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Estrategias para aumentar la tolerancia a la frustración

Por Phrònesis
Estrategias para aumentar la tolerancia a la frustración

En artículos anteriores, hemos hablado de la importancia de afrontar la baja tolerancia a la frustración para obtener un mejor desempeño en la vida diaria, superar los obstáculos con mayor facilidad y no dejarnos vencer por el temor al fracaso.

Primero, es importante que partamos de un entendimiento pleno de la frustración como sentimiento abrasivo. Para ello, es válido interpretar el hecho de sentirse frustrado como una respuesta natural cuando la realidad no satisface nuestros deseos. Algo similar ocurre cuando se rompe una cerámica y echamos de menos la apariencia que tenía al principio, luego de haberla comprado, cuando lucía intacta y pulcra.

La frustración es parte de la experiencia humana tanto como la alegría y la tristeza. Sin embargo, cuando no desarrollamos herramientas para afrontarla asertivamente, la vida puede convertirse en una pesadilla y, nosotros, en antihéroes de la evasión.

Aumentar la tolerancia a la frustración depende, en primer lugar, de asumir que nuestras demandas no podrán ser siempre satisfechas. Es cierto que la planeación, la disciplina y el esfuerzo arrojan frutos invaluables, no obstante, es imposible ejercer control sobre cada uno de los factores externos que influyen en nuestro éxito en la vida.

Cuando construimos decisiones (y más aún: cuando construimos nuestra personalidad) con base en un principio de recompensa inmediata, aceptación eterna por parte de los demás y ver siempre nuestros deseos cumplidos, dejamos a un lado el gozo de vivir para refugiarnos en una fantasía irrealizable.

Nadie puede garantizar la satisfacción perpetua de sus expectativas o el cumplimiento de sus metas con un chasquido, sin embargo, una tolerancia a la frustración fortalecida puede evitar que colguemos los guantes antes de tiempo y motivarnos a seguir adelante sin importar qué tan escabroso sea el camino.

Construyendo una tolerancia a frustración enriquecida

Muchos psicólogos coinciden en que la intolerancia a la frustración deriva de un esquema cognitivo basado en creencias irracionales o engaños mentales.

Este tipo de creencias giran en torno a nuestras expectativas y deseos, y se basan en teorías que hemos extraído de malas experiencias del pasado, rumores, inseguridades e incluso pensamientos tóxicos heredados de nuestros padres o seres queridos.

Las creencias irracionales hacen que nos enfoquemos en lo negativo todo el tiempo, dejando de lado los aspectos positivos de nuestra vida. Por ende, el primer paso correctivo para aumentar nuestra tolerancia a la frustración es abordar la calidad de nuestras creencias, dejar a un lado los pensamientos dañinos y fortalecer aquellos que nos enriquecen.

A continuación, encontrarás un listado de prácticas sencillas que te ayudarán a construir una tolerancia a la frustración más robusta y tener éxito a la hora de superar momentos difíciles.

Auto cuestionamiento

Pregúntate a ti mismo si las creencias que regulan tu toma de decisiones y manera de afrontar la vida se basan en parámetros racionales o si, por el contrario, son puramente irracionales.

Es posible reconocer una creencia irracional a simple vista, ya que suelen tender a la catástrofe (“Esto es lo peor que me podría haber pasado”), la victimización (“Las cosas malas me ocurren siempre a mí”), la generalización (“Todos son iguales”), el pesimismo (“Seguramente saldrá mal”), los estereotipos (“Ese tipo de gente siempre busca algo a cambio” y el prejuicio (“No lo conozco bien, pero siento que es una mala persona”).

Cambiar el enfoque

Cambia el ángulo desde el cual sueles enfocar las cosas. Parte del problema con la tolerancia a la frustración es que decidimos poner atención a las cosas malas, a lo que no está saliendo según nuestros planes; sin embargo, si decidiéramos verlo todo desde un punto de vista distinto, podríamos comenzar a notar el universo de bendiciones que hay en nuestra vida, y redirigir nuestra energía de forma más productiva.

Distraernos más seguido

Implementar técnicas distractoras cada vez que tengamos problemas para lidiar con la frustración. Podemos distraer a nuestro cerebro armando un rompecabezas, haciendo una lista de las cosas que están marchando bien en nuestra vida, leyendo un libro, escuchando música o haciendo algo que realmente nos guste.

Aunque parezca que estamos evadiendo el problema, el hecho de enfocar nuestra energía en algo que nos produzca placer puede ayudarnos a crear hábitos muy beneficiosos con el tiempo.

Seguir un buen ejemplo

Todos tenemos una figura o personaje al que admiramos profundamente por sus cualidades y forma de sobrellevar la vida. Lo más importante en estos casos es asegurarnos de elegir el modelo correcto (ya sea Gandhi, Buda o nuestro hermano mayor), y aprender de alguien que realmente nos inspire y ayude a crecer.

En términos generales, la honestidad es el primer paso para aumentar nuestra tolerancia a la frustración. Ser honestos con nosotros mismos nos permite poner las cartas sobre la mesa y decir con propiedad:

“Quiero lo que quiero. Siento que lo merezco, me he esforzado mucho por conseguirlo y todas mis energías están puestas en ello; sin embargo, si no lo obtengo, sé que todavía podré ser feliz, y que otras oportunidades podrán surgir con el tiempo”.

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