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Amor y enamoramiento nuestra realidad cerebral: el desamor y el dolor – Parte II

Por Dr. Rodrigo Isaza Bermúdez
Amor y enamoramiento nuestra realidad cerebral

Con la consolidación del afecto y las realizaciones individuales, de pareja y la familia, se solidifican muchos aspectos, como comentábamos en el anterior artículo, si se cumplen los objetivos personales y grupales, y estos generan bienestar, comprensión y entendimiento, se van dando otros pasos de valor que fortalecen la relación.Los cambios del proceso no están exentos de problemas, de la interrelación personal y de las expectativas que producen los cambios y los escenarios familiares.

Sin importar los motivos y si la relación de pareja entra en la monotonía, sin aumentar los receptores de Dopamina que le dan a la escalada de estímulos la energía necesaria para la innovación y el placer en medio del fortalecimiento de otros valores, el ingreso de nuevos personajes como los hijos con toda la expectativa y demanda que alteran la relación afectiva, y crean ambientes compartidos, anexan ansiedad y resolución de problemas.

Se necesita mucha madurez para aceptar los cambios del ambiente familiar y poder mantener la felicidad en ese centro del afecto (el núcleo Accumbens) donde se centran las actividades afectivas producidas por el amor y el acompañamiento en los procesos de dificultad compartida.

Ahora el enamoramiento entra en etapas sucesivas de prueba, con menos imaginación y con mayor control de nuestro cerebro inteligente (la corteza prefrontal), allí se miden los impulsos del sistema límbico, se resuelven procesos reales del establecimiento de la relación, se miden los riesgos afectivos, económicos, las responsabilidades y el emprendimiento de futuro, con objetivos muy claros de éxito, y fortalecidos con la relación afectiva.

¿Por qué nos desenamoramos?

Las expectativas de la relación deben ir de la mano de los partícipes, asumiendo los riesgos y solucionando problemas. Las relaciones se deterioran por un desbalance de factores de respuesta a cada uno de los retos a los cuales se enfrentan.

Los afectivos, yo doy más, tu das menos, yo trabajo mucho, tu no aportas nada, estás consiguiendo por fuera motivaciones de felicidad que no compartes y en general una serie de quejas que hacen que los sentimientos negativos, el estrés, la ansiedad y la desmotivación predominen sobre el aumento de receptores de beneficio.

Los factores negativos estimulan el centro del dolor afectivo (la amígdala cerebral) que se encarga de almacenar en “el archivo de las cosas malas”, localizado en una parte del cerebro (corteza orbitofrontal), cada uno de los elementos no afectivos y los reactiva a cada momento.

Es fácil recordar las cosas malas de nuestra pareja, lo que te hizo llorar, poner en ridículo, el grito destemplado, el reclamo airoso, los comentarios destructivos de la relación y van perpetuando un balance en números rojos, que se repasan de acuerdo a los escenarios que vive la relación.

La amígdala cerebral está hecha para protección de la especie, ahí entonces se valora la individualidad, la cría, y todas las memorias necesarias para fortalecer la huida(rompimiento) o la agresión(defensa) a la manera social de cada uno de los actores de la relación.

Los celos se vuelven más activos, el ingreso de pensamiento “basura” durante todo el día imagina situaciones irreales o les da sentido a las situaciones negativas reales, al final los factores emocionales buscan salida con la expectativa de bienestar individual sin la pareja.  

Los momentos de crisis son pasto fácil para el ingreso de un tercero a la relación que le genere un futuro promisorio, disminuyendo el dolor y aceptando el riesgo.

No hay perdida de química como dicen algunos, es un proceso de desmotivación sin el ingreso de incentivos que produzcan la Dopamina necesaria para seguir creciendo afectivamente, y la corteza prefrontal toma la decisión seria, buscando el mejor estado que produzca tranquilidad y sosiego ignorando los ingresos afectivos acumulados.

¿Podemos volvernos a enamorar de la misma persona?

Recordemos que el enamoramiento dura mas o menos tres meses, el re-enamoramiento es un proceso más lento porque debe generar dos factores importantes para que la corteza prefrontal acepte el nuevo reto: verdad y confianza.

El nuevo orden cerebral permite que la amígdala y la corteza orbitofrontal (archivo de lo negativo) sean conectados continuamente con el cerebro inteligente y racional (corteza prefrontal) y se valoren los hechos en función de una gran carga emocional y una posibilidad de fracaso alta.

El factor fracaso en la toma de decisiones se vuelve lenta y mantiene un ambiente de premonición de resultados negativos, porque ya hay memoria de futuro, y se recuerda el dolor de arriesgar de nuevo, con una posibilidad de éxito reducida.

El segundo enamoramiento es mas racional y tiene más intereses por los factores de bienestar de tipo realización, factores económicos y de futuro de la cría, mientras se solidifican otros elementos que den seguridad para adelantar nuevos proyectos con paso firme.

Los planes son mas racionales y menos afectivos, se prefiere la pérdida de cualquier tipo, pero no en función del dolor afectivo a menos que haya condiciones psicológicas o psiquiátricas que perpetúen la situación estresante y de sufrimiento que cada uno de los actores de la relación expresen para volver a arriesgar.

Recordemos que el sufrimiento afectivo crónico produce los mismos daños cerebrales que el dolor físico y los cambios implican deterioro de funciones sociales y afectivas importantes, con pérdida de conexiones cerebrales y daño de las neuronas (apoptosis).

¿Olvidar, olvidar quién pudiera?

Los componentes afectivos del recuerdo son muy importantes en el ser humano, de hecho, recordamos lo agradable y le desprendemos(olvidamos) los detalles y sufrimientos para la obtención de los objetivos del amor. El logro supera las penas, siempre y cuando las expectativas de búsqueda y la recompensa sean suficientes para producir felicidad.

Los momentos agradables tienen elementos de recuerdo global, solamente en momentos cruciales y con características individuales de la personalidad, se pueden recuperar los almacenamientos de memoria en detalle.

El desafecto y el dolor se reactiva en forma inconsciente, y hay un sinnúmero de canciones, poesías, libros y frases célebres que lo certifican, cuando alguien dice “ya te olvidé” se está recordando con más fuerza y aparecen elementos de refuerzo para que la corteza orbitofrontal llene su estantería de recuerdos dolorosos en varios volúmenes.

Luego de la ruptura, y de las fases de la misma, se llega a la indiferencia y a un sutil olvido consciente, que se reactiva con el licor, algunos factores inconscientes que aparecen en ambientes parecidos a los cuales se recurren sin pensarlo, viendo una película, detallando un parecido en la calle, recordando una canción, evocando otro tipo de dolor.

La amígdala cerebral actúa día y noche, hace que los mecanismos de búsqueda se reactiven, se frecuentan amigos en común, se pregunta sutilmente por la pareja, se busca en redes sociales, se recuerda con el mismo nombre de otra persona, una sonrisa, un caminado parecido, en fin, todos los elementos necesarios para reconstruir la pérdida.

Conscientemente afirmamos el olvido, lo certificamos, justificamos y establecemos la norma para el mismo, pero el inconsciente maneja el cerebro a su antojo y trae los recuerdos por asociación o conveniencia, sin contar con los estados de ánimo que reactivan lo negativo.

Por. Rodrigo Isaza Bermúdez.
Neurólogo clínico.

Bibliografía
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