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Cuando las palabras tienen poder: el maltrato verbal hacia los niños

Por Phrònesis
Cuando las palabras tienen poder: el maltrato verbal hacia los niños

La frase que dicta: “las palabras tienen poder”, es tan cierta para quien emite como para quien recibe el mensaje. Existe otra afirmación que dicta: “las cosas se aprenden de chico”, y es totalmente cierta, ya que el cerebro está en proceso de reconocimiento y adaptación. El grave problema radica cuando los adultos pretenden hacer prevalecer sus conceptos sobre la inocencia de los niños. Bien sean los padres, profesores, tutores, abuelos, tíos, etc. Todos hacen parte del desarrollo y autoestima de los niños. En este artículo detallaremos la injerencia de los adultos sobre los niños y las repercusiones en presente y futuro de los mismos.

Para 1989, la Asamblea General de las Naciones Unidas creó la Convención Internacional de los Derechos del Niño. Sobre todas las revoluciones sociales que existieron durante los años noventa, esta no se quedó atrás. El documento pasó a ser más que un puñado de hojas a establecerse leyes constitucionales en varios países a favor de la niñez. Aunque para algunos pase inadvertido, la Convención dicta que los niños y adolescentes están plenamente amparados por derechos, merecedores de respeto, dignidad y libertad. Son palabras que, a la ligera, cualquier adulto puede ignorar, pero puede ser judicialmente castigado y condenado.

Dejando a un lado el ámbito legal, pasemos al tema humano, que es desde donde parte la labor natural del adulto. Las palabras pueden ser más dolorosas que los golpes; el maltrato por un golpe puede tardar días en recuperarse, pero el maltrato psicológico deja marcado el recuerdo. El niño adopta la imagen que está teniendo directamente del adulto que lo acompaña. Esto es inevitable, ya que la representación de poder está reflejada en una persona superior y no en alguien de su misma edad e incluso menor. Las palabras y acciones que el niño evidencie, serán factores determinantes para su proceder y su desarrollo.

Se atribuye como maltrato verbal a la acción que genera en el niño un malestar emocional, que posteriormente genera un daño. Frases como “no entiendes lo que te digo”, “pareces tonto haciendo eso”, “siempre tienes que hacer las cosas mal”, son algunos ejemplos. Y es que estas palabras no son más que satisfacciones al ego del adulto, más no ayudas ni motivación al infante. Además de las palabras, también se considera maltrato al ignorar, al rechazar con miradas y gestos, o para colmo, cuando no hay contacto verbal.

En el niño puede generar consecuencias a corto plazo, permitiendo que no ejecute lo que tenía que hacer, que desestime su plan, o que termine por rechazar lo que estaba haciendo o diciendo. A mediano plazo, puede asociar esa conducta con alguna otra acción y desestimar los intentos, además de rechazar al adulto. A largo plazo, puede aplicar estas mismas conductas en los infantes, recreando la acción verbal y perjudicando al niño.

Por lo tanto, para dar mejores soluciones y llevar una adecuada comunicación verbal con niños y adolescentes sigue estos pasos. Al momento del niño fallar, siéntate o arrodíllate y dile: “mejor hazlo de esta forma”, “si lo haces así lo lograrás”, “déjame ayudarte y haremos un gran trabajo en equipo”. Nunca le niegues. Valora cada logro que alcance y motívalo a que mejore para el siguiente paso. Por supuesto, obra dando buen ejemplo, sin groserías, sin vulgaridades, sin gritos, sin amenazas, y de seguro el niño recreará tu imagen. Por último, habla siempre con él, pregúntale qué quiere, cómo se ha sentido, si necesita ayuda, y conviértete en una mano amiga.

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