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A veces, recordar no duele, y soltar no cuesta

Por Phrònesis
A veces, recordar no duele, y soltar no cuesta
Redacción Editorial Phrònesis.

A menudo se dice que los grandes amores dejan huellas tan profundas en nosotros que una parte de ellos se inmortaliza, haciendo imposible que los olvidemos por completo.

Es cierto que las vivencias cargadas de un fuerte contenido emocional (como lo son el primer amor o el primer encuentro íntimo) suelen perdurar en nuestra memoria sin verse afectadas por el paso del tiempo o el arribo de nuevas personas a nuestra vida. Sin embargo, el cierre de ciclo que acompaña la culminación de todo vínculo sentimental — así el amor pronunciado haya sido honesto, mutuo y sincero — no siempre se da en igualdad de condiciones.

Mientras que muchos tardan años en curarse el alma y la fe tras la sepultura de un amor que se pensó infinito, hay quienes construyen en poco tiempo nuevas barcas, surcan en poco tiempo nuevos mares y conquistan tierras lejanas sin mirar atrás.

“Recordar es fácil para el que tiene memoria, pero olvidar es difícil para el que tiene corazón”, dice una frase del escritor Gabriel García Márquez. No obstante, la psicología nos permite saber hoy que algunos “corazones” plantan cara al sufrimiento y aceptan la pérdida mejor que otros, y que decidirnos a soltar mucho antes de ser soltados no significa que no hayamos amado lo suficiente a la persona de la que ahora nos despedimos, sino que existen maneras distintas de desamar tanto como las hay de amar.

“Para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo, y eso que me querés como yo no te quiero”

(Julio Cortázar)

Entendiendo cómo influye el apego en el desamor

El apego es el modo particular en que abordamos nuestras relaciones con otras personas. Es una tendencia que nos conduce a establecer relaciones emocionalmente sanas y equilibradas o, por el contrario, a entablar vínculos inestables corroídos por sentimientos tóxicos como la ansiedad, la desconfianza y la manipulación, hilos que poco a poco atan la cuerda que asfixia el amor.

El apego va estrechamente ligado a la manera en que nos hemos relacionado durante la infancia con nuestra madre, nuestro padre o la persona designada para hacerse cargo de nosotros. Según la Teoría del Apego del psiquiatra John Bowlby, crecer rodeados de amor y atenciones favorece que desarrollemos una personalidad segura donde somos capaces de reconocer nuestro Yo y reafirmarnos como seres individuales.

De este modo, el apego seguro se caracteriza por:

  • Una sensación de seguridad y conexión con nuestra pareja que no interviene en su libertad.
  • La capacidad de establecer relaciones honestas, abiertas y equitativas fundamentadas en el dar y recibir.
  • Una personalidad independiente, una piel bajo la cual nos sentimos libres de recorrer el mundo por cuenta propia.

La autonomía que sobresale del apego seguro influye en nuestros vínculos afectivos permitiéndonos establecer relaciones equilibradas donde el procedimiento de amar no se confunde con la pérdida de la identidad. A raíz de esto, las personas que han desarrollado este tipo de apego son menos propensas a sufrir el desconsuelo del desamor.

En cambio, cuando la madre, el padre o la figura del cuidador se ausenta por periodos de tiempo significativos dejando al niño a su suerte, o bien le somete a malos tratos o le niega el afecto, se desarrolla un tipo de apego desorganizado o con tendencia a la ansiedad, el cual se manifiestan en la adultez dando forma a una personalidad dependiente y necesitada de afecto que sufre mucho más al momento de hacer frente a una separación.

Algunas señales de que existe apego inseguro, ya sea desorganizado o por ansiedad, son:

  • Hambruna emocional (necesidad de recibir afecto) en lugar de disposición a forjar un vínculo equilibrado de amor recíproco.
  • Búsqueda constante de ser emocionalmente completados o rescatados.
  • Necesidad de sentirnos seguros o respaldados por nuestra pareja y, al mismo tiempo, tendencia a comportarnos de manera “conspirativa” para crear conflictos, sembrar distancia o anticiparnos a una posible separación.

Cuando, perdiéndote a ti, me pierdo a mí mismo

“El día que me digas  — Te Amo Menos — será el último día de mi amor, o el último de mi vida”

(Carta de Napoleón Bonaparte a Josephine de Beauharnais)

Según un estudio realizado por la Universidad de Pace, aquellos individuos que presentan un estilo de apego marcado por la ansiedad y el temor al rechazo son quienes experimentan los efectos más adversos de un rompimiento amoroso, ya que no solo sienten que han perdido física y emocionalmente a su pareja, también sienten que se han perdido a sí mismos.

Quienes aman a la sombra de un apego inseguro no sólo comprometen su tiempo, afecto y compañía, sino también su identidad. A diferencia de lo que ocurre cuando dos individuos conscientes de su autonomía deciden tomar caminos separados y poner término a una relación, las personas cuyo estilo de apego es desorganizado o ansioso sufren una especie de separación de sí mismos.  

Según la psicóloga Sarah Stanton, esto sucede porque — al no ser capaces de aislar el Yo individual del Nosotros relacionalnos enfrentamos a la urgente y confusa misión de “redefinir quiénes somos” cuando nuestra pareja deja de ser parte de nuestra vida. Qué sitios dejar de frecuentar, qué canciones dejar de escuchar, a qué amigos dejar de visitar, qué  actividades dejar de realizar o, incluso, qué ropa dejar de vestir.

La premisa del apego inseguro es: “Si te pierdo a ti, me pierdo a mí mismo. Si me abandonas, algo en mí me abandona. Si tú renuncias a mí, yo he de renunciarme también”.

El precio por el alquiler de nuestra identidad en el pleno de una relación amorosa será siempre el desfalco de nuestra esencia y la necesidad de volver a construir sobre un cenicero de ruinas: las del “Yo” que nos dejamos arrebatar.  

A pesar de esto, el psicólogo Dan Siegel hace énfasis en que el estilo de apego que desarrollamos durante la infancia no tiene que ser una condena vitalicia.

Siempre y cuando seamos conscientes de nuestros puntos débiles e identifiquemos nuestro tipo de apego, es posible sanar heridas emocionales del pasado mediante la aceptación de lo que sufrimos y el ejercicio de dar a este sufrimiento un propósito… una razón de ser que podamos transformar en aprendizajes rumbo al alcance de un horizonte cada día mejor.

Referencias:

“Dealing With Romantic Break-Up and Rejection: Understanding the Nature” by Boyan Robak and Paul Griffin. (2012). Digitalcommons.pace.edu. Disponible en http://digitalcommons.pace.edu/ugfacprojects/4/

When I Lose You, I Lose Part of Me, Too – | – Science of Relationships. (2016). Scienceofrelationships.com. Disponible en http://www.scienceofrelationships.com/home/2014/7/21/when-i-lose-you-i-lose-part-of-me-too.html

Why Do Break Ups Hurt Some People More than Others? (2016). PsychAlive. Disponible en http://www.psychalive.org/why-break-ups-hurt-some-people-more-than-others

Por: Editorial Phrònesis
Para: 
elartedesabervivir.com

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