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Carta de un perro lazarillo a su amo

Por Phrònesis
Los perros lazarillos son las mejores guías para personas invidentes

Cuando se trata de alguna dificultad, el ser humano siempre busca una mano amiga en sus más cercanos. Generalmente, otros humanos. Sin embargo, con el pasar del tiempo hemos visto cuál es el papel de las mascotas en nuestras vidas. Los animales juegan un importante papel en la vida diaria. Desde una amistad muy particular, hasta la ayuda de un perro para desenvolverte en tu cotidianidad. Así pues, estos animales ayudan a superar a muchos, como en el caso de las personas ciegas.

¿Cuál es el trabajo de un perro lazarillo?

Si aún no lo sabes, el perro lazarillo se encarga de facilitar la vida de su amo. Este le guía por los espacios más habituales, para que la persona que sufren de ceguera o serios problemas visuales, pueda desarrollar sus tareas cotidianas sin mayor dificultad. Es por esa razón que los perros, son protagonistas de muchas historias de vida. Relatos y hechos en los que dejan en evidencia su inteligencia, capacidad por estrechar fuertes lazos emocionales y fidelidad con sus amos. De seguro, tú has sido testigo de lo que decimos. A continuación, te traemos un maravilloso ejemplo de ello.

Quizá siempre te has preguntado cómo piensa un perro. Si es consciente de la amistad y el aprecio. ¿Sabe que forma parte importante de tu vida? ¿Siente amor como las personas? En las siguientes líneas, te presentaremos una carta de un perro lazarillo dirigida a su amo. Puede que te sientas identificado. Tal vez, recuerdes a esa mascota que marco tu vida y que fue un medio para superar alguna situación o problema…

Querido amo…

Primero que todo, quiero saludarte y expresar mi agradecimiento infinito. Me has acogido en tu hogar, junto a ti y a los tuyos. Eso, no lo hace cualquiera. Tener un techo y una familia no tiene precio. Yo antes no la tenía y jamás pensé disfrutarla. Sobre todo, aquella tarde, en la que me viste bajo la lluvia, estaba solo y triste.  No imaginé que te importaría el hecho de que estuviera solo en aquella inmensa plaza. Sin disfrutar de la amistad de alguien más, pues era solo un perro. Sin embargo, tú marcaste la diferencia y ese momento cambió mi vida.

Lo que sentí cuando te conocí…

Al verte, pensé que me darías algo de comida, pero noté curiosidad en tu rostro. Al detallarte bien, supe que tu visión no estaba en perfectas condiciones. Supe que no podías verme. Eso me preocupó, porque no sabía cómo ayudarte. Sin embargo, para mi sorpresa, fuiste tú quién me ayudo a mí. Supe que no dudabas en acercarte y empecé a preguntarme: ¿Por qué lo hace? Soy un perro de la calle nada más. Lo cierto es que, en ese momento, supe que estaríamos juntos por el resto de mi vida. Sí. Nuestro encuentro es memorable como en muchas historias de vida importantes. Lo que no podía creer, era que yo formara parte de ella.

Ese momento especial de llegar a casa…

Conocí tus verdaderas intenciones. Querías llevar a este triste perro a algún otro lugar mejor. No puedo negarte que dudé, porque sé que no todas estas historias tienen éxito. Muchos otros perros me han hablado de personas malintencionadas. Sin embargo, comprobé que no siempre es así. Pasaron por mi mente muchas preguntas de las que ansiaba respuestas. Mientras me preocupaba por ti.  ¿Podrías ver con claridad cuando terminara la tarde? ¿Acaso me veías a mí?

Al entrar en tu casa, me sorprendí cuando vi  lo cariñosos que eran tus hijos y esposa. Todos me recibieron con mucho amor. Me abrieron las puertas como si fuera otro de la familia. Incluso, cuando era un perro abandonado. Antes, no tuve quien me ayudara ni me diera un poco de comida. Esa es una de las razones por las que más aprecio tu acogida y valoro lo que eres. Resultaste ser una persona empática, pero ¿Qué sabía yo de ellas?

Cuando empezamos el entrenamiento que cambiaría nuestras vidas…

Cuando me llevaste a tu casa, también me diste herramientas para retribuir tu apoyo. Empecé a entender muchas cosas. Decidí, entonces, ayudarte en la superación de aquello que te aquejaba. La ceguera venía por ti y, posiblemente, yo podría ayudarte de alguna forma. Tomé la decisión más importante de mi vida y acepté estar en tu vida y ser tus ojos. De esta manera, iniciamos una especie de entrenamiento con toda la familia. Ahora, yo era otro miembro más. Todos se esmeraban en ensañarme, para ayudarte. No, mejor dicho, para ayudarnos. Cuando la oscuridad estaba más cerca, pude empezar a ser tu luz.

Aprendimos a complementarnos, yendo y viniendo por toda la casa. Quisimos abrir las puertas y dar la vuelta al barrio. Nuestras caminatas fueron un éxito. Cuando mis hermanos y madre salían de la casa, quedábamos tú y yo. Con el pasar del tiempo, nuestra amistad fue creciendo. Claro, era una muy particular, la de un perro y un humano.

Así pasaron los años y cada vez fuimos llegando más lejos. Ya no se trataba de una amistad, era más una relación entre padre e hijo. Ya que eso eras para mí, un padre. Aprendí a querer con facilidad a todos en casa y ahora yo era un hermano de tus hijos. Un tanto peludo, pero cariñoso igualmente. Estoy seguro de que esta clase de historias de vida, impacta a cualquiera. Sin embargo, yo podría decir que son más comunes de lo que muchos piensan.

Solo tengo una petición…

Cuando una mascota recibe el cariño y la amistad que un humano le ha dado. Aprende a retribuirlo de la forma que mejor puede. Es por eso que muchos humanos dicen que somos muy tiernos. Que movemos la cola de allá para acá cuando nos hablan. Si lo piensan bien, esa es una de las formas de demostrar nuestro amor. Para mí, guiar a mi padre por la casa, el barrio o por donde sea necesario es un verdadero placer. Nos divertimos mucho. Cuando quedaste ciego por completo, noté que te volviste más conversador. Yo trataba de entender lo que me decías y asentía con el hocico.

La verdad, muy pocas veces comprendía, aún hay cosas que no entiendo. Sin embargo, me encanta escuchar tu voz y saber que puede ser una compañía para ti. Me encantan nuestros paseos. No se trata de superación a la ceguera que padeces. En este momento, entiendo que tú te has adaptado a tu nueva vida. Y yo, soy feliz de formar parte de ella.

Ahora, solo tengo una petición y es para ti querido lector. Te pido, por favor, que nunca abandones a ningún amigo. Tener un hogar no tiene precio. Las historias de vida, sirven para demostrarlo. Cuando se trata de nosotros los perros, te aseguro que no hay acompañantes más fieles.

Referencia:

Erosky Consumer

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