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Cómo influye el bienestar subjetivo en nuestra salud

Por Dra. Nancy Castrillón

El bienestar subjetivo hace referencia a la manera cómo valoramos nuestra vida, en términos de felicidad y satisfacción con la vida. Dichas evaluaciones o reflexiones cognitivas, además de que se diferencian en su estabilidad, también varían con el tiempo y pueden modificarse con base a la relación que establezcan entre sí.

Los constructos principales que abarcan nuestras reflexiones cognitivas de bienestar son: 

1. Bienestar afectivo

Incluye diversos sentimientos, emociones y estados de ánimo tanto positivos como negativos.

Los sentimientos o emociones positivas son las que experimentamos cuando las cosas parecen ir bien, o con emociones momentáneas como, por ejemplo, el disfrute, y con estados de ánimo, a más a largo plazo, como la satisfacción, el optimismo, o expectativas positivas sobre nuestro futuro.

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Los sentimientos o emociones negativas están relacionadas con todas aquellas experiencias de que las cosas no van bien e incluye emociones momentáneas y sentimientos de ira, tristeza, estrés y preocupación, y también estados de ánimo más duraderos como la depresión, la cual puede mantenerse en el tiempo.

2. Bienestar eudaimónico

Este tipo de bienestar hace referencia a los juicios que hacemos sobre nuestra autorrealización y el cumplimiento de metas en nuestra vida; específicamente incluye variables acerca del significado y el propósito de nuestra vida y todas las relaciones sociales de apoyo que tenemos para cumplir con dicho con propósito. 

Este constructo del bienestar requiere un procesamiento cognitivo más extenso que las evaluaciones de los sentimientos actuales e implica una introspección relativamente más compleja a lo largo del tiempo.

3. Bienestar evaluativo 

Hace referencia a la evaluación personal que hacemos sobre nuestra satisfacción con la vida y también sobre experiencias de vida muy específicas como, por ejemplo, nuestra satisfacción laboral.

Factores que contribuyen a nuestro bienestar subjetivo

  • Genética
  • Personalidad
  • Nivel educativo
  • Estado civil
  • Nivel socioeconómico
  • Exposición a factores estresantes 
  • Relaciones sociales
  • Actividades y uso del tiempo 

Estos factores no afectan por igual los diferentes tipos de bienestar, debido a que el bienestar varía a lo largo del curso de nuestra vida; encontrándose, por ejemplo, que las relaciones sociales ocupan un lugar más destacado en las personas mayores que en las más jóvenes, o que los ingresos y los recursos socioeconómicos no tienen una asociación estrecha con nuestro bienestar evaluativo, pero sí con el bienestar afectivo. Sin embargo, muchos de los factores enumerados sí tienen una relación estrecha, y en muchos casos hasta directa, con nuestro estado de salud.

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Bienestar subjetivo y salud

La experiencia común nos dice que cuando las personas padecen una enfermedad grave o sienten dolor, su capacidad para la felicidad se ve afectada; sin embargo, la felicidad parece ser relevante para la incidencia de enfermedades y discapacidades, así como también para el pronóstico de ciertas enfermedades.

Existen diversas e ingentes investigaciones que relacionan la depresión y la angustia con la mala salud como, la enfermedad coronaria y la diabetes tipo 2, mientras que la depresión, predice un aumento de la mortalidad entre las personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica, la diabetes, la cardiopatía coronaria, el accidente cerebrovascular y algunos tipo de cánceres. 

Lo anterior indica que, las personas que no tienen síntomas depresivos experimentan un mayor disfrute de la vida y tienen más probabilidades de vivir con buena salud (Steptoe & Zaninotto, 2019).

Sin embargo, es importante tener en cuenta que la ausencia de estados negativos como la depresión y la angustia no significa que una persona sea permanente feliz. La felicidad va y viene, es decir que, podemos tener momentos o épocas en las que tendremos un estado afectivamente neutral, sin experimentar angustia o estar particularmente feliz; u otras donde podemos fluctuar entre los sentimientos positivos y negativos, dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de ciertas experiencias denominadas agridulces (Larsen, et al., 2017). 

Aun así, las investigaciones han corroborado que, las mayores diferencias en la esperanza de vida saludable se encuentran entre los grupos extremos de alto disfrute de la vida sin síntomas depresivos y bajo disfrute de la vida combinado con depresión.

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Por otra parte, se ha encontrado que las emociones positivas nos hacen más resistentes al estrés y nos ayudan a recuperarnos más rápidamente cuando ha habido un daño en nuestra salud, como un accidente cardiovascular (Fredrickson, et al., 2000). Otros estudios, por su parte, han informado que el afecto positivo predice una vulnerabilidad reducida en el desarrollo de enfermedades de las vías respiratorias superiores (Cohen, 2006). 

También se ha informado que, independientemente de los factores sociodemográficos, la salud inicial, la discapacidad o movilidad reducida, el comportamiento de salud, y síntomas depresivos, cuando las personas tienen un mayor disfrute de sus vidas, y por algún incidente, ven afectadas sus actividades de la vida diaria, dicha discapacidad disminuye en el transcurso de unos años.  

Además, se ha sugerido que un alto bienestar eudaimónico y afectivo reduce el riesgo de demencia y deterioro cognitivo leve (Boyle, 2010). Sin embargo, esta asociación es un tanto compleja, ya que se ha encontrado que el deterioro cognitivo en la edad adulta conduce a una menor felicidad y pérdida de propósito en la vida, lo que implicaría que dichas relaciones no son directas sino bidireccionales (Steptoe, 2019).

Con base en lo anterior, parece que nuestro bienestar subjetivo, es decir, nuestros propios juicios y sentimientos sobre nuestra calidad de vida, determina, de una manera u otra, nuestro estado de salud y nuestra esperanza de vida.

Referencias

Diener, E., Pressman, S. D., Hunter, J., & Delgadillo-Chase, D. (2017). If, Why, and When Subjective Well-Being Influences Health, and Future Needed Research. Applied Psychology: Health and Well-Being, 9(2), 133–167. https://doi.org/10.1111/aphw.12090

Steptoe, A. & Zaninotto, P. (2019). Happiness and Health. Annual Review of Public Health, 40(1), 339–359. https://doi.org/10.1146/annurev-publhealth-040218-044150

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