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Compradores compulsivos o compradores inteligentes. ¿De qué lado estás?

Por Dra. Iris Luna
Compradores controlados

“Miro a lo lejos y no veo cerezos ni hojas matizadas:

sólo una modesta cabaña en la playa 

a la luz de un atardecer de otoño.” 

Fujiwara no Sadaie

 

 

Si analizamos bien, “los objetos” a lo largo de los tiempos jamás han sido tan abundantes ni han estado tan a disposición de la gente como en el momento actual. Al inducirnos al consumo, esta manera de ver todo lo que podríamos llegar a adquirir nos inclina al derroche y menosprecio de lo que tenemos, a deshacernos de productos que todavía funcionan bien, a acumular sin pensar en las personas que carecen de todo, a tirar sin pensar y a tomar decisiones apresuradas en detrimento de nuestra economía. El consumismo puede a su vez restringir nuestra sensibilidad estética y el buen criterio para escoger lo que nos es verdaderamente necesario y agradable.

Por otra parte, una vez nos ofrecen los productos, nos empujan a poseerlos y esto casi siempre va asociado al hecho de estar a la vanguardia, al prestigio social y a la actualización; pero todo eso tiene muy poco que ver con la realidad de lo que nos hace felices. Antes de tenerlos, los objetos están metidos dentro de un hermoso halo propagandístico que les confiere unas características de perfección, las cuales nos atraen una y otra vez. Pero, por ejemplo, una vez hemos conseguido la más novedosa versión de un teléfono, nos damos cuenta de que en realidad no es tan maravilloso y mucho menos ideal.

¿Qué nos pasa? Pasar la vida en torno de las modas y la actualización tecnológica ¿de qué manera enriquece nuestra vida?

compras compulsivas

Compradores

Conozco gente que se desespera por cambiar de móvil, apenas anuncian la próxima versión, y pagan mucho dinero por ser los primeros en disfrutar de tales equipos. Poco tiempo después se dan cuenta de que se han esforzado de una manera exagerada por un aparato que llega a ser de uso bastante corriente. Esa compulsión por la actualización, por estar dentro de una élite e identificarse con una marca, o por manejar las emociones negativas (soledad, frustración, tristeza, angustia), nos roba una gran cantidad de espacio mental, que podríamos emplear para mejorar nuestra calidad de vida y crecer en sabiduría y sensatez.

El afán de posesión es algo que no nos deja tranquilos. Dependiendo de lo amplia que sea nuestra gama de intereses, variará también nuestro apego y el sentido de posesión. Cuanto más me obsesione con un objeto en concreto, un coche, un abrigo, un aparato tecnológico o una persona, tanto más posesivo estaré destinado a ser. Porque aquel objeto o aquella persona será para mí la única vía de acceso al inestimable tesoro de la belleza y, por consiguiente, lo quiero poseer para siempre y estoy dispuesto a luchar desesperadamente por obtenerlo.

Es triste pensar que el hobby más cotizado del Siglo XX fuera comprar, no obstante en el Siglo XXI la tendencia se mantiene y las ventas virtuales facilitan más ese hobby. Adicionalmente, el auge y las nuevas dinámicas de los centros comerciales atrapan cada vez más a las personas. Muchos prefieren pasar un día de compras, que un día de campo con la familia, y lo peor es que llevamos a nuestros hijos desde pequeños a los centros comerciales y les inculcamos las “compras” y el consumo de comida chatarra como un valor.

Las cosas se complican aún más cuando el hobby se convierte en una enfermedad. Según informaciones procedentes del Hospital Universitario de Bellvitge en Barcelona, entre un 6 y un 7% de la población general en todos los países desarrollados sufre de un “trastorno de compra compulsiva”. Este comportamiento también llamado Oniomanía afecta principalmente a personas de mediana edad, alrededor de los treinta y cinco a cuarenta años, aunque los síntomas suelen aparecer a finales de la adolescencia. En general se facilita por el empleo de tarjetas de crédito y la capacidad adquisitiva de personas que trabajan, suele llamarse también “compulsión” en algunos trastornos obsesivos, y se manifiesta en muchos trastornos afectivos (ansiedad y depresión, trastorno bipolar), y de personalidad (trastorno límite).

