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Controlando nuestros impulsos

Por Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez
Controlando nuestros impulsos

¿Te has dado cuenta que a pesar de controlar la mayor parte de nuestro desempeño, hay momentos en los cuales nos desbordamos con o sin razón, a veces con una justificación posterior al evento, pero otras veces con sentimientos de culpa, no tanto por tener o no razón sino por la respuesta desmedida?

Un impulso, como su nombre lo indica, es la fuerza expresada o sentida en la expresión de una respuesta ante una reacción de los estímulos que nos afectan de alguna manera, a veces con un énfasis adecuado y otras veces fuera de control.

El cerebro tiene la capacidad de producir respuestas proporcionales a los estímulos que llegan a las diferentes áreas, y luego de un análisis consciente, tomar una decisión oportuna. Es individual la reacción a lo que percibimos: una persona con fobia a las cucarachas reaccionará de una manera muy parecida cuando otro se expone a una serpiente venenosa o no, porque en ese momento, la reacción de huida predomina sobre una actividad consciente o de análisis, que generalmente es más lenta o “cerebral”, mejor dicho adecuada.

Los estímulos que expresan peligro son muy importantes: son reflejos de supervivencia. Uno no mira si el león que nos acecha tiene o no dientes o garras suficientes para atacarnos, primero huimos y más adelante analizamos.

Pero no todo lo que sucede en la vida cotidiana nos pone en peligro, de ahí que un control de los impulsos de reacción deben ser proporcionales a los estímulos, y esto se consigue con un adecuado conocimiento de nuestra corteza prefrontal.

Hacer consciente lo inconsciente es la base primordial del Neuromanagement, porque se usa un filtro cerebral que sirve para colar las fallas en las respuestas que hacemos ante situaciones que, aunque molestas, no deben llevar al extremo de desarrollar los estímulos del estrés para proporcionar respuestas de huida o ataque.

¿Podemos entonces controlar los impulsos?

Desde luego que sí, el Neuromanagement permite el análisis escalonado de los diferentes escenarios antes de que nos presentemos ante ellos. Una buena memoria de futuro evitará tropiezos sociales o laborales, si nos damos cuenta que necesitamos un control de las respuestas animales, y si controlamos anticipadamente la estrategia mental que no nos dejará reaccionar violentamente.

El cerebro construye el escenario posible y pone presente las motivaciones sensoriales de nuestros centros afectivos (cerebro emocional o límbico), establece las posibles respuestas y modula de forma adecuada, teniendo de antemano que el control es lo más importante en esta etapa de enfrentamiento.

La toma de decisiones recordemos que tienen primero análisis, segundo estudio de los temas, tercero la resolución de cuellos de botella, cuarto los planes alternativos, quinto el control emocional y sexto el manejo de los factores que impiden el éxito.

Hay personas que nos sacan de quicio, ¿qué se hace con ellas?

El centro del Neuromanagement es el centro del cerebro: la corteza prefrontal que es la parte importante e inteligente del ser humano. Podemos enfrentarnos por la fuerza ante un tigre de bengala, momento en el cual se aplica la ley del más fuerte, o podemos entrar a la jaula, poniendo carnadas escalonadas hasta llevarlo donde necesitamos tenerlo.

Con las personas sucede lo mismo, el peor error es el enfrentamiento personal: nos encontramos con personalidades difíciles, gente con alteraciones de socialización, egos alterados y con tendencia a destruir estatus y poderes, entender que podemos convencerlos con ideas y no con fuerza, a pesar de que tengamos una escala de poder superior, facilita el acercamiento.

En los equipos existen estrategias de comportamiento y el Neuromanagement tiene respuestas para entenderlas y manejarlas. Facilitar el acercamiento, empoderar al discordante y establecer puentes, son algunas de las conductas que nos evitarán salirnos de casillas.

Mi trabajo es estresante y mi actividad necesita adrenalina continuamente, ¿qué puedo hacer entonces?

Toda actividad tiene una dosis de estrés inicial, la fase perfecta es la de adaptación, en ella se genera plasticidad cerebral que establece en el cerebro nuevas vías que nos alejan de las vías del estrés y de factores emocionales negativos.

Todo proceso inicial maneja muchas áreas cerebrales, pero con el aprendizaje consciente se genera al final una habilidad que, de todas maneras, tiene componentes de conciencia pero se realizan en forma automática, porque el cerebro facilita que cada una de las condiciones especiales se acoplen y se junten en zonas reducidas del mismo y actúan como pequeñas fábricas de soluciones escalonadas.

Cuando uno lleva varios meses en su trabajo, depende de uno y no del ambiente el control de los factores emocionales que disminuyen o aumentan el estrés y por ende la adrenalina. Si no hay una actitud de procesos de modificación del ambiente que lo genera, entonces se necesita un cambio de actitud, de manejo o al final, abandonar el ambiente laboral inmodificable por uno que permita el desarrollo de habilidades productivas sin alterar el funcionamiento cerebral hacia el daño continuo, y poder establecer patrones de placidez y felicidad.

¿Cómo puedo saber si puedo o no cambiar el ambiente o las personas?

El Neuromanagement analiza, conjugando el verbo a modificar: yo, tú, él, nosotros, vosotros y ellos. Lo único que yo puedo conjugar es en primera persona, es decir: ¿depende de mí? Y si la respuesta es afirmativa, cambio yo, y así sucesivamente, al principio es una posición egoísta, no puedo cambiar al otro si no cambio yo.

Al final se modifican escalonadamente yo y tú, para mejorar nosotros, echarle la culpa a los demás es la forma más cercana al fracaso.

Por: Rodrigo Isaza Bermúdez.
Neurólogo clínico.

Bibliografía

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