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El camino esotérico: adivinos, brujos y timadores

Por Dra. Iris Luna
tratamientos esotéricos

El engaño esotérico puede ser un elemento interesantísimo de reflexión. Muchas personas son asaltadas en su buena fe y se vuelven víctimas de este tipo de estafas. Lo peor de todo es que, a pesar de sufrir terribles consecuencias, la gente que cae en este tipo de trampas teme mucho denunciarlas por temor a las represalias sobrenaturales o porque siente vergüenza de haber sido incauto.  

Si analizamos bien lo de las supuestas represalias es absurdo ya que un brujo, curandero o vidente que recurre a los timos para simular poderes psíquicos lo hace  porque en realidad el único poder que tiene en sus manos es su capacidad para robar a la gente. Estos casos, por desgracia, son demasiado frecuentes y muchas veces alentados por las mismas comunidades que suelen poner en un pedestal a los embaucadores, los cuales suelen ser bastante seductores y poseen mucha labia y facilidad de comunicación.   

He sabido de personas enfermas que abandonan su tratamiento médico, no por un tratamiento alternativo, sino por una falsa promesa de curación milagrosa o trabajo contra “el mal de ojo”. Una promesa que, muchas veces, desemboca en la quiebra económica de los familiares y la muerte del enfermo.

Pero no solo el abandono del tratamiento médico, por creencias esotéricas  (“mal de ojo”, trabajo de vudú, maleficio impuesto, envidia, etc.), puede provocar serios problemas de salud física y mental en  los clientes. Hay que pensar en lo que representa para las familias entrar en el juego de los timadores, que constantemente pretenden aprovecharse de los temores, la ignorancia o la desesperación de las personas. Abundan “rituales anti mal de ojo”, “limpiezas espiritistas” ,“sesiones de umbanda” , “lectura de la mano”, “tirada del tarot”, etc.

El pensamiento mágico está muy arraigado en diferentes culturas y los temores acerca de lo sobrenatural también. Muchas personas todavía van de vidente en vidente y de brujo en brujo para que les solucionen la vida, les mejoren la salud y les permitan conseguir a la persona amada.  Algunos ruegan  que se les haga un trabajo de magia porque piensan de manera honesta que están bajo el influjo de algún maleficio.

El vidente suele recibir su pago y generalmente hace cualquier tipo de ritual, rezo, pase de manos que calme al cliente de su obsesión por el hechizo. Puede ser que el efecto placebo funcione o puede ser que no, pero la verdad es que en esos casos la tentación por recibir dinero fácil es una verdadera golosina para el adivino. Y la misma víctima podría inducir al delito.

Para el sociólogo Enrico Mora, estos fenómenos son el resultado de la experiencia subjetiva de la persona al no disponer control sobre la propia vida, al sentirse objeto de fuerzas “misteriosas” sobre las que no tiene incidencia. Estos comportamientos obedecen a una doctrina del “aunque quiero no puedo”, contraria a la del “querer es poder”. La persona se siente incapaz de alcanzar meta alguna y se dirige a la videncia o el tarot como fuente de certezas y de sentido, algo muy parecido a lo que se esperaría de la fe en la religión.

Las creencias ciegas o paradigmas (esquema de pensamiento rígido que no es capaz de procesar una idea contraria, o sea un pensamiento estricto que rechaza los cambios) pueden llegar a convertirse en  verdaderos motores de la vida de muchas personas. La fe indiscriminada en el mal “de ojo” unida a la falta de suspicacia, ausencia de pensamiento crítico, ignorancia en el tema, sugestión, credulidad o el desasosiego es lo que propicia que cualquier individuo sin diferencia de raza, estatus social o nivel cultural pueda convertirse en víctima de este tipo de estafas.  

Desgraciadamente esas creencias irracionales y teorías diversas son alentadas cada vez más por charlatanes que solo buscan empoderar sus canales virtuales con teorías absurdas y videos alterados con técnicas digitales. Los expertos afirman que factores como la inestabilidad económica y laboral lleva a algunas personas a buscar optimismo y seguridad en las prácticas adivinatorias.

Como decía inicialmente, pocas veces los embaucadores (cartomante, quirólogo, astrólogo, etc.) son denunciados por las víctimas. El sentirse ridículos, el temor a las reacciones de la familia al ver los gastos exorbitantes de la víctima o el miedo a las represalias del adivinador hacen que muchos de los engañados opten por el silencio. No obstante, la ambición desmedida de muchos de estos vividores esotéricos exprime hasta límites insospechados al incauto, haciendo que finalmente la víctima desesperada pueda llegar hasta el extremo de quitarse la vida.

A continuación les expongo un caso para reflexionar:

Una mujer de 64 años y viuda, solía levantarse todas las noches y buscaba un canal con un espacio dedicado a una vidente cartomante. Consultaba porque padecía una adicción a la lectura del tarot. Empezó a pagar unas facturas mensuales de teléfono exorbitantes por espacio de algunos meses. Eso la hizo consultar.

“No era capaz de suspender. Durante el día tenía mucha ansiedad, me daba un desespero que no me dejaba respirar, me sentía desorientada y estaba absolutamente segura de que la experta en tarot podía encaminar mi vida y mi futuro. Esto tenía un gran costo, pero después de escuchar a la tarotista me podía quedar dormida”, eso explicaba la mujer durante la terapia.

Se trataba de una persona con baja autoestima, insegura, supersticiosa y ansiosa que empleaba la lectura del tarot como una forma de ejercer algún control sobre su existencia. La mujer decía tener pocas relaciones cercanas. Es importante recalcar que la consulta a los videntes puede llegar a convertirse en una  adicción comportamental, sin sustancias adictivas de por medio, como lo son la adicción al juego, al sexo o al internet, por ejemplo. Se trata de hábitos de conducta placenteros o tranquilizadores que en un grupo de personas lleva a una dependencia y organizan toda su vida en función de ellas.

Las personas con este tipo de adicción son blanco fácil para los timadores. Asisten a la consulta con el psicólogo con una gran sensación de culpa porque no pueden parar de llamar o acudir a los videntes y con grandes deudas.  

Las personas que acuden con frecuencia a los tratamientos esotéricos suelen pertenecer al sexo femenino y estar entre los 40 y los 65 años de edad, sin pareja y con escasas relaciones sociales. Por lo general son personas supersticiosas y tienen un pensamiento ¨mágico” (una manera de explicar todos los acontecimientos con base en unas interpretaciones equivocadas de las causas y sus efectos).

Por otra parte, todo esto se ve ayudado por la sensibilidad que tienen estas personas al llamado “Efecto Barnum”, el cual incita a que al leer ciertas frases que describen aspectos de la personalidad comunes a cualquier persona, las adictas las tomen como propias, con lo cual siempre tienen la impresión de que el adivino ha acertado.

Es importante contrastar nuestras ideas, investigar, ser cautelosos y tener un pensamiento crítico para no caer ni quedar atrapado en estas trampas esotéricas.  Si alguno de los que me leen tienen a una persona cercana con este tipo de problema, es importante hacerle ver las consecuencias negativas que trae su conducta, pero sin culparla o burlarse de ella. Ofrecer apoyo, escucharlo con atención y animarle a buscar apoyo profesional.

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