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Comportamiento de autoincrustación: Una dolorosa manera de transgredir nuestro cuerpo

Por Dra. Iris Luna
La autoincrustación es una autolesión.

“Ella está desolada y sentada en su habitación, separada de la masa que la ha olvidado porque es un peso liviano. No ejerce peso sobre nadie. De un paquete con muchos envoltorios saca una hoja de afeitar. Siempre la lleva consigo, dondequiera que vaya. La hoja de afeitar ríe seductoramente como el novio ante la novia. Ella prueba cuidadosamente el filo, es tan cortante como debe ser una hoja de afeitar. Empuja varias veces la hoja en el dorso de la mano, pero no con tanta fuerza como para cortarse los tendones. No registra el dolor. El metal penetra en la carne como en un trozo de mantequilla. En total son cuatro cortes. Con eso basta, de lo contrario se desangraría. Limpia su hoja de afeitar y la guarda. La sangre de color rojo claro brota de sus heridas, corre y lo mancha todo a su paso. Brota tibiamente sin hacer ruido, no es molesto. En el suelo y también sobre las sábanas se reúnen las cuatro vertientes formando una corriente. Guíate solo por mis lágrimas, pronto te acogerá el pequeño arroyuelo. Se forma un pequeño charco. Y sigue fluyendo. Y fluye y fluye y fluye y fluye”, Elfriede Jelinek (La Pianista).

A lo largo de la historia, nuestro cuerpo –piel y todo cuanto esta recubre- se ha constituido en una expresión visual y tangible de diversas creencias y comportamientos capaces de señalar qué tipo de valores guían al individuo o individuos que hacen parte de una sociedad. El sujeto social de diversas épocas y culturas, ha plasmado en su anatomía acciones determinadas con significados propios de cada período. Por ejemplo, en las llamadas sociedades tradicionales -como las denomina el historiador de religiones Mircea Eliade-, el cuerpo se utiliza como un puente de unión con “lo sagrado”. Por otra parte, en el siglo XXI predomina el individualismo; con unos referentes obligados como son: el culto al placer, el exhibicionismo, lo efímero y lo desechable, lo creado y recreado por los medios…

Hoy en día conmueven los cuerpos que se manipulan de muchas maneras: clonación, embriones de los que se extraen células stem o toti potenciales, trasplantes faciales, uso de prótesis e implantes corporales de todo tipo, desarrollo de piel artificial o sangre sintética, la introducción de chips localizadores e identificadores bajo la piel, venta de órganos a gran escala, el poder engendrar hijos a la carta en un laboratorio para curar enfermedades a otro ser humano (concepción asistida de un niño para que sirva de donante), etc. Según Zygmunt Bauman, la época actual es líquida, inconsistente y evanescente. El cuerpo se desplaza vertiginosamente sin un rumbo claro y existe una imperiosa necesidad de “reinventarse”, expresarse y modificarse de maneras cada vez más audaces y apremiantes para no terminar diluyéndose en un medio hostil.

¿Qué es la autoincrustación?

La autoincrustación o “Self–embedding Disorder” (SED) es una forma extrema de autolesión, en el que la gente (por lo general los adolescentes) se inserta objetos en diferentes partes del cuerpo para herirse deliberadamente o mutilarse sin tener (en principio) la intención de un suicidio inmediato.

Esta autoincrustación o SED es una forma de automutilación. A pesar de que es un síntoma de un problema subyacente más grande, a menudo se pasa por alto debido a que ocurre en muchos entornos diferentes, se oculta o no es reportado por los adolescentes y los padres.

Esta conducta está metida en el espectro de comportamientos autodestructivos y se ha clasificado como un trastorno en el control de los impulsos no especificado, pero puede ser parte de un síntoma de otros problemas psiquiátricos; incluyendo el trastorno límite de la personalidad, el trastorno depresivo mayor, el trastorno bipolar, los trastornos de la conducta alimentaria o los trastornos de ansiedad (trastorno de estrés postraumático) que ocurren en individuos con una baja autoestima, intolerancia a la frustración, descontrol de impulsos, disfunción familiar y antecedentes de abuso físico o sexual.

