fbpx
Inicio ColumnasMente sana, vida sana Acercarte a los demás: conexiones para preservar tu salud mental

Acercarte a los demás: conexiones para preservar tu salud mental

Por Dra. Iris Luna
Acercarte a los demás: conexiones para preservar tu salud mental

Para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia”, Octavio Paz.

¿Te conectas de manera efectiva con las personas que tienes a tu alrededor? ¿Cómo te sentirías si tu médico habla contigo, mientras revisa su ordenador, y no establecen contacto visual? Incómodo, ¿no es cierto?

Mirar al dependiente del supermercado a los ojos cuando te entrega los recibos de pago, guiar a una persona que se encuentra desorientada a su destino. Ayudarle a alguien a cargar un paquete, ceder el asiento a una persona que tiene algún impedimento físico e, interesarse de manera auténtica por el sufrimiento de una persona que se ve agobiada  son todas ellas actividades que tienen en común conectarse con los demás de manera efectiva y empática. Tal conexión social (tener en cuenta a los demás, estar atento a lo que ocurre a nuestro alrededor) podría convertirse en un factor protector para nuestra salud física y mental.

Las investigaciones han señalado que este tipo de conexiones cotidianas no solo pueden ejercer un efecto benéfico en nuestras emociones, sino que también nos pueden ayudar a reducir la presión arterial y hasta mejorar nuestra respuesta inmunológica.  Biológicamente, establecer vínculos con quienes nos rodean puede además tener un efecto amortiguador sobre el estrés cotidiano. Ya es ampliamente conocido que aquellos que establecen buenas conexiones sociales presentan menos posibilidades de aislamiento y marginación, son más eficientes a la hora de manejar los diversos desafíos que impone la vida y de consultar a los profesionales en salud para obtener cuidados preventivos, consejería psicológica y tratamientos médicos de manera oportuna y adecuada.

Por el contrario, las personas que no establecen estos enlaces suelen reportar más estados de desolación, depresión, tener unos hábitos de alimentación inapropiados, patrones de sueño más deficientes y hacen menos ejercicio físico, lo que muchas veces se asocia a la aparición de enfermedades crónicas e incapacitantes. Y es que el hecho de tener personas alrededor no significa necesariamente estar conectados. Muchos se sienten solos en medio de muchas personas. De manera similar, algunos disfrutan estar solos cuando lo desean, sin sentirse para nada desamparados. Y es que sentirse solos y estar solos son cosas diferentes.

Realmente todos tenemos momentos de soledad. Hablar de soledad es referirse a un estado más físico que sentimental o emocional. Cuando disfrutamos la soledad, estamos en compañía de nosotros mismos, divagamos con la imaginación, disfrutamos el silencio o los sonidos que nos llegan, recordamos momentos vividos o proyectamos nuestro futuro. La soledad puede ser una experiencia enriquecedora, nos facilita conocernos un poco más y aguijonear nuestra vida interior. Pensemos en cuando meditamos, cuando conducimos el auto de regreso a casa, cuando nadamos, o cuando sencillamente disfrutamos de nuestras ocurrencias y nos reímos solos.  

Pero hay oportunidades en que nuestra soledad no logra conectarse adecuadamente con nuestro interior y se convierte en un espacio yermo e infecundo. Nos sentimos desolados cuando desaparecen esos diálogos interiores que nos lleven a la reflexión, planeación, regocijo, gratitud o el crecimiento como personas. Si no somos capaces de relacionarnos de manera sana con nuestro interior (ideas, recuerdos, pérdidas, emociones), si las personas que amamos o son significativas nos han abandonado, o cuando, por el motivo que sea, hemos renunciado de manera voluntaria a quienes pueden aportarnos esos valiosos elementos para sentirnos “parte de algo”; es muy probable que experimentemos una sensación de hundimiento, vacío y desconsuelo profundo que puede traer serias consecuencias para nuestra vida.

Recordemos que sentirnos solos no equivale a estar solos. De ahí que, cuando un familiar o amigo se comienza a aislar de los demás, o presenta excusas para no interactuar con sus allegados y amigos,  hay que tener en cuenta que la presencia de algunos trastornos mentales y del comportamiento puede asociarse al sentimiento de desolación. Son ejemplos: el episodio depresivo mayor, la fase depresiva del trastorno bipolar, la ansiedad social, el trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno limítrofe de la personalidad, la esquizofrenia, el consumo de alcohol o sustancias, los trastornos relacionados con traumas o factores de estrés, las respuestas a una pérdida significativa (por ejemplo, duelo, ruina económica, catástrofes naturales, enfermedad física o accidente con incapacidad grave), el bullying y el acoso laboral, entre otros. El aislamiento, la indiferencia por parte de las personas allegadas y el rechazo social empeoran la situación de estas personas y pueden llevarlas a sumirse en un profundo abismo emocional, e incluso predisponer a los intentos de suicidio. Por eso es tan importante estar siempre atentos a este tipo de situaciones: aquí una observación atenta, una intervención empática, un adecuado acompañamiento, la escucha respetuosa y una mano tendida a colaborar, son indispensables y muchas veces salvadoras.

Estar conectados con nosotros mismos y con los demás nos aleja de la indiferencia, el egocentrismo, la superficialidad, la cobardía y la inatención. Ponernos en el lugar de los demás, ser compasivos, gentiles y solidarios tiene muchas ventajas para todos.

