar molestias o malestar a nosotros mismos o a los demás.


2. Busca siempre un ambiente apropiado para expresarte

Intenta mantener una comunicación eficaz teniendo en cuenta los siguientes requisitos:

  • Claridad del contenido: que sean mensajes inequívocos.
  • Precisión: la información que quieres compartir ha de ser completa y precisa
  •  Objetividad: contenido veraz, auténtico e imparcial
  • Oportuno: el mensaje debe transmitirse en el momento preciso para surtir el efecto adecuado
  • Debe ser interesante
  • Es muy importante la llamada precisión semántica (Albert Ellis).

Intentemos tener en cuenta el significado de las palabras y el efecto que puede producir en otros el empleo de una imprecisión en el lenguaje. Por ejemplo, hay diferencias entre necesidad y preferencia; y entre sencillo y simple


3. Haz críticas en forma constructiva

Desarrolla esta buena costumbre procurando no resentimientos o dañar a la persona. Las ideas se pueden señalar, discutir y criticar, pero atacar la esencia de las personas (lo que somos) no es una buena estrategia. La habilidad de hacer criticas constructivas se convierte en un superpoder para la comunicación.


4. Escribir

Es una excelente forma de contactarte con tu lenguaje interior y tus pensamientos. Lev Vigotsky postuló que el pensamiento y el lenguaje se desarrollan en una continua influencia reciproca. El pensamiento es visto como lenguaje replegado sobre sí mismo.

Escribir sobre nuestras vivencias y acerca de lo que pensamos nos ayuda decididamente a revisar y organizar nuestros pensamientos y volver a ellos las veces que queramos. Con esta práctica podemos notar temores que se repiten en nuestra escritura o temas perseverantes. Tener contacto con nuestra propia narrativa e internarnos en el contenido de nuestras conversaciones puede ser de gran utilidad para conocernos, flexibilizarnos y crecer como individuos.

En ocasiones detectamos la influencia exagerada de nuestro lenguaje emocional o la aparición reiterativa de ideas de culpa, miedos o rencores que valdría la pena trabajar con un especialista. Las cosas que nos decimos son importantes; podemos acariciarnos o golpearnos con las palabras que nos decimos cada día.


5. Leer periódicos o escuchar podcast

Hacerlo a diario nos permite estimular la mente, mejora la atención y concentración. También nos ayuda a reducir el estrés, aporta conocimientos, amplía nuestro vocabulario, contribuye decididamente al desarrollo de un pensamiento crítico y nos ayuda a viajar lejos con el pensamiento.


El que lee con placer aprende sin querer

Una lectura atenta nos permite analizar puntos de vista y tener criterio para hablar de determinados temas. Esto nos genera seguridad, curiosidad por el conocimiento y además nos permitirá no caer en las trampas de las fake news y tener argumentos para discusión. La lectura nos ayuda a mantener un buen funcionamiento cerebral, prevenir las enfermedades neurodegenerativas y reducir el impacto del estrés cotidiano.

Las palabras rara vez son neutras son el vehículo del pensamiento de acuerdo a nuestra visión del mundo. Por ejemplo, decir “sidoso”, “obeso”, “gordo” o “burro” puede tener connotaciones negativas para las personas. Estas etiquetas generan inseguridad, tristeza y problemas en la autoestima. Esto es particularmente importante en los niños.

Pero si utilizamos palabras que no involucren la esencia de cada ser y somos empáticos (capacidad de utilizar los valores humanos compartidos en diversos contextos interpersonales y culturas) podremos tener una excelente comunicación con los demás. No hablo de adular, mentir, a asentir por miedo a ser rechazados, hablo de un sentimiento honesto que me provoca la comunicación con el otro.

El lenguaje tiene muchas connotaciones y, como vemos, es una herramienta muy importante para desarrollarnos, conocernos y estar en comunicación con los otros. Te dejo con un pensamiento de Confucio como reflexión final: “Es posible conseguir algo luego de tres hora de pelea, pero es seguro que se podrá conseguir lo mismo con apenas tres palabras impregnadas de afecto y compasión”

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1 comentario

Isabel Bejarano 24 junio, 2020 - 4:36 pm

Excelente articulo muy importante saber la forma asertiva de la comunicación, me aporto mucho Estos temas son de crecimiento para todas las personas

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