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El miedo en la pandemia ¿Es el mismo o es diferente?

Por Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez
Mujer tiene miedo por la pandemia

Todos los seres humanos le tememos a algo o alguien, no necesariamente a un objeto o un animal, también a situaciones que incomodan o nos desbalancean. No es lo mismo tenerle miedo a un tigre mientras está encerrado en una jaula que cuando estamos perdidos en la selva sin modo de defendernos.

Una situación laboral, judicial, administrativa, familiar o afectiva puede desencadenar toda la cascada de eventos que ocurren cuanto tenemos miedo.

La expresión de temor puede ser refleja y aguda, es decir que se producen una liberación de sustancias del cerebro al torrente circulatorio, necesarias para correr, saltar, gritar, huir o enfrentar la situación que pone en peligro la vida.

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Se liberan en una cantidad tal que si no estamos entrenados pueden fallar las arterias coronarias que nutren el corazón y desencadenar un infarto. Además, puede aumentar la presión arterial de modo que se rompa una arteria produciendo una catástrofe.

El estrés crónico va a producir las mismas sustancias, pero en cantidades menores. Esto no quiere decir que son inocuas, sino que desbalancean otras funciones como la digestiva. Esto produce gastritis o úlceras, alterando la función gastrointestinal en forma severa, así como el sueño, el descanso, la concentración y la memoria.

El proceso altera el metabolismo aumentando una sustancia llamada cortisol que incrementa el azúcar sanguíneo. Esto afecta al paciente diabético o propenso a dicha enfermedad, facilita la osteoporosis volviendo los huesos mas frágiles y haciendo más fácil el colapso de las vértebras y las fracturas óseas.

La sensación de miedo durante la pandemia por el COVID-19

El enfoque inicial de peligro en la pandemia hizo estallar el estrés agudo, pero a medida que pasa el tiempo, y no se tiene una solución clara al problema, estamos desconcentrados, con insomnio, irritabilidad, con cambios en el estado de ánimo y faltos de  motivación para realizar nuestras funciones normales.

El escenario ha cambiado y nuestro organismo lo paga caro. Hay un aumento de peso porque aumentamos las necesidades de energía para enfrentar el estrés. O, por el contrario, se presenta una falta de apetito con perdida de peso; bien por la inmovilidad física por una disminución del ejercicio habitual que genera menos masa muscular que nos debilita en forma significativa.

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Si le sumamos el miedo no solo a enfermarnos sino a perder el empleo, o las condiciones previas de estabilidad social, académica o afectiva, se alteran funciones mentales superiores. Como por ejemplo,  con olvidos, alteración de la función ejecutiva y productiva, con lesión funcional del estado de ánimo, labilidad emocional, tristeza, llanto y desesperanza que no minimiza y nos lastima.

Esto de recomiendo hacer

  • Establecer las prioridades de bienestar, salud, alimento, trabajo y lúdica.
  • Acompañar al grupo familiar y conversar sobre el presente sin adentrarnos a un futuro pues las personas más afectadas van a vincularlo como catástrofe.
  • Mantener la comunicación en términos joviales, tolerar y entender que todos estamos afectados.
  • Interpretar los síntomas corporales e identificarlos.
  • El ejercicio, el juego en general y la lúdica son primordiales para entrenar el organismo para los momentos críticos.
  • Higiene de sueño. Estipular un horario estricto, aprovechar la oscuridad sin televisión ni con el celular encendido.
  • Yoga y relajación mental y física.

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