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Apariencia física y autoestima

Por Dra. Iris Luna
Apariencia física y autoestima

“No está mal ser bella; lo que está mal es la obligación de serlo.”

Susan Sontag

En este artículo deseo hacer algunas reflexiones acerca de la belleza física y de qué manera dicho concepto puede actuar sobre nuestra autoestima. A causa del estereotipo de “la belleza es buena” que prevalece en nuestra sociedad, el atractivo físico es una ventaja inicial cuando se trata de exhibirse para causar una buena impresión (por ejemplo, toneladas de “selfies” que buscan el corazoncito rojo de me encanta) o en otras diversas situaciones de índole social y laboral.

Si una persona es una completa desconocida, una apariencia física estupenda juega muy bien a su favor. No nos digamos mentiras, la belleza física atrae la atención. No obstante, esa atención no siempre es positiva. La gente atractiva a menudo genera celos y envidia en los demás, por otra parte, si la persona es extremadamente guapa se la suele tachar de vacía y superficial. Además, cuando se da demasiada importancia al aspecto externo de una persona, muchas veces esto provoca en ella una excesiva preocupación (obsesión) por la imagen pública y resquebraja su confianza en sus habilidades en otras áreas.

La sociedad nos anima cada día a que mejoremos nuestro aspecto físico y detengamos a toda costa el paso del tiempo, pero es paradójico que la valoración externa de la belleza de una persona le brinde tan poco a ella, en términos de la opinión que pueda tener de sí misma. Lo más probable es que si nos vemos mal presentados, nos sintamos fatal; pero si nos vemos bien, eso no significa que necesariamente nos sentimos bien. El quid del asunto es cómo valora cada quien  su propio atractivo. ¡Así es! De hecho hay muy poca relación entre lo atractivos que podamos ser en realidad y lo atractivos que pensamos que somos.

Medidas

La autoestima es la base sobre la que se asienta la percepción del propio atractivo. Y ojo, no se engañen. La autoestima no es algo que se tiene o no se tiene (no hay dicotomía). La autoestima se compone de diversos aspectos que cada persona considera valiosos. La importancia que asignamos a cada uno de ellos (por ejemplo, el atractivo físico, las relaciones sociales, el éxito personal) para determinar el aprecio general de nosotros mismos varía individualmente, y depende además del contexto cultural, de las prioridades de cada uno en un momento determinado y de las experiencias de la niñez y la adolescencia.

Aquí el pasado cuenta. Cuando un aspecto al que damos mucha importancia, como por ejemplo la apariencia, se convierte en demasiado importante, lo más probable es que eso nos haga muy susceptibles a situaciones y comentarios que tienen que ver con el aspecto físico. Así que seremos mucho más sensibles al respecto ¡si esta área condiciona cómo valoramos el resto de nuestro ser!

Sentirse a gusto con uno mismo comienza desde adentro. Desde nuestra autopercepción y cogniciones. Significa desarrollar un poderoso sentido de la propia identidad, ampliar los aspectos que consideramos importantes en nuestra vida y valorar nuestras expectativas en torno a la apariencia física en forma realista, sin que nos produzca sufrimiento mental.

También, constituye valorar desde un punto de vista maduro y racional las maniobras, el tiempo y el esfuerzo que vamos a dedicar a mejorar; por ejemplo, ¿Estás pensando en ir al cirujano plástico para armonizar o mejorar una zona concreta de tu cuerpo o para compensar una autoimagen o un auto concepto negativo? ¿Estás tomando esta decisión de manera libre o te sientes empujada a hacerlo para complacer o no perder la atención de otra persona? Veremos que cuando la base de nuestra autoestima es firme, la respuesta a cada una de estas preguntas es sencilla y dotada de sensatez.

Discriminación

Si somos como la mayoría de las personas, probablemente prestamos atención a la apariencia. La avalancha de mensajes sobre la belleza con la que nos inunda la publicidad, la sociedad en que vivimos y la familia, puede fácilmente volverse contra nosotros y hacernos vulnerables en esa área. A la vez que nos esforzamos por ampliar en gran medida los aspectos que son importantes para nosotros (pasiones armoniosas), y fortalecer cada día nuestra autoestima. Debemos conocer algunas estrategias específicas que nos ayudarán a desarrollar una imagen corporal positiva y saludable.

