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5 lecciones de vida para recordar en momentos difíciles

Por Phrònesis
Lecciones para recordar momentos dificiles

Cuando nada parece salirnos bien y tenemos la impresión de que la vida nos aborda con una mueca de antipatía, mantener el buen ánimo y creer que las cosas mejorarán no es nada sencillo. Con frecuencia, es mucho más fácil hundirnos en el pesimismo y la victimización que abordar los problemas con buena cara; recordar, en momentos como este, que no todo pinta desafortunado y que aún hay muchas cosas por las que deberíamos sentirnos dichosos cada día es esencial para no vernos sepultados por las dificultades y mantener una actitud optimista de cara al nuevo sol.

Lee los siguientes recordatorios con atención, procura mantenerlos a mano o grábalos en tu memoria y repítelos cada vez que sientas que las adversidades amenazan con extinguir tu fuego interior. Recuerda, Buda lo dijo: “Nada pueda hacerte más daño que tus pensamientos”. Conquista la tempestad que hay dentro de ti y nada en el exterior podrá apagar tu espíritu.

1. Todo cambia, nada permanece igual

Si la vida te sonríe, muéstrate agradecido y disfruta cada instante, porque no durará eternamente. Si las cosas van mal y la desesperación se apodera de ti, haz una pausa y observa a tu alrededor, notarás que muchas cosas eran distintas antes y sabrás que tu mala racha tampoco durará eternamente.

La naturaleza de la vida es cambiante. ¿O acaso los árboles y las plantas no mudan sus hojas y las orugas jamás se convierten en mariposas?

Todo puede pasar, y esta es una verdad maravillosa.  Si consigues entender que los altibajos de la vida representan la danza natural de la existencia, aprenderás a bailar con gracia incluso cuando la música no sea de tu agrado, porque recordarás que tarde o temprano el ritmo cambiará y será el momento de demostrar tus mejores pasos.

2. Concéntrate en lo miserable y serás miserable. Enfócate en lo bueno que aún queda y abrirás la puerta a la bondad

Aquello en lo que decides depositar tu atención se convierte en tu realidad. La joven Anna Frank lo dejó plasmado en sus memorias como una lección de grandeza y rebelión pacífica ante las injusticias: “No veo la miseria que hay, sino la belleza que aún queda”. Porque hundirse en la noche no hace más que oscurecer las sombras, pero dirigir la vista al cielo es un recordatorio de que hay obsequios de la vida que sólo pueden apreciarse en la oscuridad.

En los peores momentos es cuando afloran los verdaderos amigos, los amores sinceros, las voluntades desinteresadas y nuestra mayor fortaleza.

3. El dolor es buen maestro para quien desea aprender

Un proverbio japonés dice: “La medicina más amarga para la boca es también la mejor medicina”. En cuanto a esto, el dolor que emana de las heridas más profundas es el remedio perfecto para prevenir futuros males, es la voz de alerta para ser más prudente en determinadas circunstancias y evitar agravios al corazón.

Desde luego, la enseñanza sólo permanece para quien está dispuesto a aceptar con humildad los errores propios y ajenos, y perdonarse a sí mismo y a los demás.

4. Una desilusión amarga será siempre mejor que un engaño dulce

“De no haber sido esto, habría sido otra cosa”, dicen algunas personas cuando un descubrimiento desagradable los sorprende. Y es que nadie acostumbra estar preparado para las malas noticias, sin embargo, afrontar los peores imprevistos con la sabiduría de que todo rato mal pasado deja una enseñanza valiosa, sin duda alivia las penas.

Toda desilusión — así envuelva un corazón roto — es un despertar necesario a la verdad. Una traición o decepción trae consigo la posibilidad de definir qué tanto hay de cierto y real en nuestra vida y qué aspectos eran, en cambio, tierras movedizas donde ya no volver a reposar nuestra confianza.  

5. Deja ir lo que te lastima y sostén lo que te hace fuerte

El dolor es una experiencia que puede contribuir a nuestro crecimiento personal y hacernos más resistentes ante los embates de la vida. No obstante, aferrarse al dolor, rememorarlo una y otra vez, es pernicioso y genera el efecto contrario: debilitarnos, hacer de nosotros personas desconfiadas, resentidas, con complejo de víctimas.

Vive tu dolor, experimenta rabia, coraje, indignación… Pero no hagas de estas emociones negativas la salida final a la situación que estás viviendo. Suelta, así sea lentamente, todo lo que esclavice tu espíritu y te cause inquietud, y quédate en cambio con lo positivo, lo que vale la pena ser recordado por la eternidad.  

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