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Amar no significa que debas perdonar lo imperdonable

Por Phrònesis
Amar no significa perdonar lo imperdonable
Redacción Editorial Phrònesis.

Una de las creencias más difundidas en torno al amor es que, si uno ama realmente a alguien, está obligado a hacerlo incondicionalmente, sometiéndose a toda tempestad, cobijándose bajo la intemperie y perdonando, incluso, lo que nunca pensó tener que perdonar.

Es cierto que la apertura al perdón es el primer paso para dejar atrás el resentimiento cuando hemos sido víctimas de alguna injusticia, sin embargo, cuando el acto en cuestión se trata de una infidelidad o un episodio de abuso físico/psicológico, la tarea de perdonar (o más bien, forzarnos a perdonar) puede llegar a convertirse en un verdadero tormento diario plagado de hostilidad, reproches y recuerdos dolorosos.   

Amar es también ser paciente y comprensivo, es verdad, pero a veces la incondicionalidad nos lleva a no saber diferenciar entre una herida que puede sanar con el tiempo y una relación que ha comenzado a agonizar. Y es que, sin importar lo mucho que amemos a una persona, sin importar si ha sido el primer engaño, la primera mentira o “el primer descontrol”, existen lazos, lenguajes secretos y acuerdos tácitos que, una vez han sido rotos a la fuerza, no siempre pueden volver a construirse.        

Cuando la desconfianza llega, el amor se va

Confundimos el amor con la obligación de entender los errores ajenos, algo que difícilmente conseguimos cuando tales errores son actos que nunca hemos cometido y que no imaginamos siquiera cometer.

Desde luego, ser capaces de comprender la conducta de quien nos ha lastimado nos permite abordar racionalmente un asunto haciéndolo más fácil de sobrellevar, el problema es que el sufrimiento al igual que el amor es una experiencia emocional, es por eso que racionalizar el dolor que produce el abuso psicológico o la infidelidad es negarnos un derecho básico: el de sentir indignación y cólera.  

Cuando, además de esto, nos forzamos a perdonar “porque amamos a nuestra pareja” o porque “es la respuesta madura y correcta”, nos hundimos sin saberlo en el precipicio del desamor propio llamando a semejante desgracia una “prueba de amor verdadero”.  

El peor error que cometemos en el camino hacia el perdón es negarnos a pensar en cómo fuimos lastimados fingiendo, en cambio, que nada pasó. Esto nos hiere aún más, ya que nos impide ser honestos acerca de lo que sentimos, lo que realmente pensamos de nuestra pareja y lo que somos capaces de tolerar.    

Nadie debería obligarse a perdonar algo que, en el fondo, siente que es imperdonable. El orden adecuado sería preguntarnos primero, con total sinceridad, si somos capaces de volver a confiar en alguien que nos hirió sabiendo que nuestro amor nos hacía más vulnerables, y no imponernos de manera automática un plan metódico para hacerlo. Sin embargo, el deseo de “no perder” al ser amado nos empuja a veces a faltar a nuestro sistema de valores, en los peores casos: al punto de olvidarnos de nuestra dignidad.  

Tres aspectos que deberías tomar en cuenta antes de dar una segunda oportunidad

Es importante asumir que el arrepentimiento franco y una disculpa con la mano en el corazón no son suficientes. Los atentados contra el amor destruyen la confianza que, en ocasiones, ha tomado años edificar, y esto supone que el perdón no solo necesita, sino que también merece gozar de seguridad y garantías de transparencia.

Para definir esto, existen tres aspectos que toda persona debería considerar antes de tomar la decisión de dar a su pareja una segunda oportunidad:

  1. Si ha habido un evento similar o idéntico en el pasado, en cuyo caso se trata de una conducta repetitiva y difícilmente pueden elaborarse pronósticos positivos.
  2. Si existen agentes detonantes (situaciones o hábitos) que sirvan de base para entender lo sucedido y, al mismo tiempo, arrojen luces sobre la posibilidad de que el evento vuelva a darse.
  3. Evaluar el grado de arrepentimiento de la pareja, qué tanto asume su responsabilidad y qué tan dispuesta y comprometida está a remediar su conducta.  

Para la psicoterapeuta Abby Rodman, es importante ser conscientes de que la relación que existía en el pasado no podrá recuperarse, sino que inevitablemente deberá construirse una nueva. Esto no solo implica que el miembro de la pareja que fue infiel o cometió abuso deberá modificar su comportamiento: quien decidió perdonar tampoco volverá a ser el mismo.

El cambio es, en este caso, el precio por el dolor y la experiencia.

Por: Editorial Phrònesis
Para: 
elartedesabervivir.com
 


Referencias:
The five questions that tell you if it’s worth forgiving a cheater. (2014). Mail Online. Disponible en http://www.dailymail.co.uk/femail/article-2567681/The-five-questions-tell-worth-forgiving-cheating-partner-five-step-recovery-plan-answer-yes.html
The Honest Truth About Moving On After An Affair. (2016). The Huffington Post. Disponible en http://www.huffingtonpost.com/abby-rodman-licsw/9-non-negotiables-youll-n_b_5928442.html

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