  1. Intentemos no condicionar nuestros planes a la percepción que tenemos de nuestro aspecto físico. Conozco a muchas personas que aplazan y aplazan las actividades que les interesan hasta conseguir una mejoría de su apariencia. Si estás dentro de este grupo, te pido encarecidamente que  ¡Dejes de hacerlo ya! Empieza por hacer una lista de los intereses y actividades que has estado retrasando y establece un programa para hacerlas.
  2. Afrontemos las situaciones, aunque nos resulten incómodas. Si tendemos a emplear la evitación, es necesario examinar con lupa qué es lo que verdaderamente tememos. La mayor parte del tiempo descubriremos que lo que verdaderamente nos asusta es el miedo a sentirnos mal si nuestro peor pronóstico se hace realidad. Por ejemplo, si retrasamos el momento para ir a comprar un traje de baño, tal vez lo que tememos es que tendremos un aspecto horroroso con él o que tendremos que utilizar una talla más grande  de la que “deberíamos”. Quizás hasta imaginamos la cara de desagrado del vendedor al vernos el traje puesto. Aunque estas situaciones que planteo parecen desagradables, hemos de decir, con la mano en el corazón, que no son insoportables. Sin embargo, si estas profecías de que sucederá lo peor nos desencadenan una cadena de autocriticas, es comprensible que retrasemos hasta última hora el momento de medirnos el bañador para el verano. Pero, por favor, tengamos en cuenta que será nuestra propia reacción a la situación y la forma en que la interpretamos, lo que nos causará verdaderos problemas y no la situación en sí misma.
  3. Aprendamos a relajarnos y desconectémonos conscientemente de la tiranía de la belleza que promueven los medios. La meditación nos permitirá centrarnos más en el aquí y el ahora. Está demostrado que las personas que meditan tienen mayor capacidad para regular sus niveles de estrés, lo que les permitirá verse menos ansiosos o preocupados.
  4. Podemos emplear el enfoque de “la distancia” para reducir la presión que genera la obsesión por la apariencia en general. Si hiciéramos una lista de las personas modelo en nuestra vida, nos sentiríamos gratificados al darnos cuenta de que el aspecto físico no tiene que ver con las cosas a las que le hemos asignado valor (metas, aspiraciones, logro, bondad, honestidad, etc.)

Aunque los ideales que imperan en nuestros tiempos preparan el terreno para que florezcan pensamientos y sentimientos negativos con respecto a la apariencia, el grado de importancia que les damos está estrechamente relacionado con lo “a gusto” o “a disgusto” que nos sentimos con nuestro cuerpo. Como dije antes, este tipo de ideas y de sentimientos afectan no sólo la actitud que alguien tiene hacia sí mismo, sino que también se expanden a otras muchas áreas de la vida diaria.

Pueden ser causa de que perdamos contacto social real, o de que nos obsesionemos por mejorar aspectos relacionados con el aspecto físico en lugar de afrontar los miedos, recuerdos y preocupaciones de fondo. Si la percepción subjetiva de la apariencia está estrechamente ligada al concepto que una persona tiene sobre su propia valía, es fácil que crea en el mito de que mejorando el físico o levantándose la punta de la nariz resolverá otros problemas, esto no es así; lo que sí se ha comprobado es lo contrario: los problemas en otras áreas de la vida pueden provocar una percepción negativa de la apariencia.

Como individuos aislados, tenemos muy pobre control sobre los mensajes relativos a la belleza con los que nos bombardean, aunque nos demos cuenta de que no hay un solo día en que no estemos expuestos a ellos. ¿Está en nuestras manos evitar que nos invada la obsesión por la belleza de nuestra sociedad? La respuesta es sí.  

Luchar contra la preocupación excesiva por la apariencia física empieza por reflexionar sobre la esencia de nosotros mismos, sobre la opinión que tenemos de nuestra apariencia y la mayor o menor relevancia que le damos, y sobre el efecto que esto tiene en nuestra conducta, la calidad de nuestras relaciones personales y nuestra vida en general. El segundo paso es asumir una postura firme al respecto y establecer nuestros propios criterios de belleza.

Autoestima

Una vez que nos sintamos seguros de nosotros mismos y hayamos conseguido un equilibrio entre intentar mejorar nuestro cuerpo sin sufrimiento y aceptarnos con agrado tal y como somos, todavía nos quedará bastante por hacer. Podemos luchar contra la discriminación basada en el sobrepeso u otro aspecto físico, canalizar nuestros esfuerzos en conseguir educar a nuestros hijos estando bien informados acerca de los riesgos de padecer trastornos de la conducta alimentaria, trastorno Dismórfico Corporal, reducir la presión familiar en cuanto a los ideales de belleza y ayudar a que los jóvenes desarrollen una imagen corporal positiva.

Recordemos que la relación más importante de nuestra vida es la que mantenemos con nosotros mismos y con nuestra imagen en el espejo. Que el espejo nos ayude a reconocer nuestro auténtico valor como ser humano y que el reflejo que veas en él te genere tranquilidad y satisfacción personal.

Por: Dra. Iris Luna
Médico Psiquiatra – Máster en Nutrición
Especialista en Sobrepeso y Obesidad
Contacto: iluna@phronesisvirtual.com 

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