 En esta oportunidad te quiero presentar cinco formas en que podemos comenzar a crear buenas conexiones sociales en nuestra vida:

  1. Únete a un club o toma una clase.  Podrías escoger una que se centre en un pasatiempo, deporte, música, manualidad, actividad cultural (cine club, o club de lectura, grupo de poesía o de fotografía) que disfrutes. Automáticamente tendrás algo en común con otras personas allí en virtud al interés compartido. Conocí a un paciente que por nada del mundo dejaba de ir a jugar cartas con un grupo de amigos, y siempre comentaba que era la actividad más esperada de la semana.
  2. Únete a un lugar de culto. Compartir tu espiritualidad con otros puede llegar a ser muy unificador y fortalecedor.  Los lugares de culto suelen brindar muchos servicios, consejerías y tienen, por lo general, lazos fuertes con las comunidades, de forma que puedes conocer a otras personas y hacer nuevos amigos en su comunidad a través de personas que tienen tus mismas inquietudes espirituales.
  3. Ofrécete como voluntario. Podrías leer a los ciegos, ayudar en un lugar de acogida para ancianos, colaborar en un hospital, visitar a los enfermos, etc. Además de contactar con nuevas personas esa sensación de ayudar a otros de manera altruista y desinteresada puede incrementar tu autoconfianza, autoeficacia, autoestima y ponerte de excelente humor —y, ¡podría ayudarte temporalmente a olvidar tu propio estrés! Muchas personas que se ofrecen de voluntarios, aprenden a sentirse agradecidos de la vida que tienen y de la posibilidad que la misma les brinda para prestar un servicio.
  4. Encuentra antiguas amistades que sean buenas para ti. Reestablece vínculos con personas que te son afines, y que, por motivos de distancia, no has podido frecuentar a través de las redes sociales. Recuerda que los mejores amigos son los que se sienten felices cuando tú lo estás, son leales en todo momento, están atentos a tus necesidades (sin preguntarles) y saben brindarte el apoyo que necesitas, sin emplear largas reprimendas o criticas destructivas. La amistad debe ser mutua, estable y de buena calidad. Herramientas como Facebook, Twitter, Instagram, LinkedIn, etc., pueden ser una excelente manera de reencontrase con amigos de secundaria, universidad o, vecindario. Incluso si no los ve con mucha frecuencia, descubrir que aún tienes mucho en común años más tarde puede ser enriquecedor y convertirse en una mina de buenas posibilidades para explorar en compañía.
    Pero, como dije en mi anterior artículo, no uses estas herramientas para equipararte, generar envidias o alimentar rivalidades en tu interior. Dirígete a tus amigos e interactúa con ellos de manera efectiva. No te limites a los me gusta o a las caritas felices (emoticones). No te sientas intimidado por quienes usan sus redes sociales para presumir y resiste la tentación de caer en el juego de la envidia y la rivalidad.
  5. No esperes a que los demás te contacten, búscalos.  Te propongo que tengas una “agenda de amigos”. Llama a un amigo o familiar cada una o dos semanas para reunirse a comer, ir al cine, hacer deporte o ir a caminar. Yo suelo tomarme unas horas de la tarde de los jueves, y a ese espacio le llamo tarde de amigos.  Si te encuentras de casualidad con un viejo amigo en la calle evita decirle: “Tenemos que ir a comer”, sin concretar nada. Mejor dile: “Me encantaría ir a comer contigo,. ¿podríamos intercambiar números de teléfono para que fijemos un lugar y fecha?” y haz el seguimiento con el arreglo de planes específicos.

Para muchos puede ser complejo forjar nuevas relaciones sociales y reestablecer las viejas. Pero recuerda que las amistades se construyen y mantienen en el tiempo, y no podemos pensar que los amigos están solo para prestarnos un servicio determinado.  Si tienes dificultades para conservar tus conexiones con los demás, podrías beneficiarte mucho de hablar con un terapeuta y descubrir qué cosa obstaculiza que hagas nuevos amigos. Recuerda que hay entrenamiento en habilidades sociales y asertividad que te serán muy útiles al tratar con los demás. Ya sea que vivas en la gran ciudad, rodeado de mucha gente o en un pequeño pueblo, hacer nuevos amigos es un interesante y emocionante desafío. No te excuses en la falta de tiempo, en las distancias y en las ocupaciones. Siempre hay unos minutos en el día para dar un saludo lleno de ánimo y calidez.  Con un pequeño esfuerzo, puedes ampliar tu círculo social e incrementar tu red de amistades.

La investigación sobre los determinantes sociales de la salud sugiere que las redes interpersonales desempeñan un papel fundamental en la facilitación del bienestar mental y físico individual. Los estudios previos también indican que los factores ecológicos o contextuales contribuyen a los resultados de salud positivos. Así que no esperes más, mucha gente está esperando por ti.

Por: Dra. Iris Luna
Médico Psiquiatra – Máster en Nutrición
Especialista en Sobrepeso y Obesidad
https://www.facebook.com/iris.luna.oficial
Contacto:  iluna@phronesisvirtual.com

Lecturas recomendadas:

School context, friendship ties and adolescent mental health: A multilevel analysis of the Korean Youth Panel Survey (KYPS).Kim HH et al. Soc Sci Med. (2015)

Friends also matter: Examining friendship adjustment indices as moderators of anxious-withdrawal and trajectories of change in psychological maladjustment.

Markovic A, Bowker JC.Dev Psychol. 2017 Aug; 53(8):1462-1473. Epub 2017 May 22.

Loneliness in Early Adolescence: Friendship Quantity, Friendship Quality, and Dyadic Processes. J Clin Child Adolesc Psychol. 2017 Sep-Oct;46(5):709-720.

Related Articles

Deja un comentario