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El crecimiento personal y el cambio: soltar las viejas creencias

Por Phrònesis
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La tarea de abrirse al cambio puede exigir un esfuerzo tremendo, intencionado y constante. La tendencia a resguardarnos en la zona de confort hace parte de los obstáculos a superar en el camino, pues, generalmente, todos crecemos de la mano de ideas y creencias infundadas por la familia y la cultura, “programaciones mentales” que moldean nuestra visión del mundo durante los primeros años de vida. 

Aunque las creencias heredadas son transmitidas de generación en generación con el objetivo de facilitar la toma de decisiones a los más jóvenes y evitar que cometan los mismos errores, abordar por inercia el mismo trecho desgastado puede ser más perjudicial que benéfico, incluso si nuestros padres y abuelos caminaron por él y llegaron sanos y salvos a destino.  

El cambio, aunque puede proyectarse inicialmente como una experiencia hostil y forzada por circunstancias adversas, es en realidad una oportunidad de innovar, superar limitaciones mentales y escribir nuestra propia historia en lugar de repetir la de nuestros antepasados. Todo ello deriva en un resultado final positivo y enriquecedor: la posibilidad de crecer y prosperar. 

Creencias enemigas que sabotean nuestro desarrollo personal y cómo combatirlas con el cambio

1. “No valgo nada”

Muchas veces, nos rodeamos de personas tóxicas o negativas que nos dicen que no valemos o no somos lo suficientemente buenos para obtener lo que soñamos. Cuando nos convencemos de que es así, nuestros sueños y aspiraciones se van por la borda, y es común que tengamos pensamientos mediocres como: “¿Para qué voy a intentarlo si no soy bueno?”. 

Antídoto: Nuestros pensamientos lideran nuestras emociones, acciones y hábitos, de modo que una creencia limitante, de cualquier tipo, puede bloquearte por completo en todos los ámbitos de la vida. El cambio es la solución: abraza ciegamente creencias y declaraciones positivas que te motiven a dar lo mejor y, poco a poco, notarás cómo todo empieza a mejorar. Lo que antes parecía difícil se vuelve manejable y, con el tiempo, puede que te descubras siendo todo un experto. 

2. “No podré conseguir nunca lo que deseo”

Esta creencia va ligada a la anterior. Para derribarla, volvamos al punto del condicionamiento: nuestro cerebro es quien envía las órdenes al cuerpo, si pensamos que no podemos conseguir o lograr algo, entonces definitivamente no podremos hacerlo. Así de sencillo. 

Antídoto: Si te crees capaz de lograr algo, si tienes las ganas y estás dispuesto a hacer el esfuerzo, tu cuerpo y mente trabajarán en conjunto para cumplir ese gran objetivo. Cambia el orden de las cosas comprometiéndote, primero, mental y espiritualmente; tus músculos sabrán seguir el ritmo de la música. 

3. “No lo merezco”

Si obtienes una recompensa inesperada y, en lugar de disfrutarla, te lamentas y sientes culpable porque crees no merecerla, para un momento y reflexiona: ¿Quién eres? ¿Cuánto has trabajado para obtener lo que ahora recibes? ¿Te has esforzado? ¿Cuántos sacrificios has hecho? 

Antídoto: Date la oportunidad de crecer, conviértete en el fan número 1 de tu propio éxito y disfruta lo que la vida tiene para darte. Puede que no lo entiendas en un principio, pero quizás el tiempo cumpla su función de sabio y descubras, más adelante, por qué merecías ganar. 

4. “No sé cómo hacerlo / no soy capaz de aprender”

Nadie nació aprendido ni experto en algo. Ese ídolo musical o ese deportista que tanto admiras no se ha equivocado solo una vez en la vida, sino miles de veces antes de llegar a convertirse en lo que es.

Antídoto: En la práctica está el maestro, no te desanimes si no tienes todas las respuestas antes de la partida, sigue jugando con la misma seguridad y entusiasmo, aprendiendo y corrigiendo. No pierdas el tiempo lamentándote por lo que no sabes o comparándote con los demás, inviértelo en adquirir nuevas habilidades. 

Evolucionar y cambiar

El ser humano es como una pieza de arcilla que va cambiando de forma con los años. A veces, evolucionar significa dejar ir algunos hábitos, objetos y personas que ya no encajan en nuestra forma de ser. 

Nadie dice que sea fácil, en especial porque el proceso involucra soltar memorias, sacar lo viejo para hacer lugar a lo nuevo. Aún así, cambiar es necesario, garantiza que, sin importar las condiciones externas, seremos capaces de maniobrar en sincronía con ellas, permanecer y seguir creciendo. 

El miedo es una reacción normal en presencia del cambio, nos preocupa no saber manejar la situación, equivocarnos y hasta ser infelices. La solución es ser equitativo con el prisma de posibilidades que nos brinda la vida: puede que las cosas no resulten, pero ¿y si resultan? Puede que nos equivoquemos, pero ¿y si lo hacemos bien? ¿Y si el cambio se convierte en un trampolín para nuestro desarrollo personal? ¿Y si nos convertimos en lo que siempre quisimos ser? 

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