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¿A quién le hago caso? Los desacuerdos entre los padres

Por Lic. Marcela Monte
¿A quién le hago caso? Los desacuerdos entre los padres

Las madres y los padres son ante todo personas, y como tales, tienen sus puntos de vista y opiniones individuales. Cuando surgen problemas, cada cual tiene ya un enfoque y una manera de encararlos, con base en las creencias que ha construido a lo largo de la vida con sus experiencias. En general, se sabe que cada ser humano tiende a repetir aquello que le dio un buen resultado y a buscar alternativas diferentes cuando fracasó al intentar resolver alguna situación. 

Ahora bien, los niños también son personas y tienen sus propias formas de resolver problemas cuando los tienen. 

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Voy a exponer una situación de consulta para graficar mejor:

Saúl es un niño de 3 años, convive con sus padres. Su mamá ha previsto que él esté acostado para dormir a las diez de la noche como máximo, como una manera de organizar la rutina familiar luego del baño y la cena, de modo de poder tener un momento a solas con su pareja al cierre del día, y el niño no quiere hacerlo. Saúl ha comenzado a ir al jardín este año, con lo cual, el hecho de levantarse más temprano, con un horario y una obligación para el día siguiente resulta una novedad para todo el grupo familiar. Su mamá es también quien lo levanta en las mañanas, y ya ha experimentado que todo se hace más difícil para ella cuando el niño descansa poco. Ha llegado a perder el control para sacarlo de la cama gritando y de mal modo. Ella está convencida de que el descanso es necesario para establecer rutinas, para mejorar el estado de ánimo, y para organizar los momentos de pareja además de los familiares.  Siente que todo esto es su responsabilidad, y se frustra cuando no puede hacerlo, alterando su humor porque cree que está haciendo mal su trabajo de madre y de esposa. “Es como que la familia se me va de las manos”, relata. Entretanto, el papá de Saúl llega de trabajar al anochecer, luego de ir al gimnasio y quiere compartir con su hijo, considera que es muy importante compartir con el niño y lo hace de la manera que él sabe: jugando en la consola, o viendo una serie o dibujos en el sillón. Cuando se van acercando las 10 de la noche, la mamá comienza a dar avisos de que se acerca la hora de ponerse pijama, cepillarse los dientes e ir a dormir. Papá no dice nada, Saúl tampoco. Ambos están en el sofá y el tiempo se alarga. Mamá reitera la orden, ahora más firmemente, y papá le responde que no sea tan estricta con el niño. Saúl los observa en este tenso intercambio. La madre no responde y sale de la sala ofuscada. Termina el programa. Son más de las diez. El papá le pide a Saúl que vaya a prepararse para acostarse. El niño expresa que no tiene ganas de dormir. Así sigue la secuencia hasta que cerca de las doce el niño finalmente se duerme. El papá va al cuarto matrimonial donde la mamá está ofendida. No le habla, no se hablan. Al día siguiente el papá sale al trabajo en su rutina habitual, antes de que sea la hora de levantar a Saúl. La mamá despierta luego al pequeño para ir al jardín. La situación se vuelve muy trabajosa y ella se sale de las casillas. Está furiosa por tener que lidiar con esa situación y en su interior recita aturdida toda la secuencia de causas de esta situación, que vive como un boicot de su pareja hacia ella, considerando que está desacreditando su rol materno como autoridad delante del niño. 

Muchos padres quisieran que a la hora de nacer sus hijos se les entregará con ellos un ‘manual de instrucciones’ conoce aquí la guía practica de la Lic. Marcela Monte

En psicología, desde el enfoque de la terapia breve estratégica, se considera que las creencias acerca de los problemas son una especie de teoría que tienen las personas, donde consideran la causa o el origen del problema, hasta dónde puede producir daño, y sus consecuencias futuras. Como el relato de esta consulta nos expone, cuando estas teorías de cada uno de los padres son incompatibles, y no se conversan para llegar a acuerdos explícitos relativos a la crianza, se genera un gran malestar en toda la familia, con un resultado que en este caso no es el deseado por ninguno de los tres: una mamá frustrada, un papá excluido del rol, un hijo que se siente inseguro y descuidado, pues no comprende qué es lo correcto y lo incorrecto en relación a su hora de dormir. Los tres están en una situación de violencia que los atraviesa. 

¿Será que es importante hablar de nuestras teorías y creencias en relación a la crianza, sabiendo que podrían desorientar y desorganizar psicológicamente a los hijos, además del malestar que provocan en la familia?  

Amerita pensarlo… ¡Y con gusto leo tu respuesta en los comentarios!

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