El SED fue descrito por el radiólogo William Shiels (Jefe de radiología del Hospital Infantil de Columbus, Ohio) durante un congreso de radiología a finales del año 2007. Esta curiosa y silenciosa forma de autolesión consiste en la ruptura intencional de la piel y posterior introducción de pedazos de uñas, clips metálicos, piedras, vidrios, crayones, lápices, grapas y otros elementos metálicos o plásticos en los tejidos blandos del cuello, los brazos, las manos, los tobillos y los pies. En general los objetos son empleados inicialmente para romper la epidermis y luego son introducidos a la fuerza en el tejido celular subcutáneo y el músculo. El Dr. Shiels y sus colaboradores estudiaron 19 episodios de “autoincrustación” en 10 mujeres adolescentes entre los 15 y 18 años de edad; y empleando el ultrasonido y/o técnicas con fluoroscopio lograron remover 52 cuerpos extraños incrustados en nueve de esas pacientes.

Las jóvenes mencionaron que la incrustación de objetos bajo la piel les permitía una medida de confort y relataron que cometieron la autoagresión en un estado de agitación e ira intensa. Es importante anotar que algunos de estos individuos provenían de hogares de paso, presenciaron o fueron sometidos a algún tipo de abuso sexual o físico y tenían antecedentes previos de autoagresión. Un dato interesante es que según el reporte de Shiels el 90% de los pacientes presentaba ideación suicida; lo que no es común en los otros tipos de autoagresión.

Una de las pacientes de diecisiete años de edad, se introdujo un clip metálico desenrollado de seis pulgadas de longitud en cada bíceps y flexionaba constantemente los brazos porque decía necesitar las punzadas provocadas por este elemento. Shiels desarrolló una técnica quirúrgica poco invasiva para remover objetos incrustados dentro de la piel y pudo ver su primer caso de autoincrustación en el 2005. Muchos de los objetos incrustados no son visibles con rayos X y requieren de ultrasonido para ser detectados.

Pero, ¿qué hacer ante estas autoagresiones?

Los comportamientos de autolesión son complejos; así como son variadas sus formas de presentación, características y las funciones que cumplen para quien se autoagrede. Muchos profesionales de la salud se encuentran perplejos y con gran incertidumbre acerca de la mejor manera de proceder para tratar este comportamiento y ayudarle al paciente a desarrollar mejores estrategias de afrontamiento y conductas más adaptativas. Se puede afirmar que un enfoque terapéutico prometedor de las autoagresiones físicas del paciente se basa en la comprensión de dicho comportamiento teniendo en cuenta la perspectiva de cada individuo.

Realizar un análisis cuidadoso del funcionamiento global, identificar y manejar los síntomas psiquiátricos subyacentes a los episodios de autoagresión, y tener en cuenta las dinámicas interpersonales pueden facilitar el manejo integral del paciente. Los tipos de psicoterapia que dan relevancia al manejo de las emociones, a la evaluación funcional y las estrategias de resolución de problemas parecen ser eficaces en el manejo de los comportamientos de autolesión. Finalmente, la clave para tratar eficazmente cualquier forma de autolesión recaerá en la capacidad del clínico para desarrollar una empatía imparcial con el paciente durante la relación terapéutica y ser cuidadoso de facilitar al paciente un manejo multimodal basado en la evidencia. El SEB consiste en una forma extrema de autolesión que requiere la evaluación y el tratamiento interdisciplinario agresivo y oportuno. La comprensión de la autoincrustación permite a los profesionales médicos encontrar una intervención rápida, específica y efectiva para interrumpir el ciclo de autodaño y la terapia apropiada a largo plazo.

Cómo prevenir e identificar este trastorno

La buena noticia es que las autoagresiones pueden responder al tratamiento especializado. Para ello es fundamental identificar las situaciones o trastornos mentales que subyacen a estos comportamientos. Con un adecuado tratamiento psiquiátrico se busca manejar esas enfermedades que están relacionadas con el SED. Pero, sin duda, una parte muy importante es la psicoterapia, que favorece la canalización de emociones sin que el paciente requiera dañar su propio cuerpo.

Pero como siempre, lo mejor es prevenir y vigilar cambios en las conductas de los jóvenes como: que los adolescentes se vuelvan retraídos o solitarios, que dejen de disfrutar de actividades con las que gozaban previamente o si pasan largo tiempo encerrados o evitan que les vean zonas del cuerpo que antes enseñaban sin problema.

Cuando se presentan casos en los que hay conflictos en la familia es muy importante la educación. Es muy importante que los padres aprendan a contener de manera adecuada las emociones negativas de sus hijos. También es fundamental el diálogo abierto y promover modelos sanos de expresión emocional para que los muchachos se sientan acompañados, sobretodo en los períodos más críticos. Por otra parte, es importante que los conflictos se trabajen y resuelvan de madera madura al interior de la familia, para que dicha familia represente un lugar en el que se sientan acogidos y puedan comunicar sus experiencias, tanto negativas como positivas.

 

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