¿Cómo sé si soy un comprador compulsivo?

Las personas inteligentes cuando van a comprar algo, por lo general pasan por cuatro fases: una primera de alerta, donde se ve el producto y les llama la atención. La segunda fase consiste en que el posible cliente recopila la información pertinente acerca de dicho producto, la tercera es cuando el individuo hace la valoración detallada del objeto: comparación de precios, mirar si en realidad es necesario, acorde a las prioridades y a la economía familiar y analiza cómo y cuándo se puede utilizar el objeto. Por último, en la fase cuatro, se compra el artículo y la persona se siente tranquila y satisfecha por su elección.

Quien padece la patología de compra compulsiva, pasa directamente de la primera fase a la cuarta. Ve el objeto en el aparador y enseguida lo compra. Aquí la primera fase sería por tanto, una alerta de emergencia, una conducta totalmente impulsiva, acelerada, sin que medie el análisis comprensivo y la sensatez. Además, un comprador compulsivo se caracteriza por conocer casi de memoria los comercios y comprar de manera recurrente y compulsiva. Esto le genera una sensación de pérdida de control y gran malestar y se asocia muchas veces a deudas económicas importantes. Para que hablemos de compra compulsiva ésta tiene que ser una conducta persistente, impulsiva e incontrolable.

comprar compulsivamente

Compras compulsivas

 

Se sabe que afecta a hombres y mujeres por igual. Las mujeres suelen comprar ropa, perfumes, bolsos, joyas, maquillaje, mientras que los varones prefieren aparatos tecnológicos o música, sin embargo las mujeres son las que suelen asistir a consulta con más frecuencia. Muchos se dan cuenta de su problema al consultar los extractos de la tarjeta de crédito cuando poseen deudas muy grandes o al ser confrontados por la familia, al ver la frecuencia con que la persona llega con compras a la casa y a veces desatiende gastos que sí son importantes dentro del hogar.

Es importante señalar que el comportamiento no es algo puntual, sino que es estable en el tiempo. No tiene que ver con la euforia que producen los tiempos de rebajas, aunque las personas con esta compulsión, verán justificada su conducta y comprarán aún más en este tiempo. A diferencia de un consumidor ocasional, el comprador compulsivo pierde el interés en el objeto que ha comprado con la misma rapidez que lo consigue. Esto le lleva a acumular muchos productos sin estrenar, esconderlos, a regalar constantemente cosas nuevas, y en algunos casos, a tirarlas a la basura, sin contarle a nadie. Cuanto más se compra, más vacío se siente por dentro y menos disfruta de otras actividades. Hay personas que pierden una gran cantidad de tiempo, dinero, energía y tranquilidad en esta frenética actividad.

Se trata por tanto, de una conducta donde hay una clara pérdida de control. De esta manera, los factores de riesgo más importantes son: la impulsividad y dificultad para manejar los problemas, pobre autoestima, no saber diligenciar adecuadamente las emociones negativas y usar por ello la compra para regular estados como la desolación, la ansiedad, la tristeza, la frustración, etc., y por último tener un alto concepto del materialismo.

Hay algunas características que se presentan en los compradores compulsivos las cuales vale la pena tener en cuenta:

  • Cuando tienen dinero, no pueden evitar gastar todo o parte del mismo.
  • A menudo son impulsivos en el comportamiento de compra.
  • Para ellos, ir de compras es una forma de aliviar el estrés diario, o lidiar con frustraciones o problemas. Les resulta relajante.
  • Muy a menudo sienten que algo dentro de ellos les empuja a ir de compras o a comprar por internet.
  • A menudo sienten culpa y malestar después de comprar algo que no necesitaban.
  • Esconden, botan o regalan algunas cosas que compran, por temor a ser tildados como irracionales en los comportamiento de compra.
  • Tan pronto como entran en un shopping, tienen un irresistible deseo de entrar en una tienda y comprar algo.
  • Tienden a responder a las ofertas que llegan por correo electrónico.
  • Se suscriben a tiendas por internet y buscan qué comprar cada día.
  • A menudo compran un producto que no necesitaban, sabiendo que les quedaba muy poco dinero.
  • Se consideran a ellos mismos y los consideran derrochadores.

Pueden pasar entre cinco y seis años desde el inicio de los síntomas hasta que la persona va a la consulta especializada, por lo que es un problema muy difícil de detectar, donde además, en muchas ocasiones, suele haber otro problema de fondo; ya que continuamente se asocia con cuadros de ansiedad (trastorno obsesivo compulsivo), depresión, trastornos de la conducta alimentaria (trastorno de sobrealimentación) y otras dependencias.

Si somos compradores compulsivos, lo primero es analizar con cabeza fría por qué compramos de más. El primer paso, tal como los adictos a la comida, es aceptarse como alguien que compra impulsivamente y tiene grandes dificultades para controlarse. Segundo, es saber qué nos lleva a comprar irracionalmente: Algunos lo toman como una manera de evitar la soledad o curase del abandono, otros como una terapia para el aburrimiento, la tristeza, o para evitar pensar en los problemas. Darse cuenta de esto es el primer paso para evitar las compras sin sentido, y por supuesto, hay que evitar acercarse a los centros comerciales en los momentos más vulnerables.

El tratamiento está bien estructurado y suele seguirse un protocolo integrador para el tratamiento de trastorno obsesivo compulsivo, pero en muchos casos, la compra compulsiva es una de las manifestaciones de un estado profundo de depresión o ansiedad, o un trastorno de la conducta alimentaria. Hay un porcentaje de éxito en el tratamiento, hasta de un 70%. Lo más importante es que si tenemos a alguien cercano que pueda tener este problema, debemos observar bien su comportamiento, acercarnos a él con una actitud de escucha, bastante empatía y firmeza, para ayudarle a pedir ayuda profesional.

comprador inteligente

Felicidad

 

Pienso que la sociedad de consumo, ahora tan arraigada, es una pésima maestra en el arte de vivir y convendría que viéramos otras maneras de relacionarnos con las cosas. Para darles un ejemplo, el wabi sabi podría ser interesante si deseamos salir de ese espiral absurdo de las compras impulsivas y sin sentido.

En japonés wabi significa realmente «pobreza», es decir, no depender de las cosas terrenas —riqueza, poder, reputación— y sin embargo sentir interiormente la presencia de algo sumamente valioso por encima del tiempo y la posición social: esto es lo que en esencia constituye wabi. y sab tiene que ver con los desafíos que impone una vida austera y solitaria en la naturaleza. Implica un espíritu de absoluta soledad y la idea de que no hay nada que permanezca inmutable y de que todos los seres vivos están destinados a morir. Procede del vivo deseo que sentimos de recuperar el mundo de nuestra infancia, el mundo del momento presente, no definido por el lenguaje o los valores que constituye una pura experiencia de la realidad.

Juntas, estas dos palabras hacen referencia a una actitud estética especial, según la cual es bello todo lo que es humilde, espontáneo, imperfecto; y lleva implícito el concepto budista de transitoriedad: todo cambia, nada dura para la eternidad, nada nos puede ofrecer una satisfacción permanente. Wabi sabi tiene que ver también con la búsqueda de la belleza en los lugares dónde nadie cree que puede encontrarla y con la convicción (que no está para nada de acuerdo con la sociedad de consumo), de que la pobreza material es una condición asociada muchas veces a la riqueza espiritual. Desde esta perspectiva, un vestido arreglado puede ser bello, una cafetera gastada, unos zapatos usados, un jarrón desteñido, un bosque en el invierno, en el croar de las ranas al anochecer. Así pues, El wabi sabi es una comprensión de la belleza que reside en lo modesto, lo rústico, lo imperfecto, incluso en lo decadente, una sensibilidad estética que halla una melancólica belleza en la impermanencia de todas las cosas.

Uno de los remedios para este afán de posesión es la ampliación de nuestra gama de intereses en la vida. Si soy capaz de ver la belleza en cada esquina de la calle, tendré mucho menos interés en poseer. Porque siento disfrute por un bien inmaterial y renovable que puede sorprenderme cada día.

Por: Dra. Iris Luna
Médico Psiquiatra – Máster en Nutrición
Especialista en Sobrepeso y Obesidad
https://www.facebook.com/iris.luna.oficial
Contacto:  iluna@phronesisvirtual.com 

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