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Así funciona la mente de una persona celosa

Por Phrònesis
Así funciona la mente de una persona celosa

Muchas personas conservan la creencia errónea de que los celos guardan relación directa con el afecto, y que entre más celosa se muestra una pareja, más grande es su amor.

Este punto de vista se vincula con la literatura romántica y los medios de comunicación, que han influido en la percepción subjetiva del amor a través de historias clásicas donde vemos a los personajes expresar sus sentimientos de forma intensa y hasta con un grado particular de locura.

No obstante, a pesar de que la asociación equívoca entre los celos y el afecto ha perdurado a lo largo de generaciones, hoy en día contamos con el beneficio de poder adentrarnos en el funcionamiento cerebral y comprender mejor la conducta humana. La mecánica de los celos de pareja es una de las incógnitas que hemos podido esclarecer gracias a la psicología y las neurociencias.

En este artículo, hablaremos de ello con el objetivo final de comprender su procedencia, factores influyentes y posibles consecuencias.

La biología de los celos: nada que ver con el romance

La Dra. Helen Fisher es famosa por sus investigaciones en el campo de la psicología del amor. Fisher describe los celos como una mezcla de conductas posesivas, sospecha, ira y sentimientos de humillación. Todo esto aflora en el momento menos pensado y puede ocurrir tanto en una relación estable como en una recién iniciada, independientemente del grado de confianza que exista en la pareja.

Una explicación habitual de los celos se remonta a experiencias negativas de la infancia, conflictos emocionales y problemas de autoestima o inseguridad. Si bien todo esto puede ser cierto en algunos casos, Fisher nos recuerda que los celos son un mecanismo instintivo que evolucionó con nosotros por una buena razón: garantizar la unión familiar y la supervivencia de los miembros jóvenes.

De hecho, en dosis moderadas, los celos pueden ser buenos para conservar la llama de la pasión encendida, el problema surge cuando perdemos el control de nuestras emociones y permitimos que sea nuestro sistema límbico (instintivo) quien tome las riendas de nuestra vida.

Entonces, todo lo que sucede a nuestro alrededor, por muy inofensivo, se convierte en evidencia de provocación o infidelidad. Este es el mecanismo conductor de los celos patológicos, que se caracterizan, entre otras cosas, por:

  • Acusaciones infundadas
  • Un cuestionamiento constante del comportamiento del otro
  • Interrogatorios repetitivos acerca de llamadas telefónicas y todas las demás formas de comunicación
  • Revisión de las propiedades de la pareja (violación de la privacidad)
  • Deseos de aislar a nuestro compañero sentimental del resto del mundo

En los peores casos, los celos pueden llevar a una persona a cometer actos de violencia física, verbal psicológica, y lo más preocupante es que cualquier cosa puede detonar una crisis de celos espontáneamente: un olor, una imagen, un recuerdo…

Los celos son generalmente irracionales, ya que responden a un conjunto de señales de alerta que actúan sobre áreas específicas del cerebro relacionadas con la memoria, las emociones y la percepción. Esto explica por qué muchas personas experimentan episodios de celos sin tener una razón de peso para sospechar de su pareja.

La mente de una persona celosa es como una ruleta rusa que no avisa ni da pistas de lo que está por ocurrir”.

Cada vez que una persona siente celos, entran en juego hormonas importantes como la oxitocina, también llamada hormona del apego, que compartimos, por ejemplo, con nuestra madre, y que juega un papel fundamental en las adicciones.

Adicionalmente, la vasopresina, la anandamida y el óxido nitroso hacen que las reacciones de las personas celosas sean a veces exageradas y desmedidas, pues se inhibe el control voluntario del comportamiento.

Cómo abordar los celos de forma saludable y cuidar nuestra relación

Los celos pueden aniquilar por completo la confianza y afecto construidos durante años de relación. Por un lado, hacen al celoso entrar en un laberinto de angustia severa y tendencia a la agresividad, y por otro, van asfixiando a la pareja con dudas y acusaciones que maltratan el amor.

La mejor forma de abordar los celos es mediante la autoreflexión constante y la comunicación. Primero, es necesario definir si estamos ante un caso de celos justificados o celos enfermizos; para ello, puede ser útil hacernos preguntas clave, por ejemplo: si hemos visto a nuestra pareja coqueteando con alguien más o en una situación comprometedora, si nuestra pareja se comporta de forma extraña o inadecuada, o si la hemos descubierto mintiéndonos sobre algo que puede relacionarse con una situación de infidelidad.

Si las respuestas son positivas, tenemos un asunto más importante que resolver que los celos, y es cómo afrontar una relación evidentemente quebrantada. Si, en cambio, las respuestas son negativas, puede que sea el momento ideal para preguntarnos si hay algo en nuestro interior, una forma de pensar o sentir, que nos perjudica sin darnos cuenta. 

Muchas veces, el miedo al rechazo o la insatisfacción con nuestra apariencia física son factores que alimentan una respuesta psicológica proyectiva, como los celos. Preferimos, entonces, acusar a nuestra pareja con la ira de nuestros conflictos reprimidos en lugar de confrontar los aspectos de nuestra personalidad que no nos agradan. 

Bien lo dijo Sun Tzu: “Conócete a ti mismo y en cien batallas no verás la derrota”. La manera más efectiva de abordar los celos y nutrir positivamente nuestras relaciones de pareja es trabajar cada día para conocernos a nosotros mismos y nunca avergonzarnos de los miedos y verdades que vayamos descubriendo.

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