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4 prácticas cotidianas para fortalecer la inteligencia emocional

Por Phrònesis
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Imagina ser capaz de gestionar asertivamente tus emociones sin importar las circunstancias: si te sintieras enojado, poder calmarte; si te sintieras nervioso, poder relajarte; o si estás deprimido, poder alegrarte.

Fortalecer nuestra inteligencia emocional (IE) para disfrutar de una vida en equilibrio es posible; en este artículo, te contamos cuatro prácticas sencillas que pueden ayudarte a desarrollar tu IE, de este modo evitarás que las emociones negativas te dañen a ti o a quienes te rodean. 

Eso sí: recuerda que una inteligencia emocional robusta no significa que no tengas derecho a enojarte, sentirte decepcionado o herido ante la conducta de alguien más. En cambio, cuando hablamos de fortalecer tu inteligencia emocional nos referimos a adquirir técnicas que te permitirán hallar salidas constructivas para lo que estás sintiendo, y evitar así que la ira o la tristeza se apoderen de tu vida.

1. Lleva un diario de tus emociones

Escribir en un diario cómo nos sentimos y qué tipo de emociones hemos experimentado durante el día puede reducir la actividad de la amígdala (región cerebral responsable de la intensidad emocional), de acuerdo con un estudio publicado en 2007 por la Universidad de California (UCLA). 

Solo te tomará unos minutos y puedes hacerlo antes de ir a dormir para contribuir a un mejor descanso. Si, por ejemplo, te has sentido muy estresado, anótalo. Luego, puedes hacer un repaso de cómo ha sido tu semana y compararlo con la anterior. Además, es importante que anotes estrategias que puedan ayudarte a sentir mejor y así evitar el exceso de emociones negativas.

Consejo: Escribir a mano te permitirá reconocer y regular cada sentimiento a medida que lo vas leyendo y redactando.

2. Gestiona tu lenguaje corporal

Si te cuesta identificar tus emociones, tu lenguaje corporal te dará muchas pistas de lo que está ocurriendo en tu interior. Por ejemplo, hay gente que al inicio de un enfado se cruza de brazos porque empieza a sentirse agredido. Si relacionamos este tipo de cambios en el lenguaje corporal con tus emociones serás capaz de detectarlas mucho antes.

Además, la forma en la que nos comportamos y nos expresamos a nivel físico repercute en cómo nos sentimos. Aprende a reflejar con tu cuerpo cómo quieres sentirte mentalmente, ya que existe una retroalimentación constante entre nuestros estados emocionales y expresiones faciales o corporales.

Consejo: Cuando te sorprendas actuando de una forma inesperada o descontrolada, detente un segundo y reflexiona sobre cuáles son las emociones que te mueven e intenta entender si te están ayudando a actuar correctamente.

3. Evita los juicios internos

Aprender a identificar cómo nos sentimos es algo que puede ayudarnos a comprendernos, pero juzgar nuestros estados emocionales como buenos o malos pueden llevarnos a sufrir de forma innecesaria.

Consejo: Recuerda que las emociones cumplen una serie de funciones y no son positivas ni negativas por sí mismas. Debes entenderlas y obtener toda la información posible para enfrentarte al reto del que te están alertando.

4. Conviértelo todo en acciones

Plantea tus objetivos y comienza a crear planes de acción, puedes descomponer tus proyectos en pequeñas acciones y llevar un registro escrito de lo que has logrado y lo que te falta por completar. Céntrate en una única cosa y conviértela en algo práctico para saber exactamente qué hacer y cuándo.

Repitiendo la nueva conducta, tu plasticidad neuronal modificará conexiones para crear la vía neuronal del nuevo hábito hasta que se convierta en algo automático.

Consejo: Otra forma de reforzar un hábito es la visualización. Imaginarte a ti mismo haciéndolo activa el mismo circuito neuronal que la actividad real, lo cual es una forma elegante y eficaz de engañar a nuestro cerebro